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"Estaba en mi casa y de golpe hubo disparos. No sé quiénes eran los que tiraban; no los vi." Mientras tres policías le tomaban declaración, Fernanda Nievas sudaba hielo. En su pierna izquierda tiene una herida de bala. Es el precio que debió pagar por ser la cuñada de Orlando Sosa, uno de los cabecillas de la facción La Zavaleta, muerto a tiros por integrantes de La José C. Paz, el otro bando que se disputa la colonización de la tribuna de Huracán y los beneficios económicos que ello implica.
Los testimonios limitados de claridad, exiguos y ligeros de contundencia se repitieron con los otros personajes involucrados a los que la policía recurrió ayer en su intento de esclarecer la muerte de los dos barrabravas del Globo. "Nadie dice nada. Es como si hubiera un pacto de silencio. Por lo menos que nos digan quiénes creen que fueron, pero ni siquiera eso. Es una constante en este tipo de casos", bramó ante La Nacion una fuente judicial que está al tanto de la investigación.
Entre los códigos de las barras bravas, el silencio es una regla de vida. Ni siquiera los heridos aportaron datos útiles para facilitar el rastrillaje que está haciendo la fiscalía de Parque Patricios y Nueva Pompeya. Por eso, desde la Justicia recurrirán a las filmaciones del estadio y no descartan, también, citar a los dirigentes del club presidido por Carlos Babington.
En la mira de la comisaría 32ª quedó Claudio "el Cone" De Respinis, el líder de La José C. Paz y hermano de Fernando, la otra víctima fatal que tuvo el sangriento enfrentamiento a los tiros que se dio en la noche del domingo. "El Cone", que no asistió ayer al sepelio de su hermano en el cementerio de Flores, podría ser llamado hoy por la fiscalía para dar su versión. En caso de resistirse, se recurriría a su detención por medio de la fuerza pública. De Respinis vive en Luna 1560, en el mismo domicilio familiar donde fulminaron a balazos a su hermano menor, lo que originó la venganza y el posterior ataque a Sosa, emboscado en la puerta del hospital Penna.
En sintonía con las palabras del ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, el presidente de la AFA, Julio Grondona, expresó que el hecho nada tiene que ver con el deporte. "El fútbol está sirviendo como identificador de delincuentes que andan sueltos y se juntan con este deporte como excusa", manifestó el máximo dirigente del fútbol argentino.
Lo curioso fue que Grondona exculpó a los directivos de los clubes por este tipo de hechos. "Todo esto es lamentable, pero no es nuevo. No se les puede pedir a los dirigentes que controlen situaciones como las del domingo, que ocurrieron lejos de la cancha de Huracán", señaló Grondona.
El útil vínculo entre barras y dirigentes es conocido y persiste en la mayoría de los clubes. En el caso de Huracán, la hinchada administraría el expendio de bebidas y alimentos de la tribuna Bonavena, y recibiría unas 500 entradas por partido.
En otras instituciones la situación es similar. En Independiente, según una información que maneja la Justicia, los barras ingresaron pirotecnia al estadio con la complicidad de los dirigentes y utileros, a cambio de no insultar a la comisión directiva. O en Boca, donde Mauro Martín y su séquito controlan los molinetes, y las banderas de La 12 se confunden con el equipaje del plantel cada vez que el plantel viaja por las provincias o juega en el exterior. Ni hablar en River, después de la tristemente célebre declaración del protesorero Héctor Cavallero, quien lanzó: "Creamos un Frankenstein y no lo pudimos controlar", en referencia a la lucha por el poder en Los Borrachos del Tablón.
Hace dos semanas, el director del Coprosede, Rubén Pérez, le decía a La Nacion que "los dirigentes deben dejar de ser hipócritas", en relación con la medida que prohíbe el ingreso de público visitante en el ascenso. Lo mismo sucede con el Subsef, pero con el derecho de admisión. "A los dirigentes les viene bien esta medida, pero ellos deben ponerse las pilas, dejar de darles entradas, micros... Sé que es difícil porque les aprietan a las familias y los amenazan, pero deben colaborar un poco", comentó un allegado a Pablo Paladino, el encargado del organismo.
Como la omertá es una regla de vida entre las mafias, el silencio y la hipocresía lo es entre los barrabravas y los dirigentes. Ayer, un comunicado de la barra de Huracán, difundido en el sitio www.patriaquemera.com.ar , refleja el grado de descomposición: "...No vivimos del club, tenemos algunos privilegios, pero para poder armar la fiesta en la tribuna...".
Con la presencia de Pablo Paladino, titular de la Subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos, los presidentes de Huracán y Vélez comenzarán desde hoy a delinear el operativo de seguridad que se aplicará el domingo 5 de julio. Además, el Subsef determinará la cantidad de tickets que recibirán los hinchas del Globo. Si bien por Parque Patricios pidieron 8000 entradas generales y 1500 plateas, Vélez entregaría menos de 6000 populares y alrededor de 1300 plateas. Luego de los recientes hechos de violencia que desangraron a la hinchada de Huracán, se decidió que en Liniers se aplique el derecho de admisión. Los simpatizantes del Globo están acostumbrados a que conseguir una entrada para un partido final sea una odisea: en 1994 Independiente usó una reja en la tribuna visitante para separar a ambas hinchadas. De 27.000 lugares, el Globo sólo tuvo a disposición de sus simpatizantes 15.000 entradas.

