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Una primera media hora para entusiasmar y un final de partido aceptable. En medio, un páramo futbolístico que denotó cierta falta de convicción para sostener con el juego una victoria parcial que significaba recuperar la punta del campeonato. Independiente desperdició ante River una excelente oportunidad para seguir creciendo y reafirmar una confianza en sí mismo que lleva largo tiempo en entredicho.
Lejanas ya las épocas de mística copera, el Rojo viene demostrando una peligrosa tendencia a fallar en esos partidos-bisagra que condicionan el destino de un equipo. El jugado frente al equipo de Gallardo es una muestra más. Se presentó River sin seis de sus titulares habituales, y aun así los entrenados por