Cristian Muñoz, arquero a los 42 años: "Mis compañeros me preguntan cómo hago"

Cristian Muñoz, vigente a los 42 años
Cristian Muñoz, vigente a los 42 años
Claudio Mauri
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1 de julio de 2019  • 07:16

Ni goleador ni aspirante a gambetear a dos rivales en una baldosa. Cristian Muñoz siempre tuvo en claro que iba a ser arquero Tan convencido estaba que este lunes 1° de julio cumple 42 años y sigue atajando. No en un torneo de veteranos, sino en la primera división de Chile, en Universidad de Concepción. "Siempre, desde chico, me gustó el arco, nunca cambié. No tenía cualidades para otro puesto. Nací arquero. No salí a mi viejo, que era N° 9 y en Independiente de Junín jugó con Luis Artime. Me llevaba a jugar con los grandes en los campitos, de los que quedan pocos, y siempre iba al arco. Me he ligado varios pelotazos", dice el juninense en conversación telefónica con La Nación desde Chile, donde realiza la que debería ser la última pretemporada de su carrera. Si bien es el puesto que más tiende a la longevidad, Muñoz evalúa colgar los guantes a fin de año, luego de una trayectoria que lo vio surgir en Sarmiento (Junín) -debutó en 1995 ante El Porvenir por la B Metropolitana- y lo llevó por Boca (desde 1997), Los Andes, Talleres (Córdoba) y desde hace 15 lo tiene en Chile, entre Huachipato, Colo Colo y Universidad de Concepción. En la Argentina, Cristian Lucchetti (Atlético de Tucumán) es el arquero que pasó la barrera de los 40 (cumplió 41 el 26 de junio) y Sebastián Bértoli se retiró en abril en Patronato con 41.

Muñoz posee una marca que le pertenece en exclusividad: es el único futbolista en actividad que jugó con Maradona, con quien compartió el plantel de Boca en 1997. Tras más de 20 años en primera división, entra en la recta final la trayectoria de quien siempre fue el "Tigre" : "El apodo me lo pusieron mis amigos de barrio en Junín por los reflejos cuando atajaba. En aquellos tiempos, uno salía de su casa para jugar al fútbol hasta que oscureciera. Quedó para siempre, es un apodo que me gusta".

-Cuando soples las velitas por los 42 años, ¿queda algún deseo futbolístico por pedir?

-Más que pedir, agradecimiento al fútbol por todo lo que viví en estos casi 24 años de una carrera larga y linda. Ya me queda poco para colgar los guantes.

-Cuando decís "me queda poco", ¿cuánto es?

-Mi contrato finaliza en diciembre y con la familia ya estamos hablando del retiro. Todavía no lo decidí ni le puse fecha. En el transcurso del semestre iré viendo cómo me siento físicamente, si puedo mantener un buen nivel, pero es muy probable que deje de jugar en diciembre.

-¿Un retiro en la Argentina no está contemplado?

-No, no. Me hubiese gustado, pero acá en Chile se dieron las condiciones para que tuviera una muy buena continuidad en casi 15 años. Me sentí muy a gusto en este fútbol, por cómo se vive. A esta edad, regresar a la Argentina sería ir a un fútbol más competitivo y riguroso en el día a día. A los 42 años no estoy preparado para eso.

-¿Cuál es la receta para seguir jugando en primera división a los 42 años?

-En primer lugar, la pasión por este deporte. Luego, la dedicación; me cuidé mucho en lo personal. La verdad es que viví y vivo para el fútbol. Trato de alimentarme y descansar lo mejor que puedo. Es fundamental para prolongar la carrera ese entrenamiento invisible del que todos hablan. Y también es cierto que me ayudó las pocas lesiones que gracias a Dios tuve en todos estos años. Por ahí va la receta, y a eso hay que sumarle el acompañamiento y el apoyo de la familia, de mi esposa e hijos. Y también el de mi viejo, desde mis inicios y hasta el día de hoy. Para un deportista es fundamental ese soporte.

-Cuando empezaste tu carrera, muchos habrán pensado que un arquero de 1,77m de estatura no iba a llegar muy lejos.

-Sí, es verdad, es verdad. Tuve que lidiar con eso en un puesto en el que se requiere mayor altura. Y más en estos tiempos, en los que prácticamente no se ven arqueros bajos. Mi estatura estaba en el límite de lo que se requiere para el puesto. En mis comienzos me contaban que el Pato Fillol, si bien no era demasiado alto, tenía una fuerza de piernas impresionante, que lo hacía diferente del resto. Con esa motivación trabajé en fortalecer las piernas para suplir la falta de estatura. Lo pude hacer, me considero un arquero con mucha explosividad y fuerza de piernas.

-¿En algún momento lo viviste como un complejo o te perseguiste por el tema de la altura?

-No, nunca. Ni complejo ni barrera que me impidiera concretar mis sueños, como los de jugar en primera o llegar a una selección, como fue la del Sub 20. Sí sabía que era una de mis debilidades, pero que no podía hacer más que entrenarme para tener mejores piernas.

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-Sos el futbolista del equipo con más minutos en este primer semestre. ¿Qué te dicen tus compañeros?

-Están muy contentos y orgullosos, me lo manifiestan. Me preguntan cómo hago, qué es lo que hago en el día a día. La respuesta es sencilla: vivir para esto. Uno está acostumbrado y se crió de esa manera.

-¿Qué te dice el cuerpo después de los partidos, qué es lo que más te cuesta?

