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Ferro Carril Oeste escribe su historia encadenada de ilusiones, esfuerzo, crecimiento, orgullo, gloria y profunda decadencia. Es el club de la iniciativa de un grupo de 95 ferroviarios de la estación Caballito, que allá por 1904 construyó una casilla utilizando las maderas para embalar las piezas de locomotoras y se recreó en un humilde campito a la vera de las vías sin saber qué le depararía el destino.
Hoy, Ferro sufre con un pasivo de 21 millones de dólares, producto del desorden financiero de las gestiones de la década del 90, a tal punto que sólo 12.800 socios (9800 activos más 3000 vitalicios) se pasean por la sede del club de la calle García Lorca (ex Cucha Cucha). Parece ayer cuando Ferro gozaba con el entusiasmo de 47.000 miembros a principios de los 80 y el empuje de las actividades sociales y deportivas, que a cada rato entregaban nuevas figuras destacadas en el ámbito local e internacional.
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La tradicional entidad de Caballito incrementó un pasivo de 16 millones en seis años y atraviesa una crisis que la obliga a achicarse y a administrar pobreza. No tiene alternativa. En realidad, vive una situación no muy distinta a la de varios clubes afiliados de la AFA. Pero el tema se agrava y queda expuesto a la vista de todos, porque el fútbol profesional se va a pique con el inminente descenso a la Primera B -se puede concretar mañana si pierde ante Tigre-, luego de haber permanecido hasta mediados de 2000 en la primera división.
Y ése, el peligro del doble descenso, es un gran dolor que aqueja hoy a los dirigentes y simpatizantes. Se advierte en cualquier pared de color verde del club, en cada pasillo o en los rincones del complejo de Pontevedra. Sólo un milagro, que consiste en ganar y depender de otros resultados en las últimas 5 fechas de la Zona Metropolitana B Nacional, salvará al equipo de la pérdida de la categoría.
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En realidad, el fracaso del fútbol es un reflejo del panorama institucional, que asoma muy complicado, al punto de que pesa sobre el club una convocatoria de acreedores. Los juicios -en su mayoría de ex futbolistas que jamás cobraron- se multiplican día a día y el club paga como puede, todo para evitar una ley de fideicomiso, de la cual se escapará si se reúnen un poco más de 400.000 dólares. Actualmente, los presupuestos están muy acotados en la mayoría de los deportes y esa reducción tiene como correlato pobres resultados.
El deterioro estructural del club se advierte desde el ingreso por la puerta de Avellaneda 1240. Las paredes de las boleterías que dan a la calle lucen muy descuidadas y con pintadas alusivas; basta con dar unos pasos y girar la mirada hacia la derecha para comprobar el mal estado de la cancha auxiliar, en donde algunos días practican las divisiones inferiores y el fútbol infantil. Desde hace años, en ese campo de juego hay enormes sectores con tierra y pretender dominar la pelota allí suena a tarea imposible por lo desparejo del terreno. Carlos Timoteo Griguol, DT de la mejor época futbolística de Ferro, que lo sacó campeón en 1982 y 1984, visitó el club hace unas semanas como entrenador de Gimnasia, para el partido con Argentinos. Cuando vio la cancha auxiliar suspiró y dijo: "Qué lástima... ¡Mirá cómo está esto! Pensar que cuando trabajábamos en el club estaba sembrada y en perfectas condiciones..."
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El estadio de fútbol también sufre las consecuencias del abandono: es triste recorrer la galería que está debajo de la tribuna más pequeña para los socios. Es una zona oscura, en donde los baños y el puesto de venta de comida no están en condiciones para los simpatizantes; los carteles indicadores están corroídos y domina el óxido en los barrotes que sostienen la tribuna. Todo conforma una triste postal de dejadez que se agiganta con el paso de décadas. Los tablones de madera de las populares -vaya si aguantaron los saltitos de los hinchas, no sólo de fútbol sino también de rugby, durante añares- son ya obsoletos, al igual que los paraavalanchas, mientras que las bocas de acceso necesitan una remodelación urgente. La realidad es que no hay plata para refaccionar ni tampoco para realizar obras. Eso sí, la situación tiene un tenue costado positivo: gracias a una concesión, es un poco mejor el estado general del edificio principal, el restaurante, las canchas de tenis y del gimnasio Héctor Etchart, la Catedral del básquetbol.
