Con un jugador menos, Real Madrid dio vuelta el clásico español y ganó en el Camp Nou

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Los goles de Benzemá y Cristiano Ronaldo le permitieron obtener un triunfo valioso ante Barcelona, que se había puesto en ventaja con gol de Piqué
Martín Rodríguez Yebra
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2 de abril de 2016  • 15:15

Cristiano festejó el gol del triunfo
Cristiano festejó el gol del triunfo Fuente: Reuters

BARCELONA.– El guión ponía que caerían lágrimas en el Camp Nou. Pero tenía que ser sólo al principio: el silencio inverosímil de 100.000 personas, una infinidad de cartulinas que formaban en las tribunas "Grácies Johan", los ojos humedecidos de Messi cuando levantó la mirada y vio el rostro del gran Cruyff en el videomarcador.

No entraba en los planes del Barça que el homenaje al holandés que le inventó su identidad terminara también con ese murmullo lúgubre. Fue como si el luto hubiera paralizado a la maquinaria futbolística que se intuía infalible. Un Real Madrid que entró en el campo a no morir acabó por celebrar un renacer: ganó el clásico 2-1, con un jugador menos y con Cristiano Ronaldo como autor del grito decisivo a seis minutos del final.

Al Barça se le cortó en 39 la racha de partidos invictos. Messi no hizo el ansiado gol 500. El Camp Nou volvió a ser conquistado después de 14 meses. Y el trámite de ganar la Liga requerirá algún sudor, con el Atlético a 6 puntos y el Madrid a 7.

Decía Cruyff, fundamentalista del sentido común, eso de que "si nosotros tenemos el balón, ellos no pueden hacer ningún gol". La frase podrá encerrar una filosofía de juego, pero ayer –justo ayer– se reveló tan relativa...

El Barça entretuvo la pelota. La acaparó por momentos. Y sin embargo sus jugadores deambulaban por el césped sin espíritu ni vertígo. Ni pasión. Fiados acaso a aquella verdad cruyffista o a la simple costumbre de ganar porque es lo que indica la lógica. Eran como extras de sí mismos. Neymar se extravió 90 minutos por la punta izquierda. Luis Suárez fue capaz de pifiar una pelota a tres metros del arco sin rivales por delante. Iniesta corría más de lo que pensaba.

Messi se ubicó cerca del círculo central. La banda derecha ni la pisó, como si hubiera llegado empachado de sus partidos con la selección. De falso 9 apenas tuvo el número en la camiseta. Fue uno de esos partidos en los que los relatores que lo quieren dicen que "se dosifica" para no admitir que a veces incluso él puede tener un día flojo. Y, aún así, de su inspiración salió lo mejor del Barça. Caprichos del fútbol: un error de percepción puede convertir la gloria en fracaso. Promediaba el primer tiempo y Messi se escapaba al gol cuando Sergio Ramos lo derribó en la línea del área. El árbitro Alejandro Hernández Hernández no vio penal y el defensor jugó de prestado un buen rato más con la amarilla que recibió más tarde. Encolumnado

El festejo del Madrid en el Camp Nou
El festejo del Madrid en el Camp Nou Fuente: Reuters

El Camp Nou estalló en una pañolada que desconcentró al Barça. El Real Madrid, que era hasta entonces un equipo que pasaba por ahí, apichonado, a la espera de una catástrofe inevitable, tomó aire. Se acomodó. Empezó a atreverse a buscar las espaldas siempre generosas de Dani Alves y de Jordi Alba.

Posesión vs. contragolpe. Sólo entonces empezó a cumplirse el duelo de estilos, pero era un duelo desabrido. Como si en el fondo no tuvieran ansias de hacerse daño. Jugaban apretados en 35 metros, perdidos en la intrascendencia. ¿Sería que a los dos les valía el empate en una Liga con pronóstico cantado y a pocas horas de los partidos vitales por los cuartos de la Champions?

En el segundo tiempo volvió a ser Messi el que quiso romper el pacto. En la única combinación del tridente sudamericano, le quedó una pelota un poco pegada la pie en el borde del área y probó de emboquillada al ángulo. Keylor Navas la despejó con mano cambiada.

El estadio ardió al fin. Vino una avalancha de cuatro córners que terminó con un cabezazo imparable de Piqué para poner el 1-0. Iban 10 minutos. En el delirio del festejo a nadie se le cruzó eso de que "el fútbol debe ser un espectáculo", que decía Cruyff. El Barça ganaba, el título quedaba finiquitado casi y el eterno rival, hundido en su desgracia. A Zidane le esperaba la maldición de los DT madridistas: todos perdían en su primer clásico desde que Messi lidera al Barça (Ramos, Mourinho, Ancelotti, Benítez).

Los locales se entregaron al tedio del pase sin convicción. De esos que se suelen fallar. Así, en el minuto 16 le quedó una pelota a Marcelo por la izquierda, desfiló sin marca 50 metros, abrió para Kroos y de un centro sucio Benzema sacó una tijera en el área que terminó en la red. Si el Barça hasta entonces intentaba enmascarar su ausencia, el gol madridista terminó por desnudarlo. Se quedó sin físico. Los tres de arriba perdían en cada pique. Los medios descansaban tirándola para atrás. La defensa empezó a mostrar agujeros. No supieron escuchar a Cruyff cuando decía que "si no puedes ganar, asegúrate de no perder". Bale desbordó cada vez que quiso a Alba. Cristiano –desparecido durante 75 minutos– empezó a inquietar. Modric dio un paso al frente. El árbitro le anuló un gol a Bale por una infracción que ni los defensores del Barça habían percibido. Cristiano estrelló un bombazo en el palo. El imperio se desmoronaba. Encolumnado

El festejo del Madrid en el Camp Nou
El festejo del Madrid en el Camp Nou Fuente: Reuters

Ramos pareció tirarle el último salvavidas al Barça. Tenía más vidas que un gato, pero al final salió expulsado por una patada a Suárez impropia de su calidad. ¿Sería capaz ahora sí de ganarlo? No. Lo perdió. A seis del final, Bale otra vez desgajó la defensa, lo encontró al portugués y él, el más odiado por el Camp Nou, definió con la precisión de su leyenda. La BBC batía una noche a la MSN.

"Este partido ya no existe. Ya no hay dolor ni nada", dijo Luis Enrique, con todo terminado. El martes le espera un calvario: el Atlético de Simeone por la Copa de Europa.

Caía la madrugada en Cataluña y circulaban estadísticas funestas. Como que el Barcelona sólo ganó una vez la Liga después de perder el clásico de local y fue en 1929. O que hacía 50 años que el Real Madrid no remontaba un partido en el Camp Nou. Lo habitual en el Barça. En el camino a la perfección siempre se interpone la amenaza de la próxima crisis.

El gol de Piqué

El empate de Benzema

El gol de Cristiano

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