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De los miles de personas que pasan día tras día por la estación Constitución y que viajan en sus trenes, pocos saben que bajo sus pies existe el túnel del boxeo. Y mucho menos se imaginan que a más cuatro metros de la superficie, donde la luz es sólo artificial, actualmente funciona el gimnasio Boxing Club Ferrobaires.
La imagen no es la de un gimnasio común y corriente. Las anchas vigas y su escasa ventilación lo muestran como un lugar poco recomendado para la actividad física.
Pero ésas no son simples vigas, ya que sirvieron como inspiración de este gimnasio. "El lugar era un basural. Cuando lo fuimos a limpiar para ver si se le podía dar utilidad, vimos que había cuatro vigas que formaban un cuadrilátero. Y en mi cabeza la primera imagen fue la de un ring. Se lo propuse a Alberto Trezza, mi superior; él dio el sí. Y por suerte pudimos concretar nuestro sueño", explicó el fundador del gimnasio, Ricardo Guardo, gerente del Area de Relaciones Institucionales y Empresariales de Uepfp, la empresa que se responsabiliza del funcionamiento del ramal que une Mar del Plata con Buenos Aires.
Este lugar, situado en unos viejos túneles que fueron construidos por los ingleses a fines del siglo pasado y que servían para trasportar la mercadería que llegaba desde el interior hasta el puerto, funciona sin descanso desde el 29 de marzo de 1994.
Hasta hace dos años, para llegar al gimnasio había que caminar indefectiblemente por uno de los túneles, respirar el pesado aire que allí flotaba y sentir la humedad, que penetraba hasta los huesos, a los pocos pasos de ingresar en aquel mundo subterráneo. Pero la historia cambió: ya no hay que pasar por túneles, ni sufrir la humedad. Ahora hay una escalera empinada de madera, sin barandas, que conduce al gimnasio.
"Esto no es el paraíso, pero no es muy difícil reconocer que estar aquí entrenándose es mucho mejor que estar vagando por las calles", comentó el fundador.
Y agregó: "Este gimnasio tiene una función social además de la deportiva: sacar a los chicos de las calles. Muchos de ellos se ganaban la vida abriendo puertas de taxis." Guardo, un viejo amante del boxeo y manager de algunos pugilistas, dejó en claro: "Acá nadie cobra un peso.Todos trabajan por amor a este deporte. Es más, ninguno de los que vienen a entrenarse pone un centavo. Pero ojo, yo no estoy solo en esto. A mí me acompañan los campeones argentinos y sudamericanos Ramón LaCruz y Eladio Centurión. Ambos manejan el gimnasio."
En medio de cuatro bolsas, una pera que pende de una soga y un pequeño espejo, sobresale la figura de un improvisado ring, en donde las cuerdas se aferran a las viejas vigas que unían el techo con el suelo. Allí Ramón La Cruz intenta enseñarles a dos de los tantos chicos que se acercan a diario. "Esto es para estar orgulloso. Aquí no sólo les damos algo mejor que la calle sino que más de un chico conoció el jabón cuando se bañó en nuestras duchas." Y agregó: "Acá todo se hace a pulmón. Es por eso que cuando se logra algo se disfruta el doble. Desde las pequeñas cosas, como los guantes, hasta las grandes, como nuestras duchas, nos costaron grandes dolores de cabeza. La única donación que recibimos fue la de Los Pericos, que nos trajeron una bolsa.Eso fue en agradecimiento a que les prestamos el gimnasio para hacer el videoclip "Sin cadenas", una canción dedicada al Karateca Medina."
Las paredes del gimnasio están vestidas por las imágenes de ex campeones mundiales. "En este lugar estuvieron en más de una ocasión Coggi, Castro, Vásquez, Salazar, Sicurella y varios boxeadores más que, cuando cierra en verano la Federación Argentina de Box, vienen a entrenarse aquí. Esto para los chicos que vienen de la calle y que casi no tienen expectativas es una bocanada de aire fresco", afirmó Guardo.
El orgullo del Boxing Club Ferrobaires es el campeón latino y sudamericano de los supergallos, el misionero Jorge Paredes. "Cuando llegó a trabajar acá, él no tenía un buen récord, pero poco a poco fue mejorando y logramos grandes cosas. Ahora es el ejemplo de los chicos que trabajan con nosotros", afirmó Centurión.
Por este gimnasio, desde su apertura, pasaron cientos de chicos que llegaron con los puños llenos de ilusiones. Pero pocos, muy pocos, tendrán la posibilidad de lograr alguna corona. Aunque, tal vez, de aquí la gran mayoría se lleve algo mejor: la vocación al trabajo y el reconocimiento al esfuerzo.



