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¿Es difícil ser atleta en la Argentina?
Sí, porque la estructura no es comparable con la de los países más desarrollados. A pesar de eso, trato de buscar la forma de superar mi rendimiento.
Al ser el atletismo un deporte individualista, ¿es complicado lograr un buen entrenamiento?
Lógicamente, porque tiene muchas responsabilidades. Vos sos el que maneja las cargas, de acuerdo con tus horarios. Vos lo sabés bien, porque también estudiás. A mí en la Universidad de La Matanza, donde estudio Comercio Exterior, me apoyan bastante; espero que pase lo mismo con vos en la de Palermo (risas).
¿Por qué los mejores velocistas son los negros? ¿Es algo fisiológico?
Tienen mayor disposición al trabajo y se entrenan en centros de alto rendimiento modernísimos. Lo de las fibras musculares es verso; el secreto es el trabajo. Cuando conocí al italiano Pietro Mennea, blanco y ex recordman mundial de 200 metros, antes de preguntar mi nombre dijo: "¿Sufrís cuando te entrenás?" Cuando dije que sí, comentó: "Entonces, de acá en adelante podemos tener una conversación". Ese es el código: sin sacrificio, no lográs nada.
Vos tenés 28 años; ¿a qué edad madura el velocista?
A los 26 o 27 años se logra el esplendor. De allí en más, sumás experiencia.
¿Qué le falta a un atleta argentino para la elite?
La clave está en la realización de torneos espectáculo, para que la gente se acerque. Acá sólo se hizo un torneo grande: los Panamericanos.
¿Cuáles son tus metas?
Este año espero tener una buena actuación en el Iberoamericano, que se hará en Lisboa, en julio. Si se trata de soñar, ojalá pueda mejorar mis marcas y llegar a la final olímpica o a un Mundial.



