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Desahogo, alegría, lágrimas que se escapan... Abrazos y una vuelta olímpica, caminando, para saludar a los hinchas que armaron una fiesta. Un juego de luces para acompañar la victoria. Huracán superó 1 a 0 a San Lorenzo y el clásico de barrio más grande del mundo viaja en Globo. Con Jordy Caicedo como actor principal de la película y de este presente del equipo de Parque Patricios. Cuatro goles en cuatro encuentros, el sello que deja el ecuatoriano, que fue aplaudido cuando se conocieron las formaciones y se marchó ovacionado cuando el DT Diego Martínez marcó su reemplazo, en tiempo adicional.
“Lo que se vive acá es un fútbol pasional. Siempre admiré el fútbol argentino pero estar acá es otra cosa. Le quiero dar gracias a Dios por lo que estoy viviendo. No la pasaba bien, pero esto es una fiesta enorme. Me voy feliz por darle una alegría a los hinchas de Huracán. Espero seguir así y estar a la altura de este gran club”, dijo Caicedo visiblemente emocionado luego del triunfo de Huracán.
Historias enlazadas que reflejan cómo los rivales recorren la aventura. Huracán y sus ciclos en los que el equipo viaja de ilusionar, convencer, animar, al ostracismo, la incredulidad y la reprobación. Siete meses atrás, el Globo fue finalista del torneo Apertura 2025: el plantel perdió referentes -el chileno William Alarcón, Matías Coccaro, el zaguero Marco Pellegrino, más tarde el uruguayo Mazzanti...- y la conducción, porque la salida del director técnico Frank Kudelka provocó el regreso de Diego Martínez, entrenador que se alejó en su momento para conducir a Boca. El clásico resultaba el partido para recomponer lo que fue in idilio: por lo que fue y por el presente, porque el equipo llegó sin victorias en las tres funciones.
No es diferente el escenario con San Lorenzo, donde la temperatura de los hinchas y la relación con los dirigentes sube y baja. El Ciclón quedó inmerso en una gravísima crisis institucional, con una crítica situación económica-financiera. Un presidente acusado de administración fraudulenta y que arrastra causas judiciales como Marcelo Moretti fue removido del cargo, una asamblea designó un nuevo guía y un llamado anticipado de elecciones. Pero también hay deudas millonarias, inhibiciones que se debieron levantar para ser parte del mercado de pases, jugadores que no perciben los salarios y nombres que estuvieron casi en una vidriera -el colombiano Jhohan Romaña y Alexis Cuello-, porque reforzar la tesorería es una urgencia. El viaje al palacio Ducó tenía condimentos.
El clima hostil, alejado aquellas bromas que se lanzaban Ringo Bonavena y el Bambino Veira. La rivalidad se convirtió en enemistad y amenazas: con la posibilidad abierta de vender entradas a no socios, la latente presencia de infiltrados generó casi una cazería de brujas. Un estadio sin claros en las tribunas y el colorido de las bombas de humo y los fuegos de artificios se mezcló con las dos banderas gigantes desplegadas en las tribunas cabeceras -la barra brava quemó una de los icónicos estandartes en la previa, porque ya cumplió su ciclo-, y el aliento que fue un mix de apoyo y reclamo.
En la cancha, el pulso lo llevó Huracán con un rol de mayor protagonismo que no se replicó en dominio. Manejar la pelota es una virtud, pero con eso solo no alcanza. Una conducción tibia, sin profundidad: buen trato de pelota, movimientos que siguen un guion, aunque el único que rompió la monotonía fue Caicedo, que probó la atención y la respuesta del paraguayo Orlando Gill; el ecuatoriano es la llave de gol del Globo. La jugada fue una respuesta a una acción de pelota detenida de San Lorenzo, en la que Fabricio López bajó el balón y Cuello remató desviado. El Ciclón demoró en encenderse y en la estrategia estaba incomodar, ensuciar la secuencia de pases del rival, y contraatacar con la velocidad de Cerutti y Cuello. Un plan que funcionó en uno de los propósitos, los azulgranas carecieron de peso en ataque.
Un gol cambia el humor, y el tedio se convierte en una fiesta. Un lateral, Emmanuel Ojeda que interpretó lo que sus compañeros en el apuro olvidaban -control y mirar para descubrir al mejor receptor posicionado-: Caicedo completó la acción. Con astucia y fuerza se impuso ante la marca de Ezequiel Herrera y con un remate de cabeza cambió la trayectoria de la pelota y dejar sin posibilidades a Gill. Una explosión en el Ducó, un grito de liberador y la confirmación del excelente pasaje del goleador. El ecuatoriano es el dueño de todos los tantos del equipo en el Apertura: Banfield, Independiente Rivadavia, Atlético Tucumán y ahora San Lorenzo.
Con el coraje de Cuello, el Ciclón estuvo a tiro del empate: un rebote, la salida de Galíndez y la pelota que rebotó en el poste. Con Gregorio Rodríguez, Luciano Vietto y Diego Herazo, San Lorenzo a la cancha nombres con características más ofensivas, mientras desde la banda el DT Damián Ayude con el brazo izquierdo parecía empujar a sus jugadores al campo rival. El cambio de libreto exigía otras ideas, pero los nuevos intérpretes no lograron descifrar el camino del arco de Galíndez y el nerviosismo se plasmó en la amonestación, por reclamar, al arquero suplente José Devecchi. Del otro lado, Huracán observó que el juego aéreo estaba debilitado en defensa y contrarrestó con Martín Nervo para componer una línea de cinco defensores; la velocidad de Bisanz para acompañar a Caicedo, el retoque en ataque y retomar presencia ofensiva después de un quedo tras el gol.
Un triunfo reconfortante, una victoria mínima, pero justificada. Un juego sin grandes luces, pero que premió al que con sus falencias intentó ser protagonista. Un final con tumulto, un sello de los clásicos modernos, con los futbolistas de San Lorenzo reclamando sobre el árbitro Falcón Pérez, de regular desempeño, pero que no influyó en el marcador. El clásico de barrio más grande del mundo ofreció otro capítulo, lejos de aquellos partidos cautivantes, de buen fútbol y goles. Lo festejó Huracán.


