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Angel David Comizzo sonríe como un pibe. Se entrena como un pibe. Tiene la figura delgada y espigada de un pibe. Incluso, hasta tiene una melena que podría ser la envidia de varios muchachos que andan por los boliches a altas horas de la noche. Comizzo es arquero de fútbol. Y es feliz.
Por eso, es como si el almanaque no hubiera dejado caer las páginas. Como si el 14 de febrero de 1983, cuando sintió el cosquilleo único de los instantes previos a debutar en primera, hubiera sido ayer mismo. Hoy se cumplen 20 años desde aquel partido en el que se puso el buzo de Talleres, de Córdoba, para enfrentarse con Estudiantes, en el Chateau Carreras. Una tarde que fue de alegría por haber sido el primero de sus 351 partidos en primera, pero que lamentablemente terminó en una derrota por 2 a 0.
El que le cumplió el sueño fue un tocayo: Don Angel Amadeo Labruna, Angelito -como siempre lo recuerda Comizzo-, que entonces dirigía a "La T". Pero, con el tiempo, con Labruna compartiría algo más que el nombre: también la pasión por River Plate y por defender esos colores.
David, como le gusta que lo llamen, fue uno de los tantos que tuvo la posibilidad de ser dirigido por quienes dieron origen a la dicotomía mayor del fútbol argentino a nivel de entrenadores: César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo.
La primera experiencia la tuvo con el Flaco, que fue justamente quien lo llevó a River, en 1988. Esa experiencia, aunque no fue exitosa en lo deportivo, lo marcó. El Narigón, en tanto, le dio la posibilidad de integrar el plantel de la Argentina que salió subcampeón del mundo en Italia ´90, aunque se sumó al plantel sólo después de la fractura de Nery Pumpido en pleno torneo y no jugó.
Finalmente, se dio el gusto de dar dos vueltas olímpicas con el equipo de la banda roja, ambas con Daniel Passarella como técnico: en el torneo 89/90 y en el Apertura ´91. Luego, un enfrentamiento con el Káiser lo llevó a Colombia, donde recaló en América de Cali.
Su regreso no fue a River, como hubiera querido, sino a Banfield, donde también fue ídolo y aún hoy es reconocido, como en Talleres. En 1996 se fue a México, donde fue campeón en 2000, con Atlético Morelia.
Y volvió a Núñez cuando menos se lo esperaba, de la mano de su amigo Ramón Díaz. Y fue campeón otra vez, en el Clausura ´02. Pero a los 40 años, cuando muchos ya dieron la hurras, él tiene un gran objetivo: salir campeón de la Copa Libertadores y retirarse por la puerta más grande.



