El rey ha muerto

Tan genial como polémico, Robert Fischer cambió la historia del juego; maniático y perfeccionista, el norteamericano falleció a los 64 años, tras una vida tumultuosa
Tan genial como polémico, Robert Fischer cambió la historia del juego; maniático y perfeccionista, el norteamericano falleció a los 64 años, tras una vida tumultuosa
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19 de enero de 2008  

El norteamericano Robert James Fischer, ex campeón mundial de ajedrez, falleció anteayer en Reykjavik, a los 64 años, como consecuencia de una insuficiencia renal. Desde 2005 vivía en Islandia y poseía la ciudadanía de ese país, donde conquistó el título mundial en su recordado match ante el ruso Boris Spassky, en 1972.

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Bobby Fischer aprendió a mirar la vida desde la perspectiva que encierra el juego de ajedrez; se volvió maniático y perfeccionista. Alimentó su autoestima. Eligió vivir en soledad. Puso toda su líbido en descifrar los infinitos secretos del juego y relegó los sueños de infancia y juventud.

Personaje introvertido, genial, solitario y enfermo, tuvo una vida tumultuosa. Curiosamente como una celada del destino, acaso, vivió hasta los 64 años, el mismo número de los escaques que componen un tablero de ajedrez.

Había nacido el 9 de marzo de 1943 en el hospital Michael Reese, a orillas del lago Michigan, en Chicago, en el seno de una familia de madre paranoica, hermana ausente y padre desconocido. Creció entre orfandades en el menesteroso mundo de Brooklyn, a donde llegó en compañía de su mamá Regina y su hermana Joana, cuando el pequeño Bobby tenía sólo 6 años. Aprendió a recorrer las plazas neyorquina sin el calor de una mano; Bobby creció escuchando que su padre Gerhard Fischer, un espía del KGB, lo había abandonado antes del segundo año de vida.

Tal vez por ello, cuando sentado frente al tablero su juego se volvió férreo y agresivo, repetía: “Los niños que se crían solos son como lobos salvajes”.

Sólo en plena senectud, Robert James Fischer encontró la respuesta a tantos traumas que marcaron su niñez. Tras la desclasificación de los archivos secretos de la CIA, en 1999, Bobby descubrió que su verdadero padre biológico había sido el científico húngaro Paul Nemenyi, experto en física atómica y colaborador de la construcción de la bomba nuclear, que falleció cuando Bobby tenía 9 años.

Fue en 1951 cuando Fischer comenzó a pulir sus rudimentos en el juego en el Club de Ajedrez de Brooklyn. Su presidente, Carmine Nigro, lo eligió como su discípulo preferido. Cuatro años después Bobby llevó sus enseñanzas a los salones del histórico Chess Manhattan Club, donde logró una brillante victoria ante el mejor jugador norteamericano del momento, Samuel Reshevsky, en una exhibición simultánea que el experimentado maestro dio con sus ojos vendados.

Sin embargo, el primer gran éxito de Fischer con los trebejos se produjo en 1956. A los 13 años se convirtió en el jugador más joven en conquistar el Campeonato Juvenil de los Estados Unidos. Ese año, el joven díscolo y con gran capacidad de ensimismamiento efectuó su primera jugada para la memoria. En el torneo de Nueva York batió a un gran maestro (Donald Byrne). El juego recibió el premio a la brillantez y fue elogiado por los colegas: la bautizaron la partida del siglo. “Algo saldrá de un niño que hace tales jugadas”, tituló al día siguiente un periódico de Nueva York.

A los 14, sin más sostén que apenas un puñado de dólares que cosechaba con sus victorias de partidas ping-pong (ajedrez rápido) que disputaba en la plaza Washington ante ocasionales rivales, Bobby Fischer confundió deseo con deserción y abandonó la escuela. Huyó como el verde en otoño de las aulas del Erasmus Hall.

Fue en 1958 el año del despegue de la carrera ajedrecística de Bobby Fischer: ganó el primero de sus ocho campeonatos superiores de América del Norte, se consagró en el gran maestro más joven de la historia del ajedrez y participó de un torneo Interzonal (Portoroz) en la búsqueda del título mundial. En ese certamen, el gran maestro argentino Héctor Rossetto quedó asombrado por la técnica de juego de ese chico de jeans, camisas floreadas y zapatillas. “¿Alguna vez ustedes vieron algo igual”?, le preguntó a un grupo de colegas. Los rostros de Tal, Averbach y Petrosian no salían de su asombro.

Pese al traspié, Fischer siguió con su avance y también con sus conflictos. Cada vez exigía mejores condiciones para jugar los torneos. Al principio, algunos maestros se enfadaron con sus modales, pero más tarde comprendieron que las demandas de Bobby los beneficiaban a todos. Fischer había comprendido que no tenía muchas chances más de alcanzar su objetivo de vencer a los soviéticos en el reinado del ajedrez, que ostentaban ininterrumpidamente desde 1948, si no volvía a las competencias.

