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SHIZUOKA, Japón.– Son tiempos de economía de mercado y de la exaltación de la imagen como objeto de culto. Por eso, poco importa que el Mundial aún no tenga definido el perfil de una figura, de un nombre que se eleve por su peso futbolístico. Mientras ese trono sigue vacante, el torneo ya consagró a su personalidad más carismática, al hombre que produce debilidad y devoción por encima de lo que rinda dentro de una cancha. Un ídolo que no es del tipo que pudieron ser Maradona, Pelé o Romario. David Beckham, además de la pegada certera de su pie derecho, tiene el glamour y el aparato publicitario de los tiempos modernos. El fútbol y la maquinaria del espectáculo lo convirtieron en un personaje irresistible en el lugar del mundo donde aparezca.
En Japón, residencia permanente de Inglaterra hasta este momento, ningún otro jugador le discute la preferencia de la gente, que aquí aprendió a admirarlo desde hace bastante, a partir de la fuerte campaña de inserción del Manchester en el mercado oriental. En donde los británicos monten su concentración, en la puerta habrá una nutrida guardia, casi permanente, de chicas y jóvenes vestidos con la camiseta N° 7 para espiar un instante de esta celebridad. Muchos de ellos se hicieron el peinado del volante, que entre su variedad de cortes ahora exhibe una cresta de gallo teñida y sostenida por gel.
La Beckhammanía es uno de los fenómenos de este Mundial y no deja de llamarle la atención a su protagonista: “Ver niños pequeños, de sólo un año, con el pelo igual al mío... bueno, resulta un tanto extraordinario”, comentó absorto en los últimos días.
Cuando el lunes pasado ingresó como observador en el estadio de Kobe, 20 minutos antes de que empezara Brasil-Bélgica, en el sector de plateas se produjo un desbande. La policía tuvo que contener a los que se acercaban a él como moscas a la miel. Para el interés general, no había llegado parte del plantel inglés; había entrado Beckham y los demás eran meros acompañantes.
Es probable que tras la eliminación de Japón, la de Beckham pase a ser la camiseta más vendida en estas tierras, por encima de la del seleccionado local, que venía primera en el ranking. En algunos programas nocturnos de la TV japonesa se vende, por 280 dólares, su foto autografiada, acompañada por un certificado de la autenticidad de la rúbrica.
La prensa también lo aborda como a una figura especial y lo expone a inquietudes casi inverosímiles; por ejemplo, tras la clasificación para los cuartos de final, un periodista inglés le consultó cómo había recibido el triunfo sobre Dinamarca su pequeño hijo Brooklyn, fruto de su matrimonio con la Spice Girls Victoria Adams. “Está muy contento, pero no pudo ver el partido completo porque tuvo que ir a una exposición de perros”, expresó el volante.
Quienes comparten un plantel con él aseguran que es un buen compañero y que la fama no lo envaneció ni lo encerró en una burbuja. En su autobiografía intenta dejarlo en claro: “Soy un futbolista, no un showman. Lo único que quiero es que se me reconozca por mi trabajo. Todos los rumores que se escuchan sobre mí y esta fama que me rodea no me atraen para nada. Pero si algo aprendí es a convivir con ella, porque forma parte de mi vida”. Algo a lo que indirectamente también deben habituarse sus padres, quienes estando en Tokio, en un bar del barrio Roppongi, fueron reconocidos por un simpatizante inglés; enseguida se acercaron chicas japonesas rogándoles a los padres que les permitieran sacarse fotos con ellos, y la aceptación generó más de una lágrima de felicidad.
Su carrera es un filón económico impresionante. Renovó contrato con Manchester y cobra 125.000 dólares por semana, su flota de automóviles –uno de sus hobbies– cuenta con una Ferrari, un Lincoln Navigator, un BMW N5 y un Mercedes-Benz SLK descapotable. Pero como una de sus preocupaciones es la seguridad de su familia, su última adquisición fue un Mercedes-Benz S500, equipado para resistir el fuego de las ametralladoras y hasta un ataque con armas químicas; los vidrios blindados tienen 2,5 cm de espesor y las cubiertas son a prueba de proyectiles; por semejante fortificación andante pagó 225.000 dólares.
La fractura que le provocó Aldo Duscher y puso en riesgo su participación en el Mundial hizo temblar a las agencias publicitarias, que habían pronosticado un lucro cesante por 15.000.000 de dólares. Pero el hijo de un instalador de cocinas y de una peluquera, nacido el 2 de mayo de 1975, en Leytonstone, como David Robert Joseph Beckham, vino a Oriente con el brazalete de capitán y la misión de líder que le encargó Sven Goran Eriksson ni bien asumió. Más allá de algunos detalles futbolísticos propios de su sello, aún no se lo ve en su mejor forma. Nada que opaque la luminosidad que la gente asegura ver en él.
SHIZUOKA, Japón (AP).– “Si repetimos la actuación que tuvimos ante la Argentina, no tengo dudas de que le ganaremos a Brasil”, señaló el DT de Inglaterra, Sven Goran Eriksson, que espera por la recuperación total de Owen y Scholes. “Son problemas menores”, aclaró. Para Eriksson, la lluvia pronosticada “será una aliada” de los ingleses.
