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El éxito y la sonrisa hicieron un pacto. Fueron compinches. Y ese guiño de complicidad pareció franco para distinguir con la victoria a Racing, el equipo que supo montarse en el aplomo, el atrevimiento y el oportunismo para adueñarse de los vaivenes que encerró el clásico de Avellaneda. Un encuentro devaluado en las sensaciones preliminares, pero siempre influyente en el legado anímico. Es imposible salir indemne de un clásico: mientras Racing ahora hasta se atreve a relojear la punta con un dejo de ilusión, ahí quedó Independiente, postrado en su ilusión de encontrar por lo menos un consuelo en el duelo del barrio.
En medio de un choque desabrido, la rebeldía de los arcos amenazaba con instalar su caprichosa imbatibilidad cuando un tiro libre abrió el partido: el zurdazo de Juan Eluchans se desvió ligeramente en la posición que ocupaba Juan Manuel Torres en la barrera y sorprendió a Cuenca. Entonces, este encuentro con escenario prestado se tiñó de rojo. La cancha se inclinó hacia la valla de un Racing aturdido por la desventaja, desprolijo y áspero en el fondo y confundido en el manejo del balón. Pudo ampliar Independiente con un tiro libre de Quinteros y, además, debió disponer de un penal que ignoró el juez Pezzotta cuando Pinola separó el brazo del cuerpo y con el codo sacó al córner un remate de Castillo. No es menor la referencia ni el error porque hasta allí el cotejo iba 1 a 0 en favor del conjunto de Pastoriza.
Pero el destino del clásico quedaría marcado por el sentido oportunista de Racing. Es que ese equipo desorientado, hasta abrumado por el provechoso vértigo de Christian Giménez y el contagioso batallar de Quinteros, reaccionó y acertó cuando ya se disputaba el descuento de la etapa inicial. Primero, Navarro Montoya desvió al córner un peligroso tiro libre de Rimoldi. De inmediato, Mariano González lanzó el centro, Lisandro López lo bajó de cabeza y Gastón Fernández apareció por detrás, suelto, para darle al marcador inmerecidas cifras de igualdad.
La paridad renovó las ínfulas de Racing y se invirtió el protagonismo en el encuentro: el equipo de Ubaldo Fillol asumió el control y redujo a Independiente a la condición de dominado. Los Rojos perdieron la memoria e inauguraron una etapa de desconcierto. Independiente, tímido, se mareó en su falta de convicción. Una virtud, por cierto, que se le agrietó hace tiempo por los malos resultados.
En Racing ahora sí aparecieron respuestas individuales. Con Torres como eje de la distribución, bien asistido por Rimoldi y con los gallegos Fernández, González y López dispuestos a repartir algunas de sus diabluras entre la vulnerable defensa roja, torpemente empecinada por esperar en línea. Caballero interceptó mal un pase y habilitó la aparición de la Gata Fernández, para vencer al Mono Navarro Montoya con un remate cruzado.
Independiente, culpable de tantos desatinos, ensayó un ataque desesperado que sólo agudizó la intrascendencia de Castillo, la apatía de Losada y la ausencia de un banco confiable para creer en un sustituto salvador. Pese a que Racing se retrasó peligrosamente -Fillol sacó a Fernández y puso a Celiz, un volante recuperador -, los abatidos dirigidos por Pastoriza se describieron incapaces de generar ni siquiera una maniobra heroica. Tan expuestos quedaron que de una lujosa habilitación de taco de González llegó la conquista de Lisandro López. La impotencia se resumió en esa imagen de Olarra, a las patadas antes de irse expulsado.
Este nuevo cruce volvió a diferenciarlos. La anarquía que globalmente atraviesa Independiente no lo habilita a confiar ni en su modestísimo objetivo de sumar 25 puntos en el torneo Clausura. En cambio, el trampolín del clásico impulsó el eterno espíritu soñador que moviliza a Racing.
EL DATO
Victoria como visitante
Como visitante, Racing no derrotaba a Independiente desde el 10 de junio de 2001, por el torneo Clausura, cuando se impuso por 1 a 0, con un gol de Maxi Estevez, de penal.
LA RACHA
La sequía con los grandes
Independiente ya suma 14 clásicos oficiales sin ganarle a un grande. La última vez fue el 1° de diciembre de 2002, en el Bajo Flores, cuando batió a San Lorenzo 3 a 0 y salió campeón.
LAS BURLAS
Bromas al rojo vivo
Tras los dichos del presidente Ducatenzeiler, que deslizó concesiones de parte de la AFA para que los Rojos ganaran el Apertura 2002, los hinchas de Racing ayer se mofaron con afiches y banderas.


