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Sólo cada tanto se abren los portones de una entidad insignia para los argentinos y para buena parte del fútbol mundial. Así, cuando eso sucede, la admiración para ellos se redobla. Con pocas horas de diferencia, Real Madrid les dio la bienvenida a Gonzalo Higuaín y a Fernando Gago y la lista de compatriotas que lucieron o lucirán la camiseta blanca ascendió a 27, cada uno como grandes gotas de orgullo alrededor de una resplandeciente estrella. El honor y el brillo en la mirada distinguieron a cada uno. Hubo historias de todo tipo. Aunque el resumen del ideal se corporiza en la figura de don Alfredo Di Stéfano, personaje ilustre del club español; embajador de propios y extraños.
El talento unió en España lo que las camisetas de River y Boca dividieron en la Argentina. El tiempo dará testimonio del recuerdo que Higuaín y Gago dejarán en Real Madrid. Ahora la imaginación se suelta del carretel. Y está bien. Treinta y dos años transcurrieron hasta que los merengues contrataron a un futbolista criollo en forma directa con su club de origen. El último había sido Oscar Mas, en 1973, que dejó River en pos de un sueño dorado, mejor dicho... blanco.
Los primeros argentinos que llegaron a Real Madrid fueron los hermanos Aranguren, Sotero y Eulogio, que desde pequeños se trasladaron a España, más precisamente a San Sebastián. Tiempo después, en 1911, y durante diez temporadas, defendieron la camiseta de uno de los clubes más poderosos del mundo.
Entre el largo trecho que separa a los Aranguren de Higuaín y Gago quedó la marca indeleble de Di Stéfano, ahora presidente honorario de Real Madrid. A los 26 años, el 23 de septiembre de 1953, ante Nancy, de Francia, la Saeta Rubia debutó en el club que, definitiva y literalmente, se transformaría en su casa; antes hubo una dura disputa con Barcelona por el pase del argentino, que llegó procedente de Millonarios, de Colombia. La derrota ante los franceses por 4 a 2 no fue ningún augurio de la gloria futura... Ocho títulos locales, una Copa de España, cinco copas de Europa (actualmente Champions League) y una Copa Europeo-Sudamericana, entre los lauros más importantes. Di Stéfano consiguió todo con Real Madrid: jugó 510 partidos y anotó 418 goles.
Ningún otro argentino logró colgarse tantas medallas. Aunque sí quedaron buenos recuerdos en ese inmenso arcón. Ni que hablar de Héctor Rial, que llegó por una carta de puño y letra de Di Stéfano en la que lo invitaba a sumarse "al Real". Desde 1954 fueron siete temporadas en las que dejó en claro su habilidad, personalidad y calidad humana, tal como se lo recuerda en el sitio oficial del club de la capital española.
Fueron más nombres, muchos más con una fortuna dispar. Manuel Rocha y Navarro Cánovas no tuvieron suerte. Rogelio Domínguez se hizo importante desde el arco; Juan Carlos Touriño cumplió, aunque le costó ganarse el reconocimiento; Pinino Mas tuvo un buen año gracias a su potencia y reemplazó a Eduardo Anzarda; Enrique Wolff solucionó muchos de los inconvenientes defensivos.
Más cerca, Jorge Valdano hizo muchos goles; al igual que Juan Esnaider, que cumplió dos etapas; Oscar Ruggeri respondió a su mote de ganador: logró un título en una temporada y se fue. Hasta que llegó Fernando Redondo, acaso el último argentino cuya estela se mantiene visible. Las comparaciones con Gago surgen espontáneas por talento, estampa, puesto e ilusión. "Del Principe al Principito" o "Gago, el clon de Redondo", describieron varios medios españoles. Y todo dicho.
Pese a un puñado de buenos partidos y a algunas actuaciones acertadas y con buen juego, Esteban Cambiasso, Santiago Solari y Walter Samuel no pudieron consolidarse y, tarde o temprano, emigraron y prosiguieron sus carreras en Internazionale. Un tiempo antes, cuando pocos se lo imaginaron, Rolando Zárate dejó el equipo filial y cobró notoriedad con un par de goles consecutivos ante Málaga y Mérida. Pero no logró continuidad.
Lentamente, los apellidos argentinos perdieron fuerza dentro de la institución. En mucho influyó la salida de Jorge Valdano de la dirección técnica y de los cargos institucionales. Se supo que el ex presidente Florentino Pérez jamás tuvo a los jugadores criollos entre sus preferidos, situación que cambió tras la asunción de Ramón Calderón, más afecto y abierto al fútbol de América del Sur.
Los tiempos cambiaron bastante. La camiseta blanca se mantiene inmaculada a la vista argentina. Dos representantes, Gago e Higuaín, se abordaron en una aventura impactante. ¡Bienvenidos! Real Madrid les abrió las puertas. Ellos serán los encargados de quedarse definitivamente con la llave.

