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Fue un partido soñado para Banfield y la peor pesadilla para Lanús. El resultado destaca una enorme superioridad, porque una goleada 5 a 0 no resiste discusiones. En la actuación superlativa de algunos jugadores se cimentó el rotundo éxito de un equipo que se debatía entre una crisis interna -el entrenador Juan Manuel Llop recibió amenazas telefónicas [ver Pág. 4]- y la objeción de parte de los hinchas para con el desempeño de varios futbolistas que hasta hace poco tiempo eran tratados como estrellas. El coraje y la firme convicción de creer que el flojo presente podía ser revertido, y justamente ante el rival de siempre, fue la fórmula a la que apeló Banfield para salir airoso de un compromiso que no lo presentaba como favorito.
Enfrente, estaba el último campeón del fútbol vernáculo, que preparó en su casa una fiesta para mofarse de sus vecinos . Pero todas las virtudes que suele ofrecer Lanús ayer desaparecieron -más bien fueron anuladas por el rival o en su defecto careció de la justeza para ejecutar-, y los festejos terminaron siendo propiedad de quienes estaban enfrente, de esos 3300 hinchas que colmaron el codo de la tribuna sobre la calle Esquiú. De esos que le hicieron frente a la lluvia, cantaron y gozaron.
La producción de Banfield fue de menor a mayor. Comenzó con dudas, con nervios -en la primera acción del encuentro, a los 25 segundos, chocaron Herner y Villarreal y el volante quedó tendido en el piso-, aunque también quedó en evidencia que para Banfield el clásico tenía tinte de una final.
La supremacía de las individualidades de Banfield empezaron en el arquero y terminaron en el goleador de la tarde y figura excluyente del partido: Darío Cvitanich. El delantero, que volvía a la titularidad, tras cumplir una fecha de suspensión, anotó dos tantos y participó en las tres restantes conquistas. Faltando apenas tres minutos para el final del cotejo, Llop lo sacó de la cancha para que la estrella de la jornada recibiera el cariño de los simpatizantes. El arquero, se lució tras un remate de cabeza de Valeri y luego le brindó seguridad a sus compañeros.
Pero no fueron los únicos artífices de la inobjetable victoria: el colombiano Jairo Patiño, que recibió una tarjeta amarilla a los cinco minutos por una falta sobre Valeri, se serenó y por el sector derecho fue desequilibrante; Luciano Civelli, por la banda opuesta, empezó a generar con diagonales zozobra sobre la última línea de Lanús. El trabajo era apuntalado por Quinteros y Villarreal, incansables en la marca. Y una vez detectado que la defensa local no era infranqueable, Banfield fue contundente y certero cuando debió definir. Primero, tras una excelente jugada individual de Cvitanich que remató Laso, contó con la fortuna de un rebote para doblegar a Bossio.
Con el gol, Banfield se hizo dueño del desarrollo y le transmitió las dudas y el nerviosismo a Lanús. Desdibujado Valeri, el conductor, sólo la perseverancia que demostró José Sand y el empuje del juvenil Blanco fueron las armas que esgrimió el campeón. Poco, demasiado poco para hacerle frente a una formación que dejó la piel en la cancha.
Cvitanich hizo gala de su velocidad y capacidad de definición y estiró las cifras. Y cuando el DT Ramón Cabrero ensayó una variante -quitó a Benítez, un defensor, y sumó a Peeralta, un volante- en el inicio del segundo tiempo, Banfield, en un veloz ataque, sepultó las esperanzas y atisbo de reacción de Lanús. Pavlovich alargó para Cvitanich, que desbordó y colocó la pelota en la cabeza de Civelli, que empujó la pelota al gol. Iban sólo 48 segundos de la segunda etapa, pero el partido ya estaba definido.
Los goles de Santana y Cvitanich decoraron un resultado que será festejado y recordado por siempre por los simpatizantes de Banfield. Para Lanús, quedará el dolor de una fiesta que en el campo no pudo ser, aunque los hinchas despidieron al equipo con una ovación.
4 goles convirtió Cvitanich en el Clausura: a Estudiantes, Racing, y Lanús (2).
Con excepción del match por el Apertura 2004, en los restantes nueve partidos siempre hubo un expulsado en el clásico. Ayer, Biglieri.
Llamó la atención que el DT Llop dejara en el banco de los suplentes a Pavlovich y apostara por Laso, pero el juvenil le dio la razón con un gol.
Mientras los jugadores festejaban el triunfo con los hinchas, el DT Llop les advirtió que no se quitaran las camisetas para no ser amonestados.



