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La joven pareja reconoció al hombre que estaba con la mirada clavada en la nada. No esperaban encontrarse con Marcelo Bielsa en Ezeiza... y mucho menos aliviarle la mañana. El celular del entrenador fallaba y el de los chicos le permitió destrabar una espera que naturalmente lo incomodaba. Ellos se habían acercado en búsqueda de un autógrafo, pero fue Bielsa el que terminó tomando nota de su número telefónico porque prometió compensarles el favor. ¿Una escena inusual? Probablemente. Los llamará porque les dio su palabra, un compromiso de fierro para el técnico en tiempos tan líquidos. "Me vuelvo a mi país", había disparado el sábado a la tarde para convulsionar Marsella y ahí estaba, solo, bajo la llovizna de un lunes plomizo.
El escurridor del muchacho de limpieza iba y venía para ganarle a los charcos. Casi rozaba los pies de Bielsa, que entendió que sólo le quedaba esperar. El vuelo de Air France aterrizó puntual a las 7.50. No había una comitiva, ni autos con vidrios polarizados ni se había tramitado una gestión ante la policía aeroportuaria para salir por donde nadie pudiera descubrirlo. Nada de eso. Bielsa apareció a las 8.15 por el hall principal de la Terminal A de Ezeiza. Nadie lo acompañaba. Vestía su habitual ropa deportiva y arrastraba una pequeña valija con rueditas.
Una periodista que habrá soñado con la primicia estaba ahí. Y logró la atención de Bielsa cuando le preguntó si iba a dirigir al seleccionado mexicano. Como Bielsa detesta los rumores infundados, tanto como que se dude de su conducta, le respondió con un contundente "no". En la conferencia del sábado ya había aclarado que no dejaba Olympique para tomar otra propuesta, pero siempre supo que esa versión inundaría páginas de Internet y redes sociales. Se limitó a contestarle "si" a un colega francés que le preguntó si se dirigiría a Rosario y, amablemente, comentó que prefería no seguir dialogando. Algunos taxistas, un puñado de empleados del lugar y otros tantos pasajeros lo saludaron al paso. Otros, como la joven pareja, se detuvieron para pedirle una foto o una firma. Bielsa atendió cada pedido..., mientras siguió esperando.
Marsella quedó sumida en la sorpresa y la bronca. Algunos hinchas atacan al presidente Vincent Labrune porque no supo comprender a Bielsa. Pero son los menos.
Finalmente llegó el automóvil bordó que debía recogerlo. Mandón por excelencia, algún reproche escuchó el demorado conductor, que de inmediato enfiló hacia Rosario. Bielsa el domingo por la mañana se despidió del plantel de Olympique y por la tarde dejó Marsella, ciudad a la que había arribado en mayo del año pasado. Nadie lo registró en el aeropuerto Charles de Gaulle, en París, al embarcarse.
Marsella quedó sumida en la sorpresa y la bronca. Algunos hinchas atacan al presidente Vincent Labrune porque no supo comprender a Bielsa. Pero son los menos. Después de la perplejidad, la mayoría estalló contra el rosarino. Se sintieron abandonados. Y comenzaron a consumir las explicaciones de sólo una parte, la dirigencia del club, que se ha encargado de demonizar a Bielsa. "Sólo hace dos semanas habíamos alcanzado el acuerdo de extensión de su contrato. Tengo dificultad para entender cómo una simple reunión para discutir detalles del contrato con un abogado puede causar esta decisión", repitió Labrune. Hasta algunos jugadores fueron más allá. El diario L'Equipe ayer publicó, cuidando el anonimato, la síntesis de un futbolista: "Nos dejó en la mierda".
