¿Cambia de idea? Alfaro quiere ganar los seis partidos que faltan de 2019 para ver si puede quedarse en Boca

Alfaro y un futuro lleno de incertidumbre
Alfaro y un futuro lleno de incertidumbre Fuente: FotoBAIRES
Franco Tossi
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25 de octubre de 2019  • 23:15

Las horas pasaron. El desahogo, "desafortunado" según el pensamiento dirigencial, de Gustavo Alfaro no bien se consumó la eliminación ante River en semifinales de la Copa Libertadores, comenzó a cesar. A partir de los reproches que recibió en la intimidad, por un momento sensible que lo que menos necesitaba era un "quiero volver a mi casa a retomar mi vida", y la lejanía de aquellas horas de declaraciones en caliente, el entrenador de Boca se dio cuenta de que fue un error exponerse con algunas frases y mostrarse más abatido de lo que debía.

El semblante caído de la madrugada del miércoles aún no cambió rotundamente, porque todavía hay acumulada una gran cuota de amargura. No obstante, hay algo que empezó a rondar en su cabeza: ¿De qué manera tomar impulso para seguir siendo el técnico de Boca?

Es cierto que Alfaro siente cierto desgaste por estos casi once meses al frente de un conjunto que está bajo la lupa cada día. Cada minuto. Cada segundo. Y no es raro que eso ocurra: al propio Guillermo Barros Schelotto, que conocía de sobra al club, ser el centro del mundo xeneize le quitó la fortaleza tras la final perdida en Madrid. Quería continuar con algunas condiciones, como que los dirigentes lo avalen en la decisión de prescindir de tres jugadores de peso, pero en eso no estaba de acuerdo Daniel Angelici.

El presidente no quiso renovar el vínculo con el Mellizo. Pero ahora, cuando parecía que Alfaro había tirado la toalla incluso antes del final de su contrato, el rafaelino empezó a encontrar algo de fuerza de la energía perdida.

Así es como se propuso una meta. Y en eso, hay un cambio con respecto a esa frase que tanta trascendencia tomó en los medios y en los hinchas. Del "tratar de terminar estos partidos que nos quedan de la mejor manera" pasó a hablar con su cuerpo técnico y los jugadores de que "tenemos que ganar los seis encuentros que faltan".

Es importante remarcar algo que da una pista de sus intenciones: en las últimas horas transcurrió que, en la charla con sus futbolistas, Alfaro les habría afirmado que a fin de año dejaría la institución, rumor que fue totalmente desmentido a LA NACION por allegados al técnico. Y, por otro lado, las fuentes cercanas a él no se mueven de algo fundamental: "Y hay que ver qué pasa con las elecciones...". Alfaro sigue teniendo la mirada de reojo ahí y, de hecho, esa frase con la que revolucionó todo encuentra un poco de sentido en ese acontecimiento del 8 de diciembre que puede traer cambios. Sus ganas de continuar, más allá del cansancio, están.

El chip empieza a ser otro. ¿Quedaría preso de lo que dijo? Claro que sí. Pero ya eso poco le importa, más allá de ser un hombre de palabra. Entonces, una vez que pasen las elecciones nacionales de este domingo, el duelo ante Lanús (el jueves, en La Fortaleza) será el inicio de un desafío a corto plazo: imponerse en los compromisos que tiene como visitante ante el Granate, Vélez y Rosario Central, y hacer lo propio en la Bombonera frente a Arsenal, Unión y Argentinos.

¿Para qué? Además de querer dejar al equipo en el liderazgo de la Superliga, para convencer. ¿Al oficialismo? No hace falta: en caso de que Christian Gribaudo gane en los comicios, el director deportivo Nicolás Burdisso, que tiene un año más de contrato, está muy seguro de que él debe seguir al frente del plantel en 2020. Aunque Alfaro no quiere saber nada con que le ofrezcan una renovación que no tiene la certeza de si será posible, porque depende del voto del socio, esa garantía que le dan desde la secretaría deportiva también es un estímulo para mostrar en lo inmediato que puede estar a la altura.

Asimismo, la cuestión pasa por inclinar la balanza en la oposición, en caso de que se impongan. Es que el entrenador está algo perseguido, le duelen las críticas y su imaginación está inmóvil con un solo pensamiento: que lo sacarán del puesto. Sobre todo, en medio de los rumores que ya empiezan a llegar a sus oídos: aparecen los nombres de Gabriel Heinze, Jorge Almirón, Ricardo Gareca y Martín Palermo como posibles reemplazantes.

Sin embargo, Jorge Amor Ameal, la mayor fuerza opositora, en caso de ganar tendría entre sus primeras acciones sentarse a hablar tanto con él como con Burdisso para enterarse de cómo se trabajó, analizar y sacar conclusiones del año de ambos. Y en base a eso, tomar una determinación para iniciar su mandato. ¿Puede terminar de todas formas afuera del club? Obvio. ¿Puede entrar en los planes? También. Nada se descarta. Beraldi, Santa María, Salvestrini y Martucci, el resto de la oposición, no harían algo muy diferente: al fin y al cabo se deberán reunir con el mánager Burdisso.

Otra de las fuerzas que encuentra Alfaro es lo vivido. Su ciclo guarda muy buenos números que, de no ser por River, no se discutirían: 25 festejos y solo 5 caídas en 44 compromisos oficiales, campeón de la Supercopa Argentina, subcampeón de la Copa de la Superliga y semifinalista de la Copa Libertadores.Todo, sin haber estado identificado con Boca anteriormente.

Por eso, siente que con solo diez meses en la dirección técnica tuvo mucha mala suerte de tener que enfrentar internacionalmente al karma de los últimos años, más allá de su fuerte convicción de que podía terminar con aquello. ¿Por qué no apelar a otra oportunidad con mayor fortuna que le permita hacerse más grande?

La incógnita sobre el futuro de Alfaro sigue atada al 8 de diciembre. Pero más allá de sus frases tras quedar eliminado ante River, algo parece ir cambiando: las ganas de seguir en el DT empiezan a resurgir. Para darle un nuevo impulso a este desafío, será clave lograr un mejor juego y convencer a los jugadores de que es posible ganar los seis partidos que faltan de 2019.

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