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El rebote lo sorprende. No pensó que el juvenil Germán Lux iba a cometer semejante error, tras un débil remate de Cordone. Dispara. Apunta. Y convierte. Leonardo Pisculichi grita. Un pibe surgido de las inferiores, uno más de una cantera que no sabe de crisis ni descensos, de manejos desprolijos ni de bajos promedios, festeja con un compañero, con otro más. Gana Argentinos Juniors, que deja por un segundo el capricho de la programación que lo condenó al descenso por TV. Parece una película irreal, hasta que el poderoso recompone sus piezas y castiga con una catarata de goles a un rival abatido, golpeado. Y que celebra una vuelta olímpica ante once jugadores destruidos...
"Estoy apenado, pero ahora no se puede hacer nada más que pensar en el futuro. No me gusta llorar ni sangrar por la herida, aunque es muy difícil cambiar lo que se hace mal desde la AFA. Pero si jugaran hoy (por ayer), Unión le hubiera ganado igual a San Lorenzo", analizó Luis Segura, el presidente.
Diego Cogliandro, uno de los jugadores, define con elocuencia el gris presente de un club con rica historia. "Vinimos a una fiesta en medio de un velatorio. Soy hincha, me crié en el club y no doy más. Nos derrumbamos anímicamente y River nos pasó por arriba", explicó, mezclado en un vestuario con miradas perdidas y pocas palabras.
Argentinos se fue a la B. Mucho antes de que Unión derrotara -con o sin suspicacias- a San Lorenzo por 4 a 0, en el Nuevo Gasómetro. Por desprolijos manejos dirigenciales, por una deuda económica que crece día tras día, por no conocer el destino de los 250.000.000 de dólares en transferencias de jugadores en los últimos 20 años. No, Argentinos no descendió el sábado último, después de observar con extrañeza los goles santafecinos en el Bajo Flores. Su destino lo marcó mucho antes.
A las 15.45, el plantel se presentó en el Monumental, ante la algarabía general, dispuesta a una nueva consagración millonaria. En silencio, con rostros sombríos, dispuesto a sufrir una fiesta ajena, Argentinos ingresó en el vestuario, luego de cinco días de concentración en Bosques, en la quinta de Carlos Quieto. Argentinos jugó abatido, sin fuego sagrado. Padeció cinco goles; pudieron ser muchos más.
Casi 400 simpatizantes de Argentinos acompañaron la inminente despedida de primera; saltaron, gritaron, se sorprendieron también con el tanto de Pisculichi y se marcharon abatidos, con un sentimiento similar al del equipo. El fin de semana próximo se despedirá ante Lanús, como local, en Ferro. Y ni certezas tiene de la inauguración del estadio de la calle Boyacá...
Se irán casi todos. Jorge Solari, el DT, y casi todos los futbolistas que están en préstamo. Entre ellos, Cordone, Tilger, Liendo. Herrón, el capitán, iría a Europa; Pena, el símbolo, llegaría a San Lorenzo. La apuesta será por las inferiores, por la talentosa juventud que siempre creó Argentinos. Y que pocas veces supo disfrutar. La fecha del comienzo de la nueva etapa ya está establecida: el 8 de agosto próximo comenzará la primera B Nacional.
"Estoy destruido; perdón, pero prefiero no hablar", dijo Pena. "¿Qué querés que te diga?", preguntó Cordone. "Este momento no lo imaginé nunca; el promedio nos mató. ¿Si me sorprendió la victoria de Unión? Y..., no creo que esté cuatro goles por encima de San Lorenzo...", agregó Mariano Herrón.
Seis años atrás sufrió el mismo golpe, y volvió con grandeza, apenas diez meses después. Pero, ahora, la dimensión de la crisis aún es mayor. Demasiado lejos quedó el brillo de aquel equipo campeón de los años 80. Ni migajas quedan de los pases desde Diego Maradona en adelante, con apellidos ilustres como Borghi, Batista y tantos otros.
Sin recursos, el club navega sin un rumbo definido. Se estima que el golpe del descenso le hará perder a la entidad, como mínimo, ingresos por 2.300.000 pesos por temporada.
Se va Pisculichi, se va el resto. El pibe, de 18 años, ya no grita. Sufre, como todos. Y ni se entusiasma, cuando le dicen que deberá viajar como sparring del seleccionado que dirige Marcelo Bielsa, en Italia. Otro símbolo de un club generador de talentos... y envuelto en una crisis imposible de entender.
"Hubiera sido más interesante dirigir un partido con dos equipos con aspiraciones y urgencias; influyó, sin dudas, el estado anímico de los jugadores de Argentinos. Para mí, tendrían que haber jugado en el mismo horario que San Lorenzo y Unión", dijo Horacio Elizondo, el juez de ayer en Núñez.



