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El polo es un deporte que maneja menos estadísticas que otros. Pero, paulatinamente, están apareciendo números que ayudan en el análisis de un juego que es más complejo de lo que parece, especialmente por la logística que se mueve alrededor de los caballos. Y en los últimos años, la Asociación Argentina de Criadores de Caballos de Polo (AACCP) realiza un seguimiento de los tiempos que juega cada caballo, un dato significativo para la mejora del rendimiento del animal y del jugador.
Guillermo Buchanan, veterinario y gerente de la AACCP en conjunto con Marina Vela, es quien lleva adelante esta tarea. “Hace unos diez a doce años, se empezó a notar que los caballos no rendían al principio lo mismo que al final. Y, además, el cansancio aumenta el riesgo de las lesiones. Usando los caballos de a medio chukker se les puede sacar mejor rendimiento. Porque el caballo cansado, aunque sea bueno, pierde contra el caballo fresco, aunque sea de calidad inferior.”
Las planillas de los dos partidos jugados en la cancha 1 el pasado fin de semana dejan datos más que interesantes. Chapa Bárbaro, jugado por Bautista Heguy y criado por su hermano Horacio, jugó 12m47s con apariciones en dos parciales. Silvina Luna, de Sebastián Merlos, actuó 11m51s, también con presencia en dos chukkers. Fueron los caballos de más tiempo de galope en Chapa Uno y Pilará, respectivamente. “Hay veces que uno hace la estadística y aparecen datos que llaman la atención. Yeguas con mucho cartel que no juegan tanto, y otras sin renombre que rinden mucho. En este fin de semana, se destacaron el Bárbaro y Silvina Luna”, ratifica Buchanan.
Cada jugador tiene características especiales de uso de sus caballos. Adolfo Cambiaso suele cambiar hasta tres veces de caballos en un mismo chukker. La famosa Cuartetera apareció unos pocos minutos en el debut ante São José, marcó la diferencia y después descansó. Y otros caballos tienen una capacidad de juego excepcional. El mejor ejemplo es Toro, de Bartolomé Castagnola, ganador del premio al mejor caballo inscripto de Palermo en 2008. En esa final perdida ante Ellerstina, el jugador de La Dolfina utilizó 17m20s a su mejor montado.
“Antes el polo era más lineal. Se jugaba para adelante y para atrás. Hoy es más oval, se juega más para las tablas, es mucho en redondo. Los jugadores tratan de no perder la bocha y amagan mucho con los caballos. Y ese arrancar y parar, al caballo lo cansa más que una carrera. El desgaste es mayor”, apunta Buchanan.
Esta clase de estadística va ganando importancia entre los jugadores. Mariano Aguerre tiene una anécdota muy relacionada con el tema: en un partido de Pilará, se comentó por televisión que las yeguas que más habían jugado eran dos que Marcos Heguy le prestó a Tomás García del Río, las cuales habían estado en escena 6m25s. Pero Aguerre llamó y corrigió el dato: el back de Pilará había convertido un gol con Machitos Vodka, un caballo de su cría, a los 7m11s. “Es un caballo que juega Tomás desde el Jockey y justo estaba comentando la muy buena temporada que está teniendo y lo que aguantó en el chukker”, comentó Aguerre.
Luego, con su experiencia en la materia, Aguerre agregó: “Hay caballos que aguantan el chukker entero, pero lo que pueda dar en esos últimos dos minutos, lo pierde más adelante. Cuando un caballo pasa una barrera, le cuesta volver. Hay que tener mucho cuidado”.
