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BARRANQUILLA (de un enviado especial).
—Maestro, cuando vaya a Barranquilla tengo una sorpresa para usted.
El Maestro era nada menos que Adolfo Pedernera, el eje de la Máquina, el fabuloso River de los ’40, que en 1948 vino a Colombia a reinventar el fútbol, acompañado por astros como Alfredo Di Stéfano, Néstor "Pipo" Rossi y otros que aprovecharon la huelga del fútbol argentino para ganar buen dinero en estas tierras.
El que preparaba la sorpresa se llamaba Marcos Coll, era futbolista del América de Cali, y de chico –seducido por esas historias de gloria deportiva que la revista El Gráfico desparramaba por todo el continente– era hincha de River Plate. Cuentan que eso no era tan llamativo antes y ni siquiera lo es ahora.
El diálogo sucedía en la primera parte de 1962. Pedernera había sido convocado para dirigir la selección colombiana, que jamás había jugado un Mundial. La reafiliación tardía a la FIFA, en los ‘50, había sido en parte responsable.
En el camino de preparación para las eliminatorias del Mundial de Chile, la selección vino a Barranquilla a jugar un amistoso, y Coll se escapó hasta la casa de su madre, no tan lejos del viejo estadio municipal Romelio Martínez (el Metropolitano fue inaugurado recién en 1986), para recuperar un recuerdo largamente atesorado, con el que esperaba conmover al Maestro. Regresó al hotel y Pedernera lo confrontó por la demora.
—Esta es la sorpresa que le tenía preparada— se defendió el chico.
Era una vieja lámina central de El Gráfico, con la foto de Pedernera como centrodelantero de la Máquina. Abajo, la firma:
"Para mi amiguito Marco Tulio Coll como prueba de un sincero recuerdo. Adolfo Pedernera. 18-8-49".
—Esto es impresionante –solo pudo decir Pedernera–. ¿De dónde lo sacaste?
—Lo tengo desde niño.
Cuando pibe, el que luego sería delantero le había arrebatado el autógrafo en una visita de Millonarios de Bogotá a Barranquilla.
Colombia se clasificó finalmente para el Mundial de 1962, dejando en el camino a Perú; Bolivia, que era el tercer integrante del grupo, se abstuvo de participar. Y Coll, al que sus compañeros llamaban "el hijo de Pedernera" a causa de su fanatismo por el ídolo devenido su entrenador, fue nuevamente convocado.
No fue una gran campaña la que realizaron en Chile. Solo rescató un punto en tres partidos, perdiendo 2-1 con Uruguay en el debut y cayendo por goleada 5-0 en la despedida del grupo A. ¡Pero qué punto! El 3 de junio de 1962, la Unión Soviética ganaba 4-1 en Arica cuando faltaba media hora para terminar, pero Coll inició la reacción con un fabuloso gol olímpico ("un gol que daría a conocer a mi país", opinaría más tarde), y el equipo colombiano empató a cuatro minutos del cierre.
Años más tarde, en 1969, Pedernera fue convocado de urgencia para hacerse cargo de la selección argentina, ante la renuncia de Humberto Maschio, para tratar de clasificarla al Mundial de México de 1970. No pudo lograr lo mismo que con Colombia. Coll tampoco volvió a jugar una Copa del Mundo: Colombia no volvería a pisar tan sagrado terreno de competencia sino hasta 1990, una década y media después de su retiro.
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