De la URSS a Rusia, en un vuelo peligroso

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
La mano evidente de Maradona en un tiro de esquina, con el partido aún 0-0
La mano evidente de Maradona en un tiro de esquina, con el partido aún 0-0 Crédito: Captura de TV
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19 de junio de 2018  • 23:59

La última pelota del partido le quedó a Diego Maradona sin tiempo para más. Entonces la pateó con bronca al techo del estadio Giuseppe Meazza. Argentina acababa de debutar en Italia 90 con una sorprendente derrota ante Camerún. La última pelota del partido le quedó a Lionel Messi sin tiempo para más. Entonces la pateó con culpa al cielo del estadio del Spartak. La selección había debutado en Rusia 2018 con un frustrante empate frente a Islandia. Increíble paralelismo. Ayer y hoy se filtra un idéntico escalofrío, una muy prematura sensación de abismo cuando el Mundial apenas despunta.

Messi no le quitó atención al juego después de fallar el penal, pero emocionalmente perdió el control de sus súperpoderes. "Me sentí bien hasta el gol de ellos, después fue como si no estuviese en la cancha", asumía Maradona hace casi tres décadas. Aquel gol de Omam-Biyik dejó aturdida a la selección de Carlos Bilardo, una sensación que encuentra algún parentesco por estas horas alrededor de Jorge Sampaoli. "Fue la peor derrota de mi vida", confesó Bilardo al día siguiente del oscuro estreno. Sampaoli arrastra el tormento de haberle desobedecido a su voz interior.

"Yo esperaba más de los jóvenes, tenía un mal presentimiento. Ahora, anímicamente estamos muy frágiles", confió Maradona sin protocolos. Eligió esa manera de espolear a sus compañeros. Messi calla y casi no se muestra. Distintas maneras de liderar. El segundo paso contra la Unión Soviética se convirtió en una final. Como ahora, ahora en Rusia. Al menos, Nápoles iba a arropar a la selección con su devoción maradoniana. Bilardo sacudió la formación con cinco cambios: afuera Lorenzo, Fabbri, Ruggeri, Sensini y Balbo; adentro Olarticoechea, Monzón, Serrizuela, Troglio y Caniggia. Enseguida, la fractura de Nery Pumpido le abrió paso a la leyenda de Goycochea. Y un sueco, el árbitro Fredriksson, convalidó la Mano de Dios II al ignorar un penal de Maradona. Ganó 2-0 la selección y se abrazó a una tabla en un río revuelto. La épica, el azar y los penales se asociaron para empujar al equipo hasta una definición que ninguno sospechaba y la FIFA no prefería. Nadie sabe qué ocurrirá en Rusia, pero Sampaoli también apostará por la renovación de nombres.

Con el tiempo se conoció que la AFA había reservado pasajes de vuelta para después de aquella primera rueda que, finalmente, la Argentina superó tras un empate 1-1 con Rumania para acceder a los octavos de final como uno de los mejores terceros. Una clasificación misericordiosa para una selección que representó un milagro. "¡Si perdemos contra Rusia, le pagamos un paracaídas al piloto y manejo yo el avión hasta que nos estrellemos!", fueron las palabras con la que Bilardo desafió al plantel antes del partido bisagra con los soviéticos. Detrás de las risas, juran que hablaba en serio. Atención con Sampaoli, dueño de algunas ideas desconcertantes.

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