Entre la traición y la inteligencia

Andrés Prestileo
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1 de agosto de 2015  

En el fútbol las miradas extremas no se llevan bien con el intento de sacar conclusiones más o menos limpias, tarea de por sí difícil. Ningún debate conceptual fue más duradero, profundo y divisorio entre nosotros que el que enfrentó a las dos "escuelas" simbólicamente encabezadas por Menotti y Bilardo. Sin embargo, hace poco fue uno de ellos el que, sorpresivamente, desarticuló en parte algunas de esas ideas tan inamovibles. Fue el Flaco, que comentó en una entrevista al diario Olé: "Hay que desmitificar que [Estudiantes] es un club con equipos picapiedras y que llegaron al éxito jugando mal. En los ?60, jugando yo para Central, nos enfrentamos a un equipo de Héctor Antonio que jugaba bárbaro. Y el de Trobbiani, Sabella y Ponce también jugaba bien". Este último, como todos saben, tuvo como factótum a su gran antagonista, Bilardo.

Pero tampoco se trata de licuar las ideas al punto de entender que todo es igual. Los estilos existen, se diferencian. Lo que ayudaría es evitar caer en los extremos, que además pueden conducir a un atolladero, a medir situaciones similares con varas diferentes. Tras la frustración en la final de la Copa América, sobre el seleccionado se extendió una lectura según la cual "traicionó", por falta de ambición, el mensaje que le gusta propalar a Martino. El concepto de "traición" es duro, y aplicado al caso suena un poco exagerado. Quizá se lo ve mejor ahora, después de que un equipo como River, que guiado por Gallardo ha hecho su camino indiscutiblemente apegado a un fútbol ofensivo, valora como "inteligente" una producción en la que privilegió no perder con Tigres. Lo hizo con un esfuerzo enorme y valioso que, tal vez a la luz del resultado, se ganó una consideración más benévola que la que les tocó a otros en circunstancias en algún punto parecidas.

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