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En su debut, el flamante entrenador de la Academia, Ricardo Caruso Lombardi, dejó su inconfundible sello. Vestido con traje oscuro, camisa blanca y una corbata celeste, ingresó en el campo de juego con gesto serio, adusto, aunque casi emocionado. Pero no tardó en mostrar su multifacética personalidad haciendo bromas a los suplentes y colaboradores. Todos los flashes lo tenían como único destinatario. Y él, siempre parado, comenzaba a sonreír. Del otro lado, ninguno de sus ex dirigidos se arrimó para saludarlo.
Verborrágico, histriónico y, por momentos, exagerado, supo despertar la esperanza. A menos de una semana de haber asumido en Racing, la gente lo recibió con banderas y carteles. En una podía leerse "Mucha suerte Caruso". Otra, rezaba: "Bienvenido a nuestra casa".
Pero esos deseos quedaron truncos. Pese a que su equipo no jugaba del todo, el triunfo parecía asegurado. Dew pronto, pasó de la gloria a la desazón. El gol de Pavlovich fue el convidado de piedra, que decretó su suerte.
La inyección anímica que intentó darle a sus dirigidos por momentos se hizo visible y el abanderado fue Pablo Lugüercio. Para eso, utilizó su mejor antídoto: la motivación. Fiel a su estilo, había anticipado: "Para mí, sacar adelante a Racing es como salir campeón".
El ex DT de Argentinos Juniors y Newell´s se encargó, en cada una de sus apariciones mediáticas, de asumir la presión para intentar respaldar a sus jugadores, que venían de un traspié tras otro. En la semana habló y dio indicaciones en forma enérgica y altisonante. Ayer, sucedió lo mismo. Alentó y arengó constantemente. Aunque se cuidó porque el árbitro era Rafael Furchi, con quien ya se había enfrentado cuando dirigía a All Boys.
El tanto de Adrián Lucero, a los 5 minutos del segundo tiempo, lo encontró en un festejo ampuloso, como queriendo abrazarse con una tribuna local que estallaba, extasiada. Pero la magia duró poco.
Anoche, Caruso intentó utilizar el mismo manual que tan buenos resultados le dio en su paso por el fútbol de ascenso y en su fresca carrera en primera división, que lo posicionaron entre los técnicos más controvertidos del fútbol doméstico. Presión y marca. "Hacha y tiza", como pedía en la semana a sus dirigidos. Caruso lo sabe. Al conjunto de Avellaneda lo urge sumar puntos para salir de la zona de Promoción. Un fantasma que lo sigue y atosiga.
En fin... un Caruso auténtico.