Con 26 Abiertos de Palermo en su currículum, Eduardo Heguy es una de las personas más indicadas en el ambiente para hablar al respecto. Una de sus yeguas, Vasca Charlotte, tuvo la mayor aparición en la cancha 1 el primer fin de semana de juego, con 12m58s, y sin salir durante los 7m11s que duró el penúltimo parcial, una rareza en estos días. “Cuando empecé en 1985, no había ni caballos de espera en los rincones. Si cambiabas un caballo en la mitad del chukker era una falta de respeto al petisero. Era una forma más fácil de jugar, un polo más franco. Desde fines de los 90, fue cambiando”, dijo Eduardo Heguy. El back recuerda quien fue uno de los pioneros del sistema. “Milo fue uno de los primeros en cambiar. Paz, que era una yegua extraordinaria, la usaba un poquito en el primer chukker, agregaba minutos en el quinto y la ponía entero en el octavo. Le funcionaba bien, decía. Después el sistema se fue aceitando y hoy hasta el cambio de caballos en los costados se hace muy rápido para no perder tiempo, como si se tratase de una escudería de Fórmula 1 cuando se le cambia las gomas a un auto.”
Gonzalo Pieres (h.) forma parte de la nueva generación. Y así analiza el tema: “Depende del partido. Cuando voy a repetir, trato de no desgastarlos mucho en el primer chukker. Que no pase de los cuatro minutos de juego, aunque algunos caballos aguantan más. Con el reloj grande, en Palermo es más fácil estar atento al momento de cambiar”, comenta, mientras dice que Galera y Pepa son las que más tiempo corren en una cancha. Patricio Garrahan, manager de Ellerstina, acota: “A veces, los chicos piensan que una yegua jugó más de lo que realmente lo hizo. Eso sirve para el plano deportivo y las preparaciones. Y la medida del tiempo ayuda también a dar premios o menciones, hace todo más exacto y justo”.
Buchanan dice que además de la importancia del cambio en medio del chukker debe mirarse por dos lados: la cuida del que sale y las condiciones del que entra. “Ahí algunos equipos sacan diferencia, como lo hace Ellerstina con su lote B. Sus esperas son de gran calidad.” Unos años atrás, el gran Juan Carlos Harriott (h.) hablaba en la misma sintonía en la comparación calidad y cantidad: “Hoy día ves en Palermo algún equipo flojo, pero los ves muy bien montados. Hay más cantidad de caballos por equipo que antes no había. En ese sentido, en cantidad, se ha mejorado mucho”. Y en la cantidad dentro de la cantidad, en el equipo General Rodríguez se marca diferencia.
Para completar la estadística de los cuatro equipos principales del primer fin de semana, Aluz, de Eduardo Novillo Astrada, con 12m10s, fue la que más tiempo estuvo en la cancha en La Aguada. Son datos que renuevan el deporte. Porque para ganar hay que hacer más goles que el rival, pero, para eso, detrás del polista hay un gran equipo. Y muchos números.
Los equipos grandes elogian las condiciones de los conjuntos surgidos de la clasificación: São José y Alegría. Más allá de una diferencia en la calidad respecto de otros años, el gran salto lo dan las organizaciones: ambos presentan batalla con los caballos. En Alegría juega Mariano Aguerre, quien tres años atrás fue distinguido el jugador mejor montado de Palermo.
Bartolomé Castagnola habla de Toro, uno de los caballos con más resistencia: “Desde la doma ya me di cuenta de que era bueno. El domador, Bonilla, estaba trabajando con otro hijo de Sportivo, que mostraba condiciones, y se llama El Dormilón, e hicimos una apuesta para ver cuál iba a rendir más deportivamente. Es el día de hoy que le sigo recordando la apuesta. Cuando Bonilla me lo entregó, me pidió encarecidamente que lo cuidara, y al comenzar a hacerlo, mi piloto me dijo: “Lolo tenés el caballo ideal para vos”. Es de una contextura física muy fuerte, gran resistencia. ¡Parece el nadador Michael Pheps! Termina el chukker y se recupera antes que todos los demás”.
El próximo paso para medir rendimientos de los caballos es calcular su kilometraje por partido, como se hace con los futbolistas. “Habría que ponerle un sistema de seguimiento a cada caballo”, pensó Buchanan sobre lo que se viene. “Sería buenísimo saber la distancia que recorre cada caballo y la velocidad que tienen. Creo que en un futuro tendremos esos datos”, comentó Eduardo Heguy.


