El reto de hacer un equipo convencido

Ahora se dio por los casos de Tevez y Gago, pero desde hace años que entre el club de la Ribera y la AFA se
Andrés Prestileo
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16 de noviembre de 2015  

Mucha agresividad en el aire, mucha gente estresada. De las opciones para interpretar lo que pasa, en cualquier orden, casi siempre se impone la explicación más corrosiva o la que deje más heridos. La moderación aburre y es despreciada. El personaje público, y por lo tanto expuesto continuamente a la mirada general, termina siendo objeto de la exageración, el morbo o la condena sumaria. Es cierto que se parte muchas veces de argumentos evidentes o claramente válidos, pero también que muy a menudo acaban deformados por la impaciencia.

Los escasos dos puntos que recogió hasta acá la selección son una mala señal, no hay cómo rebatirlo. Sobre todo para un equipo que, desde que rige un sistema de eliminatorias que beneficia a los mejores, muy pocas veces pasó sofocones. Pero se jugaron tres partidos de los dieciocho del total; apenas transcurrió el 16 y medio por ciento del recorrido. Quiere decir que, desde ese punto de vista, todavía parece apurado el alarmismo.

¿Qué se le objeta a Martino? No es fácil de explicar siempre que para hacerlo se intente desprenderse de la lógica superficial de los resultados. Un problema, atendiendo los antecedentes, sería que el propio entrenador se vuelva muy permeable a esa atmósfera tan exigente y a menudo destructiva. Ya le ocurrió en Barcelona, donde lo dominaba una propensión excesiva a culparse por casi todo. Los equipos, hoy sensibles a todo lo que los rodea, registran el estado de ánimo del conductor. En el peor de los casos, lo reproducen en el funcionamiento.

No siempre ocurre, pero en general los equipos que terminan siendo exitosos son los más convencidos de una idea, de un rumbo. Quizás en eso consista el principal trabajo de un director técnico. Claro que la historia del fútbol está llena de ejemplos de equipos también convencidos y exitosos a partir de un apego a modelos utilitarios, que más que enaltecer el fútbol se valen de él. Cuando eso obedece a la falta de recursos no hay mucho para criticar; cuando el material de alta calidad abunda, como el caso del que dispone el Tata, pedir algo más es natural y lógico.

En este sentido las generalidades no son suficientes. De Martino conocemos muy bien sus enunciados generales sobre una actitud ambiciosa, o la idea de que un seleccionado como el nuestro no puede atenerse exclusivamente a un concepto eficientista. Cuando esos postulados tan generales se traducen en instrucciones individuales y grupales concretas, el resultado suele ser un equipo con identidad, poco propenso al bache o a la desorientación. Los últimos síntomas de este seleccionado, especialmente después de la traumática Copa América, parecen decir que allí, en la bajada fina de línea, hay un problema. Aún corregible, especialmente, por tiempo y porque los recursos son de lo mejor.

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