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Fernando Wilhelm barre con cualquier preconcepto. No, no es un jugador de fútbol frustrado que encontró el éxito en el futsal. Su pasado está asociado al vóleibol y a su imposibilidad de practicarlo profesionalmente debido a su estatura. Cuenta hoy, a los 34 años, que todo comenzó cuando con un grupo de amigos, y para hacer algo juntos, decidieron probarse en Glorias de Tigre. Fernando pasó la prueba para quedar en cuarta división y luego subió a tercera y a primera. Su incipiente carrera siguió en River y Pinocho de Villa Urquiza hasta que dio el salto a Europa para jugar en Arzignano, Marca y Asti, de Italia, y actualmente en Benfica de Portugal, donde se entrena y compite cuando es local en uno de los pabellones contiguos al fabuloso Estadio Da Luz, enorme y moderno recinto que tiene una estatua del gran Eusebio, el crack que no necesitó ganar un Mundial para ser la máxima leyenda futbolística de su país. Su vida tranquila en Lisboa, junto con su mujer Jimena y sus hijas Carola y Emilia, se vio alterada por un pequeño detalle: haber sido campeón del mundo con el seleccionado argentino de futsal por primera vez en la historia, como capitán y mejor jugador del torneo. Wilhelm, desde la capital lusa, atendió el llamado de la nacion y contó su experiencia.
—¿Qué es el futsal para vos?
—Un deporte hermoso, que me apasiona, me abrió puertas y me dio oportunidades de hacer cosas que tal vez con otro trabajo no hubiese podido. Es un regalo.
—¿Qué sabías de este deporte además de que había un club cerca de tu casa?
—Antes de practicarlo conocía muy poco, pero la pasión fue aumentando a medida que pasó el tiempo y conocí un montón de amigos que me hicieron enamorar del deporte.
—¿Cómo es tu vida como profesional?
—Mi vida dedicada al futsal es un trabajo, algo que hago desde hace ya doce años. Es un deporte que me hizo conocer otros países y me dio mucho más de lo que yo le pude dar. Me siento un afortunado porque trabajo de lo que me gusta y tengo la oportunidad de competir y de representar a una selección defendiendo al país.
—¿Y cuál es tu ritmo de vida?
—Normal, el de una persona que va a trabajar y hace vida de familia. Llevamos a las chicas a la escuela, mi mujer va al gimnasio y yo me entreno una o dos veces por día. Luego paseamos y vamos a comer. No tenemos actividades extraordinarias. La vida acá es linda, tranquila y un poco más ordenada que en Buenos Aires.
—¿Cómo te llegó la chance de jugar en Benfica?
—Fue un poco de rebote porque jugué 11 años en Italia y, sorpresivamente, me quedé sin equipo después de que no pudiéramos salir campeones. Estaba en un equipo que apuntaba a eso y después empezó a tener problemas económicos y tuvo que reducir el presupuesto. Entonces algunos de los jugadores nos tuvimos que ir y rápidamente me llegó un interés de Benfica. La verdad es que se cerró bastante rápido porque yo tenía un par de chicos conocidos que jugaban acá así que tuve buenas referencias.
—¿Con qué nivel te encontraste?
—En Europa el nivel es mucho más competitivo, más si uno viene desde Buenos Aires, donde el campeonato es totalmente distinto y las canchas son más chicas. Prácticamente se juega a otro deporte. Cuando vas a Italia todas las canchas son de 40mx20m y se juega a un futsal más tradicional, más ortodoxo y, al ser profesional, cuenta con una infraestructura económica más grande, mejores jugadores y un nivel mucho más alto.
—¿Creés que en la Argentina algún día será similar?
—No sé si algún día será profesional porque es un deporte que tiene poca historia. Tal vez con el Mundial que conseguimos pueda comenzar a moverse un poco, pero realmente creo que sería algo a un futuro lejano. Con lo del Mundial la difusión fue enorme y estamos dando notas en todos los medios, pero no sé cuánto durará el boom. Lo importante no es que dure lo mediático, sino que esto sirva para que se despierten personas que puedan influir en el deporte y que tengan los medios necesarios para hacer que el futsal crezca.
—¿Qué se siente que se te reconozca como el mejor jugador de un Mundial y, además, haber sido campeón?
—Es todo un orgullo, pero para mí lo más importante es haber salido campeón. Lo quería y mucho, pero no me lo esperaba porque es muy difícil ganar un campeonato del mundo. El premio al mejor jugador tampoco me lo esperaba. Siento que entramos en la historia y que dentro de unos años vamos a ver a la Argentina entre la tabla de ganadores y vamos a recordar que estuvimos ahí. Va a ser muy fuerte eso.
—¿En qué instancia se dieron cuenta de que podían ser campeones?
—En verdad lo pensábamos desde el principio, era nuestro objetivo y viajamos a Colombia pensando en eso. Después, a medida que fueron pasando los partidos, fuimos teniendo distintas sensaciones . Creo que cuando comenzó la etapa de eliminación con Ucrania, más allá de que el partido lo terminamos sufriendo, sentimos que lo dominamos y que estuvo controlado. A partir de ahí nos empezamos a sentir mejor y no digo que supimos, pero teníamos la sensación de que manteniendo el nivel podíamos llegar lejos.
—¿Podés imaginarte lo que debe estar sintiendo el seleccionado de fútbol 11 que lucha desde hace muchos años por conseguir un título y no lo logra?
—Sé lo que cuesta y la verdad que no me lo puedo imaginar porque en los otros mundiales que jugué nuestros objetivos eran totalmente distintos: no teníamos tanta exigencia. La selección argentina es candidata y siempre lo va a ser. Por eso tiene esa presión y sí, haber llegado a tres finales y no haber podido dar el último paso, debe ser una fea sensación, pero los resultados dependen de muchas cosas. No soy de la idea de que porque Argentina pierde una final ninguno sirve. La verdad es que fue muy meritorio lo que hicieron Debe ser una fea sensación, pero lo siguen intentando y no bajan los brazos porque si no después de la primera final perdida no hubiesen llegado a otras dos.
—¿Te queda algún objetivo deportivo luego de haber sido campeón?
—Los objetivos siempre son los mismos, pero por más que gane todos los títulos a nivel de clubes, el titulo más importante siempre va a ser el Mundial.
