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Fueron casi dos meses viviendo lo que significa River. Su gente, la presión, los clásicos con Boca, la Copa Libertadores, la ansiedad y hasta la realidad del país formaron parte de un nuevo cóctel en la vida del uruguayo Daniel Fonseca. Pero lo que se suponía tenía destino de romance quedó trunco ayer, después de que el delantero diera a conocer su decisión de abandonar el club, algo que ya sabía desde el sábado último. Sólo jugó 185 minutos, en los que le convirtió un gol a Boca. Cansado de esperar un puñado de veces en el banco y la mayoría afuera, Fonseca firmará hoy su desvinculación y, por lo menos, se llevó la gratificación de una despedida con muchos de sus compañeros en un departamento de Belgrano, muy cerca del estadio donde quedaron ahogados sus gritos de gol.
-¿Qué te llevó a tomar la decisión de rescindir el contrato?
-Me di cuenta, con los hechos, de que el técnico no me quería. El consideraba que yo no estaba un ciento por ciento físicamente y por eso no me tenía en los planes. Yo no comparto esa posición. Yo necesitaba jugar, y haciéndolo 25 minutos cada 20 o 25 días es imposible ponerme bien física y futbolísticamente. El sabía que yo venía de un año de inactividad y que necesitaba jugar porque mi objetivo es formar parte del seleccionado uruguayo en el Mundial de Corea/Japón. Pero él nunca apostó por mí.
-¿Cómo fue tu relación con Ramón Díaz?
-Nunca, en 45 días, Ramón Díaz habló conmigo. Lo único que me dijo fue "buen día" alguna vez. El es un tipo que no tiene relación con el plantel; es más, es el primer técnico que tuve en mi vida al que no le interesa mantener una buena relación con el grupo.
-Bueno, él dice que su actitud es del estilo europeo. Vos que estuviste once años allá, ¿es así?
-Eso es mentira y de los once técnicos que tuve en Europa, ninguno tomó una actitud como la que tiene Ramón Díaz con el plantel.
-¿Te queda la sensación de haber sido manoseado?
-No, porque no lo permití. Pero que quede claro: me voy alegre por el cariño y el afecto del plantel, que es excepcional, y le deseo lo mejor. A los jugadores, al masajista, al utilero, al presidente... a todos.
-¿Ramón no habla con vos ni con el grupo?
-La actitud que él toma es hacia todo el grupo. Ramón es arrogante y sólo habla con dos jugadores (serían Celso Ayala y David Comizzo). Con el 90 por ciento de los jugadores no habla.
-¿Creés que Ramón Díaz te está haciendo pagar una factura por los problemas que alguna vez tuvo con Francescoli?
-Ustedes son demasiado inteligentes para deducir por sí mismos la situación. Sería muy triste de parte de él (por Ramón Díaz) si me dejó afuera porque no tiene una buena relación con Enzo. Yo acá no vine a hacerme millonario ni a ganar lo que no merezco. Yo vine con una ilusión y no me permitieron cumplirla. Por eso decidí irme.
-¿Hablaste con Ramón Díaz?
-Por supuesto, antes de hablar con el presidente y después de decidir todo esto lo encaré, el sábado, en el vestuario, cuando me confirmaron que no iba a jugar contra Chicago. También estaba Omar Labruna (el ayudante). Les dije lo que pensaba de ellos y de su actitud. Después me fui con la frente alta.
-Si no hubiese sido Enzo el que impulsó tu llegada, ¿hubieses reaccionado de una manera distinta?
-Posiblemente, sí. Yo siempre voy de frente y cuando tengo que decir algo miro a los ojos, como lo hice en este caso. Yo tengo mi personalidad y mi trayectoria y no me voy a quedar mirando desde la tribuna los partidos. Por eso lo encaré y le dije todo lo que pensaba.
- ¿Tuviste alguna respuesta?
- Sólo respuestas de compromiso y poco convincentes. Sólo digo que en el clásico del verano con Boca, cuando perdíamos, necesitó meter a los jugadores de renombre y no le importó si estábamos bien o mal físicamente.
-¿Alguna vez el cuerpo técnico se preocupó por tu condición física?
-Jamás. Yo les pedí que llamen a Juventus para que coordinen un trabajo físico con Gianpiero Ventrone -el preparador del club de Turín-. Pero nunca hablaron con él, a quien consideran el mejor preparador físico de Europa y al que conozco desde hace ocho años, desde mi paso por Napoli.
-¿Cómo calificás esta actitud?
-De arrogancia.
-Entonces, ¿Ramón Díaz es un arrogante?
-Sí, totalmente.
Ramón Díaz asumió en River en agosto de 1995 y su primera etapa culminó en febrero de 2000. Volvió en junio del año último.
Estos son los jugadores que tuvieron problemas con el entrenador riojano y que, de manera momentánea o definitiva, fueron marginados:
Javier Sodero, Joaquín Irigoytía, Walter Silvani, José Luis Villarreal, Ernesto Corti, Gabriel Amato, Pablo Lavallén, Gabriel Cedrés, Gustavo Lombardi, Sebastián Pena, Roberto Trotta, Roberto Monserrat, Hernán Maisterra, Leonel Gancedo, Juan José Borrelli, Ramón Ismael Medina Bello, Cristian Castillo, Germán Burgos, Marcelo Gómez, Leonardo Astrada, Sergio Berti y Martín Cardetti.



