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Al menos hasta que el Clausura diga basta o hasta que lo hagan los números, Arsenal tiene derecho a fogonear su ilusión. La línea de llegada lo ve venir con la estrategia de los que cargan desde atrás, como los que no quieren despertar la atención hasta que su arremetida lo haga inevitable. Su metodología es el silencio y su camino es la eficacia extrema, un menú que anoche se desplegó a pleno. La distracción de Boca, entregado a la complicadísima misión de revertir la goleada que le asestó Chivas en la Copa Toyota Libertadores, le calzó como guante a este equipo que no desperdicia nada. Echó mano de la inoxidable eficacia de José Luis Calderón y de un planteo pragmático, se llevó el triunfo por 3 a 1 -el primero que consigue sobre Boca en la Bombonera- y ahora está a tres puntos del líder, Vélez, a la expectativa de lo que ocurra hoy.
De todos modos, tomando en consideración las obligaciones que la tabla le trasladaba a cada uno, quedaron unos cuantos reclamos por hacerle a Arsenal, que llegó a La Boca con la misión de seguir pegado a la lucha por los primeros puestos. Además, la versión xeneize que le tomaba examen, compuesta por juveniles, no era la más intimidante que podía imaginarse. Sin embargo, como si no quisiera alterar por nada su naturaleza conocida, el equipo de Sarandí se apegó a un proyecto conservador, falto de audacia, que en ningún momento asumió una iniciativa clara.
Seguramente a partir del estímulo de su juventud, Boca se mostró más dinámico y ambicioso. Dentro de un contexto con pocas luces y contagiado de la frialdad exterior, comenzó a generar algunas llegadas interesantes, en particular por intermedio de Palacio; el delantero que hasta hace poco era un indiscutido en el equipo titular y ahora sólo aparece en formaciones alternativas tuvo dos chances ante Limia, que respondió con acierto. También hubo un buen remate de Guglielminpietro con posibilidades. Sin embargo, en el momento en que con más tranquilidad manejaba el partido el equipo xeneize, Arsenal pegó el primer golpe. Un centro pasado desde la izquierda de Hirsig encontró en soledad a Calderón, que cabeceó desde un ángulo cerrado; la pelota pasó por entre las piernas de Medrán, que tuvo algo de responsabilidad en el gol.
Boca debió insistir en el atisbo de desequilibrio que le aportaba Palacio, en la movilidad de Espíndola y en algún toque para destrabar el juego de Guly, pero sus argumentos no iban mucho más allá de eso. Igual, tenía razones válidas para reclamar por un empate que llegó con una acción conjunta de dos de sus mejores hombres. Palacio mandó un centro desde la derecha y el cabezazo de Espíndola tomó a contrapié al arquero Limia.
Arsenal seguía sin apartarse de su miedo a sentirse protagonista en la Bombonera. No abandonaba su postura de esperar los huecos que le podía dejar Boca. No se animaba a un ataque más franco. Siguió en el segundo tiempo aferrado a ese plan, que le daría resultado óptimo, porque apenas dispuso otra ocasión, volvió a golpear: desborde sobre la izquierda de Llama, centro pasado y Calderón, de arremetida, estableció el 2-1. La expresión desabrida que anoche fue Boca estaba cada vez más lejos de alterar el destino del partido, cada vez más cercano a lo que quería Arsenal.
El destino del partido se cerrró en una réplica perfecta del equipo del Sur. Primero quedó en la zurda de Calderón la rúbrica del triunfo, pero lo impidió Medrán; el rechazo del arquero cayó en los pies de Núñez, que clavó el 3-1 con un zurdazo espectacular. Boca pagó su indolencia y Arsenal, que le sacó hasta la última gota de jugo a sus posibilidades, se permite seguir creyendo.
Con el triunfo de anoche, Arsenal suma siete partidos sin caídas. Su última derrota fue ante Racing, en Avellaneda, por 1 a 0.
Edgar Espíndola, de 20 años, anotó ayer su primer gol como profesional; además, Enzo Gutiérrez es el octavo juvenil que Benítez promueve a la primera.
Con los de anoche, José Luis Calderón (34 años) ya le hizo 11 goles a Boca: 3 en Estudiantes, 4 en Independiente, 2 en América (México) y 2 en Arsenal.