-Cuesta más la recuperación después de los partidos, tardás más días. Antes estaba recuperado al día siguiente, ahora necesito tres días. Cuando se vuelve de las vacaciones se nota más la inactividad. Ahora venimos de unas vacaciones en las que no paré, me seguí entrenando para estar en ritmo y no sufrir el regreso a los entrenamientos. En esos aspectos se nota más el paso de los años. Se van perdiendo algunas cualidades, como la velocidad, la explosividad y la fuerza, hay que trabajar más eso.

-La volada que hacías 10 años atrás ahora tratás se resolverla de otra manera.

-Exactamente. Uno cuando es joven vuela como si nada. Lo conversaba con mi esposa, ahora tengo que actuar de otra manera, estando mejor posicionado, leyendo mucho más la jugada. Eso te lo da la experiencia. En ese sentido, mi juego ha ido cambiando.

-¿Cuánto cambió el puesto de arquero en estos más de 20 años en primera?

-Cambió mucho, ahora hay que ser un arquero más completo. Cuando comencé no había entrenadores específicos del puesto, se hacían trabajos de fuerza. Ahora se le da más importancia a la técnica, al juego con los pies porque se participa más en el partido. Hay que integrarse a sistemas tácticos para iniciar jugadas y saber dónde se paran los compañeros. Los técnicos nos utilizan mucho, se requiere de preparación. Yo, por ejemplo, de grande tuve que trabajar bastante el juego con los pies porque en mis comienzos no se utilizaba más que para rechazar una pelota o sacar desde el arco. Con el Bichi Borghi en Colo Colo, se utilizaba mucho al arquero, tuve que prepararme, enriquecí mi juego, fue un desafío.

-¿De quién aprendiste más?

-Hugo Tocalli en los juveniles del seleccionado me enseñó muchísimo. También de practicar en Boca con Córdoba y el Pato Abbondanzieri. Entrenador de arqueros empecé a tener en Chile, con el Rambo Ramírez, que estaba en Colo Colo, me ayudó mucho.

-¿El arquero tiene que ser más fuerte de cabeza que el resto de los futbolistas?

-Sí, es un puesto en el que la mente juega un papel muy importante. Hay que afrontar situaciones muy complejas. Si cometés un error al comienzo de un partido no te podés caer, hay que limpiarse rápidamente la cabeza y seguir concentrado.

-Se les viene un segundo semestre en el que tendrán que luchar por evitar el descenso. ¿Habías pasado ya por una situación similar, te genera alguna angustia?

-Va a ser un segundo semestre difícil. Hace dos años pasamos por una situación parecida y lo pudimos resolver. En 2011 en Huachipato también tuvimos una campaña en la que la luchamos hasta la última fecha. No es una linda situación, es preferible pelear arriba. Vamos a tener que estar fuerte mentalmente.

-Sos el único futbolista en actividad que jugó con Maradona. ¿Qué ves cuando mirás para atrás?

-Primero, cuántos años pasaron, ¿no? Después, un orgullo y satisfacción haber compartido cancha y el día a día de un plantel con Maradona. Me siento un afortunado de haberlo vivido, de poder contárselo a mis hijos.

-¿Tenés compañeros de la edad de tus hijos?

-Sí, tengo un compañero de apenas 15 años, que justamente es arquero, de la edad de mi segundo hijo. El más grande tiene 16, el segundo casi 15 y el tercero, 11. Hay otros chicos de 17, 18 años, que están comenzando. Se hace difícil encontrar los mismos temas de conversación. El uso de la tecnología es otra de las grandes diferencias, pero me hacen sentir bien, me contagian energía y me hacen sentir más joven.

-¿Con qué otro futbolista ya retirado te enorgullece haber jugado?

-Uh, hay un montón. El Leche La Paglia, Matellán, Nico Burdisso, Samuel, Riquelme, Palermo, Abbondanzieri, Wilfredo Caballero. Cuando en 1997 llegué a Boca estaba lleno de figuras, Maradona, Caniggia.

-Fuiste campeón mundial Sub 20 en 1997 en un plantel en el que también estaba Fabián Cubero, que dice que se retira a fin de año, con 41. Son dos sobrevivientes.

-Si, jaja, dos Highlanders. Con Poroto nos encontramos el año pasado cuando fuimos a hacer una pretemporada en la Argentina. Seguimos resistiendo.

Saque arco para el gol de Palermo en el superclásico

En el superclásico de 1999 reemplazó a Abbondanzieri

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-¿En algún partido sentiste más nerviosismo y el peso de la responsabilidad que en aquel superclásico (Boca ganó 2-1 en la Bombonera en 1999, en el que eras tercer arquero y terminaste reemplazando a Córdoba y Abbondanzieri?

-Entrar en un superclásico es lo máximo. Me tocó por la lesión del Pato. Era una responsabilidad grande, una presión que al jugador le gusta. Me ayudó que el equipo era muy sólido, de una calidad impresionante. Bianchi me dio mucha tranquilidad y confianza. Igual, hasta el día de hoy, cada vez que entro en un campo de juego siento ese nerviosismo y cosquilleo en la panza. Cuando se acabe esa señal es porque hay que dar un paso al costado.

-¿Qué imaginas para después de tu retiro?

-Voy a seguir ligado al fútbol porque es lo que me gusta. Ser entrenador de arqueros podría ser y del curso de director técnico me falta el examen final.

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