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El Chueco. Un apodo que lo acompañó durante el resto de su vida. Sorprendía por su habilidad en velocidad. Si hasta lo habían convocado de un club de Mar del Plata, pero sus compañeros en Leandro N. Alem hicieron lo posible para que se quedara en el humilde equipo de Balcarce. El fútbol era el mejor pasatiempo de Juan Manuel, un hijo de inmigrantes italianos que se establecieron en la sureña ciudad bonaerense. Aquella rapidez para llevar la pelota se apagó con el tiempo. No porque perdiera velocidad. Al contrario. Pero esa pasión por la pelota se disipó a medida que su vida se desarrollaba en los talleres de la zona.
Loreto y Herminia, los padres de El Chueco, dejaron a su cuarto hijo que se dedicara a la mecánica, aunque jamás sospecharon de la ocurrencia de Juan Manuel. El taxi de un amigo fue convertido en pocas horas en un auto de competición. Tenía 25 años y todo por vivir. Atravesaba el momento más importante de su vida. Tomó coraje y viajó a Benito Juárez, donde participó en su primera carrera. Con la complicidad de su amigo, utilizó el seudónimo "Rivadavia", para que sus padres no se enterasen. El abandono no lo amedrentó. Y comenzó su camino en el popular Turismo Carretera.
La Argentina estaba divida en dos: o en cuatro. O dependía en qué grupos se encontraban las dos pasiones nacionales: River y Boca. Los Gálvez y Fangio. Ford y Chevrolet.
El automovilismo hizo patria y pasó por lugares donde los caminos todavía no estaban delineados. Los jóvenes aprendían geografía al ritmo de los intensos relatos radiales de los Grandes Premios, que pasaban por lugares que ni siquiera los libros escolares mencionaban.
Tras la Segunda Guerra Mundial, esas clases se internacionalizaron. Aparecieron nombres como Silverstone, Reims, Spa-Francorchamps, Nürburgring…
"Sólo espero ganar alguna carrera. Para no defraudar tanto esfuerzo", fueron las humildes palabras de Fangio, que recibió el apoyo del Estado nacional, mediante el Automóvil Club Argentino, para conquistar el automovilismo europeo.
Fue la figura del primer campeonato de Fórmula 1, en 1950, aunque el título quedó en manos de su rival, el italiano Giuseppe Farina. Al año siguiente, el asombro que había despertado El Chueco en el Viejo Continente quedó plasmado en su primer título, al vencer a Alberto Ascari. Un detalle que muestra señales de épocas remotas en un deporte tan profesionalizado: Fangio aceptó un cheque en blanco que le ofreció Alfa Romeo, con la única condición que la empresa pusiera el monto. "Ya estoy bien pago con el hecho de que me entreguen semejante auto."
En una época en la que los graves accidentes eran tan frecuentes como el giro de la rueda, el argentino perdió la temporada de 1952 por un golpe en Monza. Sin embrago, en ese circuito italiano mostró su talento en 1953 al imponerse de manera brillante y acaparar la atención de Mercedes-Benz, que lo contrató como el principal piloto de la casa germana. Una relación que se mantiene, por parte de la empresa alemana, hasta estos días, ya que inaugura monumentos del Quíntuple en muchos circuitos que hoy utiliza la F.1.
Con las célebres "Flecha de Plata" conquistó el mundo en 1954 y en 1955, para luego pasar a la emblemática Ferrari, con quien también ganó la corona, aunque la relación con Don Enzo no fue tan fluida como con los germanos. Maserati fue la máquina con la que obtuvo el mejor y el último de sus 24 triunfos en la Fórmula 1. Fue en Nürburgring, el 4 de agosto de 1957. Batió el récord de vuelta en nueve oportunidades en el difícil y extenso circuito alemán. Le descontó el medio minuto que ostentaban las Ferrari de los británicos Mike Hawthorn y Peter Collins, que se sorprendieron al verlo por los espejos en la penúltima vuelta y mucho más aún cuando fueron superados. Los dos rivales fueron los primeros en felicitarlo por la gran hazaña.
Fangio marcó una era. "Reconozco que soy un hombre de suerte", repetía con humildad. Salvó su vida en un vuelco en Perú, en la histórica prueba Buenos Aires-Caracas. "Me protegió la jaula antivuelcos", explicó, aunque su acompañante, Daniel Urrutia, falleció. En 1952, tras perder una serie de combinaciones aéreas, manejó desde París a Monza. Largó último, pasó a seis autos y se pegó. "A las dos de la tarde llegué al circuito, a las dos y media estaba en la grilla y a las tres, en el hospital", fue la famosa frase de Fangio, que reconoció: "Esos accidentes fueron producto del cansancio. Nunca más manejé cansado. Ni siquiera con el automóvil particular".
El mundo se conmovió por su secuestro en Cuba y lo despidió cuando se retiró en 1958, tras la muerte de Luigi Musso: "Vi morir a muchos amigos en las pistas. El destino fue muy considerado conmigo". Quizá uno de los grandes reconocimientos lo tuvo en 1993, en Brasil, cuando Ayrton Senna se bajó del podio para recibir el trofeo en manos del argentino. "Ningún piloto puede estar encima de usted, Fangio."
Su vida se apagó el 17 de julio de 1995, en Buenos Aires. Fue despedido por el automovilismo mundial. El mismo Stirling Moss llegó a Balcarce para brindarle su homenaje más sincero. Aquella ocurrencia de correr bajo el seudónimo de "Rivadavia" fue el momento más trascendente de Fangio, un veloz futbolista, chueco, que dejó la pelota por los fierros. "Los comienzos siempre marcan el futuro. Por eso creo que esa etapa fue la más importante de mi vida".
5 Son los títulos en F.1 en 8 temporadas: 1951, con Alfa Romeo; 1954 y 1955, con Mercedes-Benz, 1956, con Ferrari, y 1957, con Maserati.
24 Son los triunfos que obtuvo en la máxima categoría, sobre 51 grandes premios disputados. Una relación victorias-competencias inigualable.
28 Las poles positions logradas por el piloto argentino durante sus ocho temporadas en la máxima categoría. Veloz en cualquier pista.
2 Fueron los títulos conquistados en el Turismo Carretera, con Chevrolet. El Chueco los ganó en las temporadas 1940 y 1941.


