Cómo se las arregló Marcelo Gallardo para dirigir igual a River las veces que estuvo suspendido

Crédito: Captura TV
Juan Patricio Balbi Vignolo
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5 de noviembre de 2018  • 23:59

Uno de los protagonistas más influyentes de la histórica película que protagonizarán Boca y River en la final de la Copa Libertadores no podrá tener su papel habitual: Marcelo Gallardo, DT millonario, deberá vivir ambos partidos fuera del campo de juego. Una situación que no es nueva para él y que es casi un déjà vu: en la final de 2015, no pudo estar en 108 de los 180 minutos frente a Tigres, tras ser expulsado durante el primer partido.

Le costó caro al Muñeco el ingreso al vestuario en el entretiempo del partido frente a Gremio en Brasil y el uso del handy para hablar con sus colaboradores pese a estar suspendido: la Conmebol le impedirá asistir a la Bombonera el próximo sábado en la primera final y además deberá cumplir una sanción de otros tres partidos. Es decir, no podrá dirigir por los próximos cuatro juegos. Y el sábado deberá despedirse de sus jugadores cuando emprendan camino hacia La Boca desde Cardales, donde concentrarán desde del miércoles.

Aún no hay precisiones sobre qué hará Gallardo durante la ida. Es una incógnita cuál será su plan para seguir el superclásico: ¿se quedará en Cardales? ¿Lo verá en el Monumental? ¿Se irá a su oficina en el predio de Ezeiza? ¿Estará en su casa? Todo puede ser para Gallardo, quien a lo largo de su ciclo de cuatro años y medio ha tenido que pasar situaciones similares: ya son seis veces (cinco en torneos internacionales) las que su ayudante Matías Biscay debió comandar al equipo, con cuatro triunfos y dos empates.

La primera por Conmebol fue en la etapa de grupos de la Copa Libertadores 2015. Tras el empate 1-1 con Juan Aurich, en Perú, Gallardo le gritó "sinvergüenza" al árbitro paraguayo Julio Quintana Rodríguez por un supuesto penal a Leonardo Pisculichi no cobrado y la Conmebol lo suspendió por dos partidos. Así, el DT debió ver desde afuera los empates 1-1 ante Aurich en el Monumental y 2-2 frente a Tigres, en Monterrey.

En Núñez, se ubicó en un palco de la platea San Martín y habló con su cuerpo técnico a través de un handy. "Ni pude bajar al vestuario, parecía un condenado. Controlaron si me podía comunicar. Pasan cosas graves en los estadios como para preocuparse por si un técnico baja al vestuario para estar con sus jugadores", disparó Gallardo esa noche. "Que haya persecuta para no entrar al vestuario me pareció raro. Te ponen multa por cualquier cosa, ¿sin vergüenza es un insulto grave? Por ahí soy un ignorante. No me dejaron entrar al vestuario y sí me obligaron a venir a la conferencia".

Luego, en tierras mexicanas, en el Estadio Universitario, vivió la agónica y vital igualdad de River nuevamente desde un palco junto con integrantes de su cuerpo técnico –Nahuel Hidalgo, analista de videos, y Rodrigo Sbroglia, excolaborador– y parte de la seguridad del plantel.

En esa misma Libertadores llegó una nueva sanción, esta vez en la final con Tigres: en la ida, el árbitro paraguayo Antonio Arias lo expulsó a los 27 minutos del segundo tiempo debido a una protesta por una mano que le cobraron a Lucas Alario. Y no pudo dirigir en la vuelta.

¿Cómo se las ingenió en el Monumental? Según se cuenta en el libro "Gallardo Monumental" del periodista Diego Borinsky, el técnico mandó a tapiar el acceso al vestuario desde el terreno de juego con unos blíndex que afectan la visión desde afuera hacia adentro pero no al revés, lo que facilitó su presencia –bajó desde la concentración encapuchado tras la señal de un empleado de seguridad– para dar la charla técnica antes del partido. Ni las cámaras televisivas ni los veedores de la Conmebol pudieron ver qué ocurría desde la cancha.

Durante el juego, se ubicó en un espacio creado especialmente para la ocasión: se armó un "minipalco" con una pantalla y una silla de umpire de tenis, en el hueco que está entre la tribuna Sívori y la platea San Martín, muy cerca del vestuario. Así, las banderas camuflaron la situación, Gallardo pudo ver el partido y se comunicó con el banco cuando algún integrante se acercaba disimuladamente hacia la zona. Además, cada tanto habló mediante un handy con su segundo ayudante Hernán Buján, quien en el final fue apercibido por la situación.

Este año, en la presente Libertadores, ya ocurrió en la vuelta de los octavos de final ante Racing –también por la salida tarde de su equipo en la ida– y lo vivió desde el palco 3 de la platea San Martín, detrás de los bancos de suplentes. Y en la vuelta de las semifinales ante Gremio en Brasil: se ubicó en el palco de prensa número 4 del estadio Arena do Gremio, pero las cámaras de TV captaron cómo incumplió el reglamento al bajar al vestuario en el entretiempo y comunicarse con Buján por handy, lo que le costó la actual sanción. ¿Qué hará Gallardo ahora? Esta vez, las luces estarán más que nunca bajo su persona.

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