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A fuerza de malos tragos, bebió experiencia tanto en lo personal como en lo futbolístico; por eso, de aquel egocéntrico Profe hoy queda un Daniel Antonio Córdoba más reflexivo. Esto no quita, claro, que ese halo de misterio ronde sobre la controvertida personalidad del técnico que salvó a Lanús del descenso. Situación que también evitó en otras oportunidades con Estudiantes, de La Plata, y Chacarita.
El propio entrenador se define como “un tipo de barrio, formado en el tablón como hincha de Estudiantes era de los que peleaban y arrojaban piedras, aunque no me sentía un barrabrava –reconoció–, y con estudios universitarios, porque, además, fui profesor de natación, guardavidas y estudié periodismo deportivo”, cuenta Córdoba.
Pero surgen varios interrogantes: ¿es un entrenador capacitado, un motivador o, simplemente, un mago? La respuesta del Profe surgió inmediata y contundente: “A Dios, el destino y la suerte no se los maneja, pero hubo algo que me llevó a ser así. Por eso, de cada club que dirigí me fui querido por la gente, respetado por la dirigencia y conseguí o superé los objetivos a pesar de que eran dificilísimos; evidentemente algo de buen tipo debo tener, y algo de fútbol debo conocer”.
Nada deja librado al azar. Es meticuloso y estudioso del fútbol, por lo que se autocalifica como semejante a Marcelo Bielsa. Es más, cree que el psicólogo en un plantel puede ayudar a cubrir algunos aspectos del grupo que al técnico se le pueden escapar. “Conmigo trabaja Darío Mendelson –dice–, que en los entrenamientos se empilcha de jugador y participa de los picados para lograr un acercamiento mayor con los jugadores.”
Y sobre esta base vino el resurgimiento de Lanús, que a cuatro fechas de terminar el Clausura estaba en la zona de la promoción y con posibilidades del descenso directo. Cuatro fueron, entonces, los objetivos que fijó Córdoba con los dirigentes y los futbolistas. “Primero, el plantel tenía que levantarse anímicamente, porque estaba bajoneado por la presión de la gente; segundo, tenía que salvarse del descenso directo; después, salir de la promoción, que casi lo conseguimos, pero dependíamos de otros resultados, y, por último, mantener la categoría, que felizmente se dio”, explica.
Para alcanzar los logros, El Profe debió ganarse la confianza del plantel, porque, según cuenta el hombre que vive en City Bell, “en el fútbol nada es casualidad y para que el jugador te responda le tenés que demostrar seriedad, respeto y capacidad. Algo que logré con mucho trabajo, como marcarles el campo con cintas para enseñarles cada sector que se debe cubrir y cómo los puede utilizar el adversario; las variantes tácticas y estratégicas que se pueden implementar sobre la marcha; mirar videos y, fundamentalmente, hacerles comprender que ellos eran los principales protagonistas”.
Aunque no quiere pecar de ambicioso ni vanidoso, asegura que aspira a más: “Si me quedo en Lanús, al que quiero entrañablemente, pretendo un equipo competitivo y un muy buen contrato –dice que tiene ofertas de Arabia Saudita y de México–, porque creo que ya rendí muy bien varios exámenes; ahora es tiempo de que se me reconozca mi capacidad; no quiero achancharme con ser un salvador de descensos”.
Reconoció, también, que la muerte de su hijo Juan, de tres años, hace ya dos, le cambió la vida. “Acumulé mucho odio y me hice agresivo; estuve a punto de la muerte y, después, me hicieron comprender que eso lo tenía que transformar en energía positiva, por eso estoy más reflexivo. No me asusta el protagonismo y siento que estoy en la mejor etapa de mi vida.”
Así piensa Daniel Córdoba; el hombre que ya no quiere hurgar en el cesto los oscuros momentos que atravesó en su vida.
Nombre: Daniel Antonio Córdoba
Fecha y lugar de nacimiento: el 14 de enero de 1957, en La Plata
Estado civil: está casado con Laura Mariela Moro
Hijos: Daniel Adrián (15 años), Sofía (11), Juan (fallecido a los 3 años) y Simón (18 meses).
Trayectoria:



