Cómo se mueve el mapa político de Boca rumbo a 2019 tras la derrota ante River en Madrid

Crédito: NA
Alejandro Casar González
Patricio Insua
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15 de diciembre de 2018  • 23:59

Boca vive un momento especial. La caída ante River en Madrid, en la final de la Copa Libertadores, generó la primera consecuencia: Guillermo Barros Schelotto ya no es el DT. Las urgencias deportivas pero también políticas obligaron a las máximas autoridades xeneizes a resolver un cambio. La modificación se hace analizando el presente, el desgaste de casi tres años del ciclo del Mellizo, pero también el futuro, ya que en diciembre de 2019 habrá elecciones. Y una de las personas que pondrá más cosas en juego será Daniel Angelici. El actual presidente, sentado en el sillón desde 2011, ya no puede ser candidato (completará los dos periodos que le permite el estatuto), pero eso no quiere decir que desaparezca del mapa político o que no siga ligado al club. ¿Hasta dónde puede afectarlo a Angelici este nuevo traspié con River?

El clima electoral siempre estuvo ligado a los resultados deportivos por encima de las cuentas o los balances. Porque el costo político de una derrota en la cancha se mide en un hashtag: #Andate Angelici. Las redes sociales fueron la plataforma de miles de hinchas que desaprobaron, primero, el "pacto de caballeros" que Boca firmó con la Conmebol y River en el Monumental. Y que, después, señalaron con un dedo virtual al presidente como el padre de la derrota en Madrid. Atrás quedan los millones invertidos en el plantel más rico de la Argentina y las llegadas de ídolos dentro de la cancha (Carlos Tevez) y fuera de ella (Guillermo Barros Schelotto). No alcanzó.

"Somos el club mejor administrado del país", se jactan en las oficinas de la Bombonera. Pero eso no cuenta cuando las tribunas no festejan balances con superávit (casi $800 millones en dos años), sino triunfos en la cancha. Si los socios que lo votaron (no una, sino dos veces) le hicieron caso al presidente y renovaron su pasaporte, sus hojas quedaron en blanco. Boca viajó más lejos por amistosos rentados que por partidos por la gloria. River, en cambio, ya fue dos veces al otro lado del mundo: Japón, en 2015; Emiratos Árabes, en 2018.

"Abrimos la Bombonera. Que puteen. Que hagan catarsis. Está bien". Palabras más, palabras menos, eso dijo el presidente de Boca cuando sus allegados le aconsejaban que el Día del Hincha no se festejara en el estadio. Temían un cabildo abierto, como cuando a fines de 2012 la Bombonera "habló" y pidió la no renovación de Julio César Falcioni. Angelici, sin embargo, quería que el festejo se llevara adelante en la Bombonera. Al final, la Policía de la Ciudad no lo habilitó. Y la celebración fue en el Obelisco.

Angelici, un cultor de aquello de que "los partidos se ganan en la cancha", dio una voltereta en el aire en la madrugada del 25 de noviembre. En el Hotel Madero escuchó como futbolistas e integrantes de su propia comisión directiva le pedían a coro que reclamara los puntos (y la Copa Libertadores) por la agresión que había sufrido el micro que trasladaba a los jugadores al Monumental. Tardó un puñado de horas en instruir a sus abogados para que redactaran y fundamentaran el pedido, que terminó con la postergación de la final. El partido del presidente de Boca, entonces, era no jugarlo. Y no lo hacía por convicción, sino porque debía "defender los intereses de Boca", como él mismo aclaró.

El Tano no es un advenedizo de la política. Radical y alfonsinista, tuvo en Enrique "Coti" Nosiglia a su maestro. Sabe que cuando la pelota no entra los socios braman; que por más que inaugure obras como la Ciudad Deportiva de Ezeiza, Boca es un club de fútbol. Los resultados condicionan los proyectos. Deportivos y políticos. El presidente aspira a construir el propio dentro de un año, cuando abandone el cargo. Quiere, también, que quien lo suceda sea uno de sus delfines: hace unos meses llevó a la Conmebol a Christian Gribaudo, actual secretario general de Boca y máximo candidato del oficialismo. "Gribaudo es un animal. Una máquina de trabajar, no para nunca", lo definen. Otra arista la componen los hombres de esta administración con peso propio, como César Martucci, Juan Carlos Crespi y Orlando Salvestrini y habrá que ver cómo juegan.

Pero además de Angelici también juega, como desde 1995, el presidente Mauricio Macri. Y desde Balcarce 50 ven con buenos ojos a Andrés Ibarra (actual N° 2 de Marcos Peña y exministro de Modernización). Ibarra ya fue gerente general de Boca, y su principal logro fue haber internacionalizado la marca. A caballo de los éxitos deportivos del Boca de Carlos Bianchi, llevó el azul y oro a Japón, ese Rubicón que Angelici –hasta ahora– nunca pudo cruzar. Ibarra, sin embargo, todavía no mide. Pocos lo conocen: "Tendría que hacer un operativo de instalación muy importante", razona un conocedor del tablero xeneize. Será Macri quien defina el candidato. A otro hombre que ven con buenos ojos desde la Casa Rosada es a Horacio Paolini, uno de los actuales vicepresidentes. Y la coyuntura del momento tendrá mucho que ver: si Boca gana la Libertadores 2019 será difícil que el oficialismo pierda. "No hay chances", aseguran cerca de Angelici. Si, en cambio, la economía del país no repunta y Boca fracasa en su intento por ser campeón de América, Macri y Angelici quedarán en una encrucijada. "En ese caso deberán elegir a un outsider sin historia en el club, pero con peso específico propio", agregan las fuentes.

Si el macrismo pudiera elegir a su candidato ideal, el nombre del consenso sería Gustavo Ferrari. Pero el abogado nacido en Mercedes fue convocado por María Eugenia Vidal para asumir como ministro de Justicia, y 2019 es un año electoral a nivel nacional y provincial. "Imposible que la gobernadora lo deje volver a Boca", estiman en la Bombonera. Gribaudo, hoy presidenciable, sucedió a Ferrari en el cargo de secretario general del club.

Cuatro veces al año, Boca mide a sus dirigentes entre los socios. "Los índices de aprobación son altísimos. Más de un 60% considera positiva la gestión del club", se escucha en las oficinas de la Bombonera. La cifra trepa hasta el 80% entre los vitalicios. Para esos históricos afiliados, el club es mucho más que fútbol. Se trata, para algunos, de su segunda casa. Volverán a testear la opinión de los socios recién el año que viene. Para entonces, la derrota en Madrid con River habrá quedado atrás. Cerca de Angelici estiman que, en los números, el costo por haber perdido en España será mínimo. El propio presidente alertó a sus detractores al anunciar la salida de Barros Schelotto: "Hay oportunistas que piensan que estamos derrotados. No gasten energía en poner una bandera o dos. La oportunidad la van a tener el año que viene en las elecciones".

"A nuestro candidato lo va a decidir la gente. Si hay alguna figura de peso que acapare la mayor parte de las adhesiones, todos iremos detrás de ese. No hay aspiraciones personales", adelantan en la agrupación de Jorge Ameal. Además del predecesor a Angelici, con quien perdió las elecciones el mismo día que Boca fue campeón, las caras más visibles de la oposición son las que dejaron las últimas elecciones, José Beraldi, Mario Pergolini, Víctor Santamaría (líder del sindicato de los trabajadores de edificios) y Santiago Carreras (senador provincial bonaerense por el Frente para la Victoria). También es una posibilidad concreta que algunos integrantes de la CD armen un espacio por fuera del que hoy ocupan. La aparición de figuras nuevas y jóvenes es una pretensión extendida en algunos sectores que cuestionan al oficialismo, ganador por 13 puntos en los últimos escrutinios.

A un año de las elecciones, la unión de la oposición parece lejana. El escenario apunta a varias listas. Boca tiene 14 agrupaciones, de las cuales en 2015 ocho apoyaron a Angelici, cinco a Beraldi-Santa María y una a Ameal-Pergolini. Sí hay un hombre que genera una aprobación generalizada entre los socios: Juan Román Riquelme. Si el ídolo se decide a pisar la pelota en la arena política, su sola presencia alterará el resultado de cualquier ecuación proyectada. Hasta acá coqueteó con la posibilidad. Cuando todos esperaban que lanzara su candidatura por televisión, el ex10 fue moderado. No criticó ni al presidente ni a los futbolistas. Defendió los colores que supo portar. E incluso resaltó que la derrota contra Independiente del Valle, en 2016, fue peor que la sufrida contra River. "Si hubiésemos ensayado una estrategia de comunicación para atemperar los efectos del partido en Madrid no nos hubiese salido tan bien", razonaron en Boca luego de escuchar a Román. Agradecido por sus palabras, Angelici lo convocó a una reunión. "Intercambiaron opiniones sobre el presente y el futuro", aseguraron. Nada mejor que neutralizar con un café a un potencial enemigo electoral y abrirle la puerta a un cargo futuro. Política pura.

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