La Supercopa Argentina pone cara a cara la deuda de Boca y la urgencia de Rosario Central

El último enfrentamiento, en la Bombonera: Boca y Central empataron 0-0, en octubre pasado, por la Superliga.
El último enfrentamiento, en la Bombonera: Boca y Central empataron 0-0, en octubre pasado, por la Superliga. Fuente: FotoBAIRES
Pablo Lisotto
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2 de mayo de 2019  • 11:24

MENDOZA.- Si el fútbol se amparara solo en las estadísticas y en la actualidad de cada equipo, podría afirmarse que el partido de esta noche tendría que ser apenas un trámite para Boca. Su buen presente (tercero en el último torneo local después de ganar los dos anteriores, con un pie y medio en los octavos de final de la Copa Libertadores y clasificado a los 16vos de final de la Copa Argentina) contrasta con la realidad de Rosario Central, su rival en la definición de la Supercopa Argentina 2018, que comenzará en el Malvinas Argentinas a las 21.10.

Pero es una final. Y solo eso modifica cualquier predicción. Sobre todo porque el equipo de la Ribera acumula poco más de cuatro años sin ganar una. La última fue justamente contra el equipo que ahora conduce Diego Cocca, cuando en noviembre de 2015 un flojísimo arbitraje de Diego Ceballos le allanó a los xeneizes el camino para alzar la Copa Argentina, en Córdoba.

Entre aquel festejo y hoy hubo tres golpes muy duros. El primero fue en febrero de 2016 en Córdoba, cuando San Lorenzo vapuleó por 4-0 al equipo que dirigía Rodolfo Arruabarrena, en la Supercopa Argentina. El segundo ocurrió aquí en Mendoza, hace poco más de un año, cuando cayó 2-0 frente a River en la definición de esta misma competencia. El último, más reciente y doloroso: la final de la última Copa Libertadores en Madrid, también frente a su eterno rival.

La ausencia de Carlos Tevez es el dato saliente del equipo que entrará en la cancha esta noche. Estaba previsto que compartiera la titularidad con Mauro Zárate, pero la entorsis que sufre en su rodilla izquierda desde hace 10 días se lo impedirá. Su lugar será ocupado por Agustín Almendra o por Nahitan Nández, aunque el uruguayo sigue con molestias en su pie derecho.

Las deudas de Boca

Alfaro afronta su primera final como DT de Boca.
Alfaro afronta su primera final como DT de Boca. Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

Boca también intentará saldar una vieja deuda. Hasta aquí, la Supercopa Argentina se convirtió en un karma. La disputó tres veces y la perdió siempre. En todos los casos, además, la derrota astilló su futuro inmediato. En 2012, en Catamarca, la inesperada caída por penales ante Arsenal que casualmente dirigía Gustavo Alfaro (0-0 en los 90 y 3-4 en la definición desde los 12 pasos) contribuyó para que un mes más tarde los hinchas le bajaran el pulgar a la gestión de Julio Falcioni y pidieran a gritos el regreso de Carlos Bianchi. Dos años después, el categórico 4-0 sufrido frente a San Lorenzo sentenció el ciclo Arruabarrena, a apenas dos meses de haber ganado el campeonato local y la Copa Argentina 2015, y de renovar su contrato. Por último, hace tan solo un año y también en Mendoza, la derrota 2 a 0 frente a River derivó en un clima de tensión dentro del plantel (Tevez responsabilizó, sin nombrarlo, a Edwin Cardona de los dos goles millonarios). El mazazo desembocó en un cierre de la Superliga a los tumbos (12 puntos de 24 posibles), que igual logró ganar.

Una victoria le haría muy bien a Boca. Porque no solamente le permitiría sumar un trofeo que hoy no tiene en sus vitrinas, sino que sería una inyección de confianza al incipiente ciclo de Alfaro. No es casualidad que este partido se haya aplazado hasta ahora y no se haya programado para febrero, cuando el nuevo entrenador todavía se estaba conociendo con sus dirigidos.

Las urgencias de Central

Matías Caruzzo, el sostén defensivo de Central.
Matías Caruzzo, el sostén defensivo de Central. Crédito: @Rosario Central

Central, en tanto, atraviesa un muy mal momento. Se clasificó a esta final gracias a que se coronó en la última Copa Argentina, en diciembre. Desde entonces, cambió dos veces de entrenador (la dirigencia despidió a Edgardo Bauza apenas arrancado este año y toleró apenas 22 días a su reemplazante, Paulo Ferrari). En el medio quedó eliminado de la Copa Argentina, de la Copa Libertadores, e incluso llegará a la última fecha de la fase de grupos de esa competencia sin chances de acceder a la Sudamericana. Para colmo, Aldosivi lo sacó de la Copa de la Superliga en la primera rueda e iniciará el próximo torneo entre los cinco equipos más complicados con el descenso, con un promedio preocupante.

De todos modos, justamente todo ese combo es lo que alimenta la ilusión canalla. Desde hace dos semanas, en lo único que piensan el cuerpo técnico y sus dirigidos es en este partido. El foco es ése. Para Central esta noche se jugará la final del mundo. La chance de reivindicarse después de un inicio de año pésimo. La posibilidad de levantar un trofeo que sirva como trampolín anímico para todo lo difícil que se viene. Y, como plus, la oportunidad de vengar aquella final escandalosa, cuando un penal que solo vio Ceballos y un segundo gol en posición adelantada consagró a Boca y frustró a los entonces dirigidos por Eduardo Coudet.

Todos los condimentos están sobre la mesa. Basta que la pelota comience a rodar, con una única certeza: solo uno de los dos gritará campeón.

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