Por eso en 1970, a los 27 años, Fischer aceptó la invitación de Pal Benko y participó del torneo Interzonal de Palma de Mallorca; su juego rozó la perfección, sumó siete victorias consecutivas ante grandes maestros. Más tarde, en octavos y cuarto de final, batió al ruso Taimanov y al danés Larsen, 6 a 0 a cada uno, respectivamente.

Llegó a Buenos Aires en 1971 para jugar la semifinal con el armenio Tigran Petrosian. El fenómeno Fischer contagió a los argentinos; se agotaron los juegos y libros de ajedrez de las principales librerías de la avenida Corrientes. Le bastaron sólo nueve partidas a Fischer para batir a Petrosian; se impuso 6,5 a 2,5.

El ruso Boris Spassky era la última valla para apoderarse de aquel cetro que los soviéticos cuidaban con gran recelo. El duelo en Islandia tuvo una fuerte carga política. Fue necesaria la participación de Henry Kissinger y el presidente Nixon para persuadir a Fischer en su lucha contra los soviéticos. Después de 21 juegos Bobby Fischer, a los 29, se consagraba campeón mundial de ajedrez.

Sin objetivos ni ambiciones se retiró del mundo de torres homéricas y peones ladinos. Cuando le arrebataron el título por incomparecencia se recluyó en soledad en Pasadena. Le entregó su dinero a la Iglesia Mundial de Dios y vivió en la pobreza. En 1981 fue arrestado al ser confundido con un ladrón de bancos en la citada ciudad norteamericana.

En 1992 desafió al gobierno norteamericano y disputó un match revancha con Spassky en la ex Yugoslavia. Cobró casi tres millones de dólares por esa victoria y fue perseguido por la Interpol durante casi 12 años. Como prófugo, visitó la Argentina, Alemania y Hungría.

Fue padre; tuvo una hija fruto de una relación fugaz con una filipina, de 22 años. Fischer comenzó a hablar para el olvido. Atacó a los negros, judíos y a su propio país, que lo había erigido en ídolo. Lo arrestaron en Japón, en 2004 y un año después el gobierno islandés salió en su defensa; le dieron un pasaporte y le evitaron la extradición a los Estados Unidos donde lo aguradaba la cárcel.

En Islandia llevó una vida sedentaria; habló poco y comió mucho. A los 64 años, como si sobre aquel tablero imaginario ya no quedaran más casillas para él, se apagó su vida. Murió el rey, la leyenda continúa.

  • La noticia reflejada en los Estados Unidos

    ”El ajedrez llora a uno de sus reyes”, dijo el Canal ESPN de los Estados Unidos en su página web. También se hicieron eco del deceso del ex campeón mundial Sport Illustrated y la cadena televisiva CNN, que ofrecieron imágenes de los últimos años de Bobby Fischer.
  • Preparan un homenaje en Villa Martelli

    El Círculo de Ajedrez de Villa Martelli anunció que, a partir del 9 de marzo próximo, fecha coincidente con el nacimiento de Bobby Fischer, organizará un torneo magistral en homenaje al genial y controvertido ex campeón mundial, fallecido en Reykjavik.
  • 73 por ciento es la efectividad lograda por Bobby Fischer en partidas oficiales desde el torneo del Brooklyn Chess Club, disputado en Nueva York, en 1955.

    El mundo recibe a un prodigio

    Robert James Fischer nació en Chicago, Illinois, el 9 de marzo de 1943; aprendió el ajedrez sin ayuda, leyendo el catálogo que venía con el juego que le regalaron.

    Su talento no tardó en explotar

    Desde chico complicó a los jugadores más experimentados. En 1958, con 15 años, se convirtió en el GM más joven del mundo.

    El título deseado llegó ante Spassky

    Tras imponerse a Petrosian en la final del candidatura, derrotó al entonces rey, Boris Spassky, por 12,5 a 8,5, en Reykjavic, y se acreditó la corona máxima.

    Un controvertido y rápido adiós al cetro

    Para la primera defensa, en 1975, Fischer puso condiciones que la FIDE no aceptó y lo despojó del título por incomparecencia. Karpov, nuevo campeón.

    Fin del ostracismo y nueva victoria

    Sin su corona, llevó una vida retirada. Apareció públicamente en 1992, cuando volvió a batir a Spassky en un match de exhibición. Cobró US$ 3.000.000.

    Problemas legales en 2004

    Con un pasaporte que había sido cancelado por el gobierno de los EE.UU., fue detenido en el aeropuerto de Narita, Japón. Intentaba viajar a Filipinas.

    La última movida de un jugador único

    En 2005, recuperó su libertad y se radicó en Islandia; allí cambió su ciudadanía por la de esa nación y se alejó definitivamente de cualquier acontecimiento público.

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