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ROMA (Especial).- La noticia conmovió a todos. El legendario Helenio Herrera, el célebre H. H., uno de los entrenadores más recordados de todos los tiempos, que revolucionó la figura de director técnico, murió en Venecia, a los 81 años, víctima de un infarto de miocardio.
Apodado El Mago, por su renovador sentido del juego y de la estrategia, Herrera innovó en el fútbol con un estilo que sería recordado como el catenaccio, basado en una defensa rígida y un contraataque mortal. Su nombre aparece ligado a un conjunto que hizo historia en la década de los 60: Internazionale, de Milán.
Helenio Herrera Gavilán nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1916. Era el quinto hijo de dos inmigrantes andaluces que se habían conocido en Gibraltar. Su padre era carpintero y le enseñó al pequeño Helenio las bondades del oficio. Sin embargo, no tardó en conocer una pasión que arrastraría durante toda su existencia: el fútbol. Así fue como integró las divisiones inferiores de Boca Juniors, a comienzos de 1930.
Sin embargo, la familia decidió regresar a Europa. Y terminaron instalándose en Casablanca (Marruecos). Allí, Herrera formó un equipo con sus amigos. Después pasó a Racing, de la ciudad marroquí. Pero no abandonaba el trabajo. Sucesivamente, fue cadete en una papelería, aprendiz de una fundición y vendedor de muebles. Eran tiempos duros...
Pero la fuerza por el deporte podía más. Jugó en el seleccionado de Marruecos y en el de Africa del Norte. Pronto fue transferido al Paris Saint Germain y luego, al Stade Franais. A pesar de todo, lo que ganaba no alcanzaba para vivir. Y siguió acumulando una larga lista de oficios. Durante la Segunda Guerra Mundial contrajo enlace con su primera mujer, Lucien Leonard, con quien tuvo cuatro hijos.
Una disposición del gobierno francés, que obligaba a los futbolistas profesionales a entrenar a los escolares, le permitió encontrar la vocación verdadera. Al concluir la hecatombe de la guerra, se anotó en la Escuela de Entrenadores. No tardarían en llegar los éxitos.
Luego de dirigir algunos clubes de Francia, Herrera se encargó de adiestrar a la selección de ese país. Pero fue convocado por el fútbol español. Allí fue técnico de Valladolid, y luego de Atlético de Madrid, con el que salió campeón en 1951 y 1952. Luego de algunos escándalos, por los que fue inhabilitado por la Federación Andaluza de Fútbol, Herrera pasó a Portugal. Pronto volvió a España, requerido por Barcelona, al que condujo hacia los títulos de 1959 y 1960.
Luego de un recordado incidente con Ladislao Kubala, Herrera recibió una oferta increíble en aquella época: cien mil dólares de contrato por dirigir al Inter. Allí comenzó la gran historia.
Fueron ocho años inolvidables, en los que ganó todo. Campeón de Italia tres años consecutivos, dos veces campeón de Europa y dos veces ganador de la Copa Europeo-Sudamericana, en memorables finales ante Independiente, de Avellaneda.
En 1968 pasó a Roma, pero su estada en este equipo no resultó triunfal, por lo que decidió regresar a Inter. En 1974 sufrió un infarto que lo apartó en forma temporaria de la dirección técnica. Así, lentamente se alejó de los bancos de suplentes para dedicarse a escribir diversos artículos. El epílogo de su carrera se produjo en Barcelona, en 1980. Atrás quedaban frases con su sello:"Con diez se juega mejor", o "Este partido lo ganamos sin bajar del autobús".
Será recordado, sin duda, como uno de los personajes más importantes en los años 60, cuando el fútbol conoció una manera de dirigir y plantear los partidos que revolucionó los conceptos conocidos hasta ese momento. Su dialéctica y sus éxitos permitieron que, a partir de su figura, el técnico de un equipo, para bien o para mal, pasara a ser tanto o más importante que los jugadores. Y nada fue igual desde entonces.



