Balance 2018: el Boca del Mellizo se adueñó de la Superliga por el poder de sus delanteros

Grita Benedetto; Ábila se acerca a festejar
Grita Benedetto; Ábila se acerca a festejar Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Christian Leblebidjian
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30 de diciembre de 2018  • 23:59

Al Boca de Guillermo Barros Schelotto le faltó un plus desde lo colectivo para ganar la Libertadores, pero sus individualidades (más específicamente sus delanteros) tuvieron una temporada arrolladora en el torneo doméstico, que comenzó con sus actuaciones desequilibrantes en el segundo semestre de 2017 y se confirmó durante el primer semestre de 2018. La vuelta olímpica en la Superliga, tras igualar 2-2 con Gimnasia, en La Plata, fue un desahogo, aunque tuvo al final un sabor incompleto por la final perdida en Madrid.

Boca tuvo un abanico de delanteros que se turnaban para romper las redes rivales ( Benedetto, Pavón, Cardona, Tevez, Ábila y Bou). Al Mellizo siempre le gustó formar un equipo protagonista. Eso fue tan cierto como que Boca no necesitaba generar varias chances de gol para convertir. Incluso llegaba a ponerse 1-0 en su primera situación de riesgo. Los adversarios sabían que, defensivamente, tenían que jugar un partido perfecto, mantener una concentración al cien por ciento ante Boca.

Nada frenaba el ímpetu xeneize. No fue casualidad de que haya conseguido varios goles en los descuentos o en los últimos 15 minutos. Boca forzó esos festejos, fue un equipo que ni siquiera ganando frenaba sus ganas de atacar. Tuvo varios méritos para consagrarse en la Superliga, pero el principal, el que mantuvo como sello de principio a fin fue el ser un campeón del ataque. El resto de sus cualidades pueden discutirse, pero eso lo caracterizó incluso con bajas más que decisivas como las de Benedetto y Gago, más otras de segundo orden como las de Goltz, Tevez o Cardona.

Si se toma en cuenta el equipo que debutó en la primera fecha de la Superliga en la goleada ante Olimpo 3-0, casi no hubo modificaciones hasta el final, salvo las forzadas, claro. Aquel 27 de agosto de 2017, en la Bombonera, Boca formó con Rossi; Jara, Goltz, Magallán y Fabra; Pablo Pérez, Barrios y Gago; Pavón, Benedetto y Cardona. El que se consagró ante Gimnasia, salvo por las lesiones de Goltz, Gago y Benedetto, se mantuvo a lo largo de las 26 fechas. Los esquemas 4-3-3, 4-2-3-1 o 4-3-1-2 tuvieron como simbolismos las proyecciones de los laterales y un juego mucho más vertical y explosivo que de elaboración. Así se explica que 14 de los 50 goles que marcó hayan sido de contraataque.

Y más allá de que en el terreno internacional o en los duelos mano a mano le haya costado mucho imponerse, no es sencillo sostenerse tanto tiempo (más de 600 días) en la cima del fútbol argentino. No es fácil ser bicampeón. Y Boca lo fue de manera merecida.

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