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LA PLATA.– Como no hace mucho –más precisamente ante Racing–, Central mostró una cara reluciente con un equipo semialternativo. Aunque es cierto que esa buena imagen fue parcial, más bien reducida al primer tiempo, la producción le alcanzó para golpear a Estudiantes en su casa. El 3 a 1, justo, los estimula y vuelve a hundir en la oscuridad a los platenses, que se retiraron bajo una fuerte silbatina pero, si no debieron soportar un hostigamiento más fuerte, fue por el paraguas protector que significa la presencia de Carlos Bilardo.
No es descabellado asegurar que el excelente primer tiempo debe estar figurando entre lo mejor de lo que lleva andado el Clausura. No sólo por los cuatro goles, sino también por el fútbol: hubo dinamismo, intensidad y pierna fuerte, pero esa cualidad no degeneró en un juego abundante en imprecisiones.
Todo lo contrario. Especialmente para Central, la pelota fue una aliada, un objeto tratado con cuidado. Una jugada ilustra la precisión extrema, casi exquisita, con que el conjunto de Miguel Russo la manejaba: el balón pasó por los pies de los diez jugadores rosarinos de campo y terminó en los de Messera, solo ante Docabo, que le tapó el remate.
Si Central tomó una ventaja clara fue porque estuvo más despierto y preciso desde el comienzo. Vitamina Sánchez, con una lectura perfecta del juego desde el medio, era el mejor. En ese control relajado que los visitantes ejercían del juego seguramente tuvo mucho que ver el hecho de haberse encontrado con una ventaja tan temprana, con el gol de Cámpora al minuto.
Otro hecho significativo: los otros goles de Central fueron de cabeza, un déficit que sin duda obsesionará a Bilardo; había descontado Pavone, tras un centro de Carrusca.
Pero después, Central se desdibujó. Sin ser absolutamente defensivo, estuvo lejos de mostrar la misma postura que en el primer tiempo; en eso también influyó la fuerte presión de Estudiantes, obligado a remontar la desventaja. Como no encontraban huecos para perforar la defensa rival, los locales intentaron con remates desde media distancia. Cuando fue requerido, Castellano, el arquero rosarino, respondió al punto de convertirse en una figura. Y aunque cerró la noche con sufrimiento, especialmente tras la expulsión de Carbonari, Central ganó con justicia.
LA PLATA.– Para Gustavo Barros Schelotto fue el final de una larga espera, aunque la noche no terminó como lo hubiese deseado. El volante volvió en Central tras una lesión que lo alejó de las canchas por cinco meses, pero fue reemplazado a los 2 minutos del segundo tiempo por Carbonari y, al retirarse, se tomaba el muslo derecho, en un gesto de dolor.
Su caso es uno de los que Central tendrá por superar durante la semana, pensando en el clásico ante Newell’s, el domingo próximo: Acuña salió con una bolsa de hielo en el tobillo derecho, reemplazado por Papa; está en duda, al igual que Castellano –probablemente desgarrado– y Talamonti, golpeado. Dos ausencias son seguras: la de Messera, con cinco amarillas, y la de Carbonari, expulsado anoche.
EL DEBUT
Landagarza, en Estudiantes
Anoche, en el equipo platense debutó Patricio Landagarza, volante de 22 años, que ingresó a los 36 minutos del primer tiempo por Cardozo.
EL RECIBIMIENTO
Entre triperos y pinchas
El DT de Central, Miguel Angel Russo, fue bien recibido por la gente local; para Barros Schelotto y Messera, dos ex Gimnasia, hubo silbidos e indiferencia, en ese orden.
LO CURIOSO
Catarata de amonestados
A los 19m del segundo tiempo, Central sumaba siete amonestados: Sánchez, Barros Schelotto, Acuña, Messera, Talamonti, Castellano y Carbonari, luego expulsado.

