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Escrutado a un nivel casi científico, revisado al derecho y al revés hasta fatigar las posibilidades del análisis, el fútbol siempre se reservará un campo libre para quemar todos los libros. Muchos se han referido a éste como el costado que lo hace más apasionante que cualquier otro juego. La verdad es que todo el tiempo el fútbol obliga a los críticos a rebuscar en una teoría que, a menudo, no da respuestas, por lo menos inmediatas.
Esa herramienta le sirve para acomodar y desacomodar arbitrariamente situaciones personales, circunstancias históricas, etcétera. Lo que ocurrió ayer en Lanús 0 vs. Banfield 5 es uno de esos agujeros negros con los que este deporte atraviesa tan frecuentemente la lógica. ¿En qué otra disciplina un equipo presuntamente tanto mejor que otro puede ser vapuleado por este último de una manera semejante? Hoy, domingo, se vuelve difícil defender la teoría acerca de que Lanús sigue estando varios escalones por encima de su verdugo implacable e inesperado de ayer, sábado. ¿O no, es así? ¿Y por qué pasó lo que pasó? Si es cierto que este juego puede medirse en datos duros, hoy la verdad la tiene Banfield. Pero eso no es cierto. ¿O sí, lo es? Una lectura conveniente del partido podría decir que Banfield trazó un muy buen plan y lo ejecutó de una manera inmejorable, soñada. Sin embargo, eso nos deja un sabor insuficiente.
Lo interesante del caso está en el escenario en el que cae este partido tan caprichoso, y en ver cómo lo modificará, si es que lo hará. Como cuestión anecdótica, nomás, este arbitrio del juego se produce justo en un momento de auge de la defensa del tacticismo y los esquemas, lo cual, en cierto modo, acerca al fútbol a la categoría de las cosas previsibles. Curiosamente, la goleada de Banfield -hasta que los nuevos resultados vuelvan a torcer la historia a su antojo- cae como el último eslabón de una semana rara: hace nueve días, el Taladro perdió con Arsenal. Inmediatamente, el destino decidió mostrarles caras opuestas: uno recibió seis goles -y una paliza futbolística- en Brasil, con Fluminense, y el otro acaba de darse este gusto único, en el partido que más espera.
Las historias del fútbol desde la cancha suelen dejar en un segundo plano las de los hombres que lo hacen, pero detrás de este clásico hay una que será rescatada por los grandes titulares. Arrinconado por la contingencia de los malos resultados, insultado por las amenazas, Juan Manuel Llop tuvo su momento de reivindicación. No ante quienes lo intimidaron, sino frente a las inclemencias de este juego, cuyos caprichos a veces componen algunas cosas.



