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La única imagen que puede quedar para el final es la de un equipo abatido, de cabezas gachas desfilando hacia el vestuario y los insultos para Osvaldo Piazza, el DT que más tarde renunció. Pero antes de ese contundente 4 a 0 de Rosario Central sobre Huracán se dio un partido atípico por su desarrollo, que encontró al conjunto de Parque de los Patricios como dominador y a los rosarinos defendiéndose y jugando con los nervios de su oponente.
Para empezar, este Central está muy lejos de aquel que llegó a las semifinales de la Libertadores. Ya sin Lequi, el Equi González, Maceratesi y Loeschbor, se convirtió en un conjunto que no sale a buscar el partido, sino que espera entre la prudencia y la especulación.
Huracán trató de salir de esta crisis futbolística. Manejó la pelota con Ramón Antonio Ortiz -muy bien en la ejecución del juego- y el toque asociado de Luis González, Padra y Buján. Lo único que faltó para que llegara el gol fue algo de pericia en Derlis Soto y en Canobbio..., o que en el arco de Central no estuviera Hernán Castellano. El fue responsable de que dos formidables remates de Ortiz, que tenían destino de red, se fueran al córner. Encima, cuando Central llegó, mató . En una jugada aislada, tras un pase de Arias, Pizzi cabeceó al gol.
El andar del partido fue similar en la segunda mitad. Huracán no hizo mal las cosas, pero llegó el 0-2 y se desmoralizó. Fue en un minuto fatal: Castellano (cuando no) le tapó un mano a mano a Adippe, en el contraataque, Ríos no pudo contener un remate de Arias y Pizzi aumentó la diferencia. Tras esa jugada, el partido se desvirtuó. Huracán se regaló a las réplicas rosarinas y con un Arias veloz e inspirado llegó el tercero de Mariano González y después el cuarto de César Delgado. En definitiva, un análisis que no se tiene en cuenta cuando se repasan los resultados.
El arbitraje de Gustavo Bassi dejó muchas dudas. En el segundo tiempo se vieron dos jugadas muy parecidas que terminaron con agarrones de Mauro Cetto a Fernando Moner. Dos claros penales que el referí no sancionó. Sin embargo, la tarea del juez no tuvo otras equivocaciones.
Fiebre: Laureano Tombolini y Gustavo Arriola amanecieron ayer con fiebre. Ambos comparten la habitación en la concentración, por lo que el cuerpo técnico de Central decidió enviar a ambos futbolistas a Rosario de inmediato, para no contagiar al resto del plantel, pese a desconocerse la enfermedad. Tombolini era titular, por eso atajó Castellano, una de las figuras del partido. En lugar de Arriola, en el banco estuvo César Delgado, que en el segundo tiempo ingresó y marcó el cuarto gol.
Mucha fe, poco fútbol: el equipo de Parque de los Patricios viajó el jueves último a Luján, para pedirle a la Virgen que se corte la racha negativa. Al margen de la fe mostrada por los futbolistas, el desempeño no les permitió revertir la mala situación.
Poca gente: si bien el precio de la entrada general se redujo de 10 a 6 pesos, el público de Huracán no respondió.
Aniversario: anteayer se cumplieron 54 años de la habilitación del estadio Tomás A. Ducó. Fue por ello que se realizó un pequeño acto minutos antes de comenzar el encuentro.
Estacionamiento: Huracán firmó un convenio con el Organismo Nacional de Bienes del Estado (Onabe) por el cual recibirá por el plazo de dos años un terreno de dos hectáreas aledañas a la estación Buenos Aires, y que se comunica con la platea Mirabé. En ese lugar se construirá una playa de estacionamiento para albergar 1200 autos.
Gómez, lesionado: Marcelo Gómez, volante de Huracán, no jugó anoche porque padece un traumatismo en las costillas. La lesión del volante central se produjo el domingo último, cuando Huracán se enfrentó con Argentinos Juniors.

