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El fútbol tiene sus tiempos, que suelen ser más lentos que los emplean el marketing y otros aparatos publicitarios, empeñados en una constante promoción de grandes figuras y de equipos que supuestamente se construyen de la noche a la mañana, con individualidades que resuelven y deslumbran en un abrir y cerrar de ojos. La tentación de aplicar esos parámetros con Brasil es muy grande por el enorme potencial futbolístico del país de los pentacampeones mundiales y bicampeón en ejercicio de la Copa América. Pero Brasil, aun disponiendo de más materia prima que el resto, también está sometido a las leyes del fútbol que indican que los grandes equipos no se encuentran a la vuelta de la esquina. El proceso de construcción y búsqueda es largo y está expuesto a vicisitudes, como las que vivió Brasil en el debut ante un rival al que habitualmente golea y ayer no pudo vencer ni marcarle un gol.
En menos de 48 horas, el estadio Ciudad de La Plata enterró en su desparejo campo el favoritismo de la Argentina y Brasil. El clima gélido congeló momentáneamente las expectativas que despertaban los finalistas de los últimos dos torneos continentales. Ambos sucumbieron ante adversarios (Bolivia y Venezuela) que suplieron una inferior categoría individual con planteos ordenados, tácticamente muy aplicados y dotados de una resistencia física que en otras épocas no era tan común que figurara en sus inventarios. Impedidos de establecer claras diferencias futbolísticas, la Argentina y Brasil tampoco se llevaron por delante, de prepo, a dos oposiciones que suelen estar entre lo más relegado del continente.
Brasil vino a nuestro país a darle rodaje a la renovación que puso en marcha el técnico Mano Menezes, con la meta puesta en el Mundial que organizarán en 2014. Poco queda del legado de Dunga, tanto en jugadores como en el estilo que se persigue. Brasil pretende volver a ser una referencia planetaria del buen juego y de las destrezas técnicas. Puso la pelota en pies de futbolistas jóvenes y atrevidos. A la cabeza de todos ellos, Neymar, que tiene edad (19 años) para participar en el inminente Mundial Sub 20, pero que llega con carta de presentación de estrella del Santos campeón de la Copa Libertadores. Robinho (26) es el más experimentado en un esquema ofensivo que además incluye a Ganso (21), un enganche clásico, y Pato (21). Detrás de esa dotación atacante, dos volantes con la intensidad de la Premier League: Leiva (24, de Liverpool) y Ramires (24, de Chelsea).
La juventud brasileña se tradujo más en inmadurez que en desenfado y frescura futbolística. Al equipo le faltó colmillo para entrarle a una Venezuela que nunca se dejó pasar por un bocado. Sus centrales, sobre todo Vizcarrondo, defendieron con fiereza. Las pocas veces que el compacto bloque no neutralizó a Brasil, por detrás de todos apareció el solvente arquero Vega, que con las manos y en sus saltos combina la agilidad de un basquetbolista con la de un voleibolista.
A las buenas intenciones de Brasil les faltaron sincronización y profundidad. Pocas veces las individualidades se encontaron en función de equipo. Ganso, un zurdo de estampa elegante y cabeza levantada, fue demasiado intermitente para constituirse en el organizador. Neymar, recostado sobre la izquierda, como lo hace en Santos, no tuvo espacios para imponer su aceleración. Se enredó demasiado con la pelota y pocas veces aseguró la posesión. Dio la imagen de talento disperso e inconstante.
Pato fue el hombre más peligroso (además de un bombazo en el travesaño estuvo cerca del gol en otras dos oportunidades), pero no fue debidamente asistido. Lo buscaron más con pelotazos que con juego combinado. Las proyecciones de Dani Alves no tuvieron la claridad ni la profundidad que son una marca registrada en Barcelona.
Robinho pecó de displicente en un par de definiciones. Venezuela estaba dispuesta a pelear hasta desde el piso, como lo hizo Vizcarrondo al evitar el gol ante el delantero de Milan.
Lo de Brasil fue peor en el segundo tiempo. Estuvo más nervioso e impreciso. Los cambios (ingresó el volante Lucas, otra promesa de 18 años, de San Pablo) no le dieron más profundidad. Hubo demasiado apuro, los esfuerzos fueron individuales y no apareció un liderazgo que mostrara el camino correcto y aglutinara voluntades. A los garotos de Brasil les sobra vidriera, pero les falta maduración para ser irresistibles.
El técnico Farías tuvo choques con Vega por motivos disciplinarios. Casi queda afuera, pero fue titular y decisivo en el 0-0.
Aunque le restó importancia y gravedad, César Farías, técnico de Venezuela, se quejó por la agresión de un integrante del cuerpo técnico de Brasil cuando protestaba porque no se había detenido el partido para atender a un lesionado.
En el historial de la Copa América, Brasil había ganado los cinco partidos que disputó contra Venezuela, con 25 goles a favor y sólo uno en contra. En 1987, la ocasión anterior en la que la Argentina fue sede del torneo, el equipo verde-amarillo había goleado 5 a 0 a la Vinotinto en Córdoba.
El estadio Ciudad de La Plata estuvo cubierto en un 80 por ciento de su capacidad. Al margen de los miles de brasileños, muchos argentinos, hinchas de Estudiantes y Gimnasia, abuchearon al venezolano César González, ex volante del Lobo. Los primeros lo hicieron por la rivalidad, y los segundos, porque el Maestrico nunca rindió y se alejó del plantel antes de la Promoción.
"Venezuela sorprendió a Brasil", tituló el diario El Nacional de Caracas, que destacá que la Vinotinto "cobró vida y propuso buen fútbol en el segundo tiempo". TalCualDigital. calificó "histórico" el empate.
UNA DEDICATORIA ESPECIAL
La vinotinto se acordó de Chávez
"Quiero mandarle todo el apoyo a un ser humano que está pasando por un momento bastante difícil. Sabemos que desde Cuba las energías estaban puestas en nosotros", dijo el central Grendy Perozzo a la agencia DPA. Antes del debut del seleccionado venezolano, el presidente Hugo Chávez -quien se recupera de una operación en La Habana- había escrito un mensaje de aliento para los jugadores en su cuenta de Twitter.
Sobre el partido, el zaguero Gabriel Cichero opinó: "Estuvimos muy concentrados y nos faltó muy poco para quedarnos con un triunfo. Pero ahora tenemos que saber aprender de estos momentos para seguir creciendo". "Este resultado no es casualidad, sino producto de un proceso", dijo el DT Farías.