Según una fuente del club, el diario Libération indicó: "Estábamos en un permanente chantaje. No podía durar para siempre. Bielsa amenazaba con abandonar tan pronto como algo que no le agradase. Vivíamos con el temor de ofenderlo". Francia eligió disparar contra Bielsa al no tener mayores explicaciones. Según un informe de L'Equipe, que ayer tituló en tapa "Historia de una traición", la grieta habría nacido por una diferencia en las condiciones de su cuerpo técnico. En mayo pasado, luego de la primera temporada, se desvincularon dos de sus colaboradores más cercanos, los hermanos Javier (hoy en Once Caldas) y Diego Torrente, y Bielsa habría pedido quedarse con esos beneficios económicos -sueldo, autos, alquileres de su alojamiento, pasajes y hasta celulares-, según se relata. Esta hipótesis ofende la rectitud del rosarino.
Francia eligió disparar contra Bielsa al no tener mayores explicaciones. Según un informe de L'Equipe, que ayer tituló en tapa "Historia de una traición", la grieta habría nacido por una diferencia en las condiciones de su cuerpo técnico.
Quizá sea prudente detenerse en un artículo que ayer publicó el diario marsellés La Provence (el mismo medio menciona a Marcelo Gallardo en una extensa lista de candidatos a suceder al Loco). Allí se explica que, como se dilató entre mayo y agosto una definición sobre la continuidad o no de Bielsa, como se propició un vacío contractual, se generó una suma cercana a los 300 mil euros. Bielsa descartó reclamarlos por entender que no le correspondían y propuso invertirlos en la creación de un departamento de scouting para potenciar la búsqueda de talentos. En definitiva, una capitalización para la institución. Labrune estuvo de acuerdo. Lo avalan los antecedentes, como cuando en Chile daba charlas en universidades y las empresas pagaban un mínimo de 5000 dólares que, por exigencia de Bielsa, se destinaban a la construcción de un hotel de concentración para las selecciones menores de la Roja.
Para Bielsa, la palabra es un documento. Y los detalles valen tanto como la letra mayúscula. Al parecer, el miércoles pasado, cuando concurrió al llamado del club para rubricar lo acordado verbalmente, descubrió que entre las modificaciones que le proponían Philippe Pérez, director general, y el abogado Igor Levin, en representación de Margarita Louis-Dreyfus, la millonaria propietaria de Olympique, no aparecían los 300 mil euros destinados a un área que históricamente ha sido esencial para el desarrollo de los planes de Bielsa. Entonces certificó que ya no podía confiar en nadie. Sólo le quedaba marcharse y no se demoró en comunicarlo. Sus elogiables demonios a veces lo gobiernan. Y entre portazos y desprolijidades termina siendo funcional al circo que detesta. Cuando el club, en un comunicado oficial, dice que "el Olympique no puede de ninguna manera ser un prisionero de los requisitos de alguien que pone sus intereses personales muy por encima de los de la institución", Bielsa corrobora que hizo bien en irse.
De nuevo está Bielsa en la Argentina. Como entre septiembre de 2004 y agosto de 2007, el paréntesis que hizo en su carrera cuando dejó la selección argentina y asumió en Chile. ¿Dirigiría en el país? No. Quizá ante un desesperado llamado de su amado Newell's, si estuviese al borde del abismo. Pero un hombre que hace de los proyectos un culto no podría trabajar en este reino de la improvisación. Muchos seguirán pensando que es un hombre incomprensible. Incorregible. Bielsa, en rigor, nuevamente ha sido fiel a sí mismo. Si creen que cambiará, sepan que ha sido su penúltima locura. La leyenda del eterno perdedor se construye con giros que para la mayoría siempre serán desconcertantes.
Olympique habría ofrecido 2.750.000 euros por el 85 por ciento del pase de Milton Casco, algo aceptado por la dirigencia de Newell's. Incluso, en el Parque habían recibido la documentación de la transferencia para ser revisada y esta semana estaba previsto que un directivo y el futbolista viajaran a Marsella con el fin de cerrar la operación. Pero la sorpresiva renuncia de Bielsa puso un signo de interrogación a la partida del lateral.



