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Competitivo por naturaleza, desde que se retiró como futbolista estuvo algo más de un año sin prenderse en ningún picado . No le encontraba sentido a jugar por jugar. Después, consiguió corregir ese trauma. Ya cuando Diego Simeone coqueteaba con despedir al futbolista, todos sabían que se convertiría en director técnico. "Quizá dentro de cuatro o cinco años lleguen los títulos, ¿no?" , le preguntaron por entonces. No le gustó nada ese plazo al Cholo. "O en dos; el tiempo es para los que no se esfuerzan" , retó. Las satisfacciones llegaron incluso más rápido de lo que él mismo se imaginaba. En su apresurado estreno como entrenador, en el Apertura 2006 salvó a Racing del descenso. Y en el primer certamen al frente de Estudiantes -Apertura 2006- condujo al Pincha a la consagración después de 23 años. Y en su bautismo en River, ayer quedó a un paso de quebrar los cuatro años de sequía (15 campeonatos se disputaron en este período) que arrastra el club de Núñez. La contratación de Simeone, parece, encierra un buen revulsivo.
Un día después de la Navidad de 2007, en las arenas de la Barra de Maldonado, camino a José Ignacio, el Cholo dibujaba mil esquemas tácticos en el aire. Agitaba los brazos como aspas y dejaba al descubierto sus nuevos tatuajes con letras chinas en el antebrazo derecho. Polémica desvinculación mediante de Estudiantes, estaba ansioso por comenzar a trabajar en River. Sobre su arribo a un club donde nada lo familiarizaba, con el que no existía ningún anclaje emotivo, señalaba: "Nos miraremos, nos iremos conociendo... ¡pero yo quiero ganar!". Así quería desenfundar su carta de presentación. Como si en la voracidad de un entrenador agresivo y la grandeza de un club que había extraviado la gloria estuviese el vínculo para un ciclo que estaba a pocos días de estrenarse.
Por aquellos días, Enzo Francescoli, un prócer millonario, había declarado que "Simeone no tiene historia como entrenador" . ¿River saldrá campeón del Clausura 2008?, era la pregunta que más veces escuchaba el Cholo. "En estos momentos tenemos que pensar en formar un buen equipo, antes que declarar cosas que te presionan sin sentido. Si todos queremos llegar a ese final, ¿para qué te vas a cansar diciéndolo?", respondía Simeone. "La realidad de River, después de haber terminado en la posición que se terminó, es ir escalón por escalón. La realidad es ésta, el papel, no hay mentiras; a partir de ahí vamos a ir poniendo pieza por pieza en su lugar y, tranquilitos, vamos a ir llegando al lugar que hay que llegar", agregaba. No quería dejar pasar por alto que River había finalizado en la 14» posición en el Apertura 2007.
No les ha faltado vértigo a estos cinco meses de Simeone -sí, justo cinco meses, porque comenzó a trabajar el 2 de enero- con la Banda. Triunfos burocráticos y victorias importantes, derrotas comunes y cachetazos inolvidables. Internas, agitación, recelos y críticas... "Simeone quiere entrar a jugar los partidos, y eso no sirve. Quiere decir que el jugador no te entendió nada. Amontonar no es ser ofensivo, y para mí amontona" , le apuntó el Beto Alonso, otra voz emblemática del riñón rojiblanco. Pero a 180 minutos del final del campeonato, ahí está River, con dos puntos de ventaja sobre seis en juego en la lucha por el título ante Estudiantes. Sí, justo ante Estudiantes, para satisfacción del morbo de tantos. Líder (situación que no disfrutaba desde la 10ma fecha) en un torneo desconcertante y también mediocre, River depende de sí mismo.
"Sólo es posible avanzar cuando se mira lejos. Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande" , le gusta azuzar al hombre del traje azul petróleo, con permiso de José Ortega y Gasset, el dueño intelectual de la frase. Aunque haya debutado en primera un 13 y aunque haya ganado su primer campeonato como DT un 13, Simeone jura que por nada cambiará su predilección por el 14, el número de toda su vida. Y si del campo esotérico se trata, el próximo título que consiga será el... 14 en su carrera. ¿Cómplice casualidad? En el Cementerio de los Elefantes, ayer el Cholo no jugó un partido más. Se trató de su encuentro número 100 como entrenador. Claro que no fue un triunfo cualquiera. Llegó impulsado por la prepotencia ganadora que lleva el sello Simeone.



