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La cara de asombro se acentúa. Las manos se agitan y la voz demuestra rastros de emociones fuertes. El relato se hace intenso cuando Marcos Di Palma recuerda el recibimiento que su Arrecifes natal le brindó al nuevo ganador del Turismo Carretera: "Fue increíble. Yo viajé de La Plata a mi casa en el trailer junto con un amigo. El celular sonaba a cada rato y me preguntaban a qué hora llegaba, porque había gente que me esperaba. Cuando entré en la ciudad me quedé mudo. Había cuatro cuadras llenas de vecinos, que me agasajaron. Los bomberos me metieron en una autobomba y saludé desde ahí arriba. Fue emocionante".
Después de tantos tragos amargos, el menor de la dinastía Di Palma logró su primera victoria en la categoría más popular. Y la gente ya lo toma como un nuevo ídolo dentro del automovilismo argentino. "Yo trato de ser muy cauteloso con ese tema. El último gran ídolo es mi papá, Rubén Luis. También lo fueron los hermanos Emiliozzi, los Gálvez y Juan Manuel Fangio, el más grande de todos. Yo sólo soy un referente de Chevrolet, como hoy lo puede ser Guillermo Ortelli, o el mismo Emilio Satriano, un histórico", confiesa Marcos.
Más allá de la centrada observación, Marcos Di Palma provoca una euforia en las tribunas comparable sólo con la que genera Traverso cada vez que sale a las pistas: "Yo siento que el público me sigue. Eso es una bendición".
Con 26 años, el menor de la tradicional familia tuerca no pasó inadvertido en el Turismo Carretera. Apenas 43 carreras disputadas (y sólo una victoria, la de anteayer en La Plata) fueron suficientes para que Marcos se transformara en el centro de los comentarios tanto por su actitud arriba del auto como por sus declaraciones en los boxes.
Mientras muchos respetaban demasiado a Traverso sobre el asfalto, Di Palma lo enfrentó de igual a igual, hasta que se tocaron en Buenos Aires y casi se toman a trompadas. "Ortelli es un pecho frío", dijo cuando el piloto de Salto aceleraba rumbo al título. O también cuando criticó sin anestesia a Satriano. Los problemas se sucedieron tras el nacimiento de Marco Emilio, el hijo de Marcos y Dalila Satriano, hija de Emilio.
Sin rencores familiares y con notable madurez, Pablo Satriano dejó de prepararle el auto y los motores a su hermano y se hizo cargo de Di Palma. "Pablo es un fenómeno. Dejó al margen los inconvenientes que tenemos con Emilio y me brindó un Chevrolet formidable. Pero más allá de los servicios mecánicos, también me aconseja mucho. Por él, yo tomé un perfil más bajo. Me pide que no hable. Que piense más lo que digo. Que en los autódromos vaya del auto al trailer y viceversa. Que no haga declaraciones", destaca Marcos.
Pero siempre hay actitudes que lo destacan. Para bien o para mal, el repertorio de la improvisación no se le agota. Anteayer, la última vuelta la completó con la mano izquierda fuera de la ventanilla, saludando al público: "La verdad es que estoy loco. Yo hacía todo con la mano derecha, porque le agradecía al público su afecto. Cuando tenía que hacer un rebaje con la caja de cambios, enganchaba la rodilla izquierda en el volante, para controlar la dirección, y con la mano derecha metía los cambios. Mirá si me salía mal. ¡Me mataban! Pero todo anduvo bien y quede como un héroe."
Sus respuestas no son rápidas. Ahora mira con atención y se cuida mucho. Pero no se desdice: "Cuando yo declaré que Ortelli es un pecho frío me referí a su característica arriba del auto. Quise decir que es un piloto pensante, que no va al frente siempre. Mi hermano, José Luis, también es así. Pero no fue con mala intención. Yo, si veo un hueco, me mando sin pensar en las consecuencias. Quizás a la gente le guste más mi estilo y por eso sea tan llamativo. Con Traverso no pasa nada. En su momento nos enfrentamos, pero ya pasó. No nos vamos a sentar a tomar un café, pero no nos peleamos. Y con Emilio, es un problema familiar. Yo no tengo diálogo con él".
Marcos ve una moto y se entusiasma. "Mantengo la idea de recorrer el mundo en una moto. Si me salen bien algunos negocios, me voy dos o tres años a conocer el mundo sobre dos ruedas. ¿El Turismo Carretera? Lo abandono por ese tiempo. Total, después vengo y sigo corriendo. Mi papá tiene 55 años y gana. ¿Por qué yo no voy a poder correr? Quizá no triunfe, pero seguiré divirtiéndome", reflexiona.
El celular no para un minuto. Entre tantas llamadas, recibió una muy especial. La de Norberto Fontana, desde Hungría, donde corrió con la Fórmula 3000. "Después fui a la casa del padre de Norberto, que se enteró de mi triunfo por Internet. El, como todos los chicos que corren afuera, hace un sacrificio bárbaro."
La palabra ídolo apunta a Marcos Di Palma. El chico esquiva el bulto, pero no se calla: "El último gran ídolo es mi viejo", repite una vez más. La pregunta es inevitable:
-¿Y Traverso?
-Tiene el apellido muy bien ganado. Es el más grande de la última década.
-¿Y qué diferencias hay entre Traverso y Rubén Di Palma?
-El apellido y... Bueno, no quiero decir nada de lo que después me arrepienta. Mantengo el bajo perfil, ¿no? En cuanto a mi viejo, siempre tiene razón. Lástima que yo nunca le hago caso.


