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La reunión de comité ejecutivo estaba llegando a su fin. Era la noche del martes y faltaban exactamente 72 horas para el comienzo de un nuevo torneo. Nuevo en varios sentidos. A alguien se le ocurrió, entonces, que todavía se estaba a tiempo de hacer más cambios... Al fin y al cabo, el fútbol argentino siempre se ha caracterizado por la inventiva... y por la improvisación.
Cuando parecía que había llegado el final de los torneos cortos, pues no. El Apertura pasó a llamarse Inicial y el Clausura, Final (vaya cambio). Se eliminaron las Promociones (tan dramáticas, aparentemente) y se dejaron los promedios (justos, supuestamente). En principio, no iba a haber dos campeones por año, sino uno, surgido de la final disputada por los ganadores del Inicial y del Final, pero ahora resulta que ¡habrá tres campeones! El del Inicial, el del Final y el que gane un decisivo partido entre los dos.
Todo esto se hace en nombre de la justicia y la transparencia, dos palabras que no riman con la AFA. Los torneos cortos potencian la histeria y atentan contra la continuidad; permiten que sea campeón un equipo con racha de menos de una decena de partidos, cuya formación será tan efímera como su legado. Es curioso, pero en un país en el que se ha hecho carne una frase más que discutible ("Del segundo nadie se acuerda") se dan las condiciones para acuñar otra, contradictoria: "En el fútbol argentino, del campeón nadie se acuerda".
Los promedios, supuestos garantes de justicia y transparencia, estuvieron a punto de sufrir un tiro de gracia con Tigre en el cierre de la temporada anterior, cuando pudo ser campeón y descendido al mismo tiempo. Pero no. Como las piedras que caen de la tribuna cerca del arquero pero no le sacan un ojo, al no consumarse el hecho se pasa por alto. Y los promedios siguen, entonces. "Para que no pase como en Italia", dicen. Tranquilos, nunca pasará: la "Juve local" jamás se irá al descenso por corrupción o por falta de pago.
¿Es pesimista presentar así un nuevo torneo? Sí. Pero peor sería hacerlo sin una propuesta. Aquí va, es revolucionaria: 20 equipos; 38 partidos; 2 ruedas; el 1°, campeón; del 1° al 5°, a la Libertadores (anual); del 6° al 10°, a la Sudamericana (anual); los 2 últimos, al descenso; los dos penúltimos, Promoción. Adiós promedios. Y a jugar.