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"Ferro perdió prestigio", admitía Santiago Leyden a principios de 2000, pocos días después de imponerse en las elecciones para presidente de la entidad. El histórico dirigente, que condujo el club en su período de grandeza (1963-1993), también impulsaba la necesidad de arrancar de cero con objeto de ser austeros, bajar la deuda en un 50% y no investigar a las anteriores administraciones. Cuando retomó el mando -en su cargo lo antecedieron Felipe Evangelista y Marcelo Corso- se encontró con una situación mucho más difícil que la que se imaginaba y dejó el cargo a principios de junio de 2000, reconociendo que no estaba capacitado para manejar el club en tiempos de crisis. Así, Leyden fue reemplazado por el vicepresidente, Arnoldo Bondar, un médico clínico de 59 años que se animó a tomar un hierro caliente: "Estamos negociando con acreedores que han presentado pedidos de quiebra, que totalizan 1.800.000 dólares; básicamente, los juicios fueron hechos por ex futbolistas y acreedores financieros. Somos altamente vulnerables por la cantidad de documentos sin fondos que hay en danza y que fueron firmados por anteriores administraciones. Ahora, la urgencia nuestra es reunir lo antes posible un millón de dólares para afrontar los pedidos inminentes de quiebra, para luego negociar con más tranquilidad otros casos", dice Bondar; y remata: "No hay acceso a un crédito; de hecho, no tenemos chequera porque el juez de la convocatoria no nos autoriza a tener cuentas corrientes, lo cual nos ayuda a no meter la pata".
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El gerenciamiento, aplicado por Quilmes y Racing, está contemplado como método de salvamento. "Tenemos contactos permanentes con empresas, pero esto es muy difícil, porque no es lo mismo desembarcar en un club exitoso deportivamente que en uno prácticamente descendido por segunda vez consecutiva. No sabemos si será la solución integral, pero sí es una forma de encarar el problema", comenta Bondar.
El club tenía un déficit operativo mensual, surgido de errores de contrataciones en fútbol y de subvencionar el deporte federado, que alcanzaba los 450.000 dólares. Pese a todas las dificultades, el gasto se redujo casi a cero con la ayuda de la colonia de vacaciones, que cuenta con 1500 chicos. Aunque, claro, pagaron los platos rotos los profesores, cuyos honorarios fueron reducidos en un 50 por ciento. Es por eso que las quejas de los docentes se repiten diariamente y les piden un bono contribución a los socios para salir adelante.
Para la comisión directiva, el desafío consiste en mantener como socias en el período invernal a aquellas familias que tuvieron a sus hijos en la colonia de verano, ya que cuando domina el frío disminuye la cantidad de inscripciones y se produce el mayor éxodo. Otra de las metas fundamentales es que las actividades deportivas se autofinancien, trabajando sobre presupuestos ajustados.
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La disyuntiva de Ferro en los últimos tiempos quedó planteada en un solo interrogante: ¿mantener al club en un nivel futbolístico alto, con el equipo peleando en la primera división, o salvar a la entidad de los problemas financieros y de la quiebra? Se optó por el segundo objetivo: "Esto nos restó poder económico en el fútbol y así nos fue; lo que constituye un hecho muy desgraciado -asegura Bondar-. Pero el costo para preparar un equipo en la primera B Nacional con posibilidades de volver a la primera era muy alto; nos encontramos con un club vacío de dinero y de contenido futbolístico. Por eso nos volcamos a solucionar las otras cuestiones y bajamos el presupuesto del fútbol a 550.000 dólares al año". Sólo queda un puñado de jugadores experimentados en primera: Jorge Cordon, Gerardo Meijide, Jorge Reinoso y Oscar Acosta, y el sueldo más alto alcanza los 3000 dólares. Al plantel, que se vio reducido en forma dramática a fines de año por malos rendimientos o achique de presupuesto, le deben el medio aguinaldo y los meses de enero y febrero. Lo malo es que Ferro ya no cuenta con el aporte de la televisión porque ese monto lo utilizó la comisión anterior.
Así está Ferro, un club apuntado para la clase media, que decayó al compás de la situación del país. Hoy intenta salir de una debacle institucional que lo tiene casi inmovilizado.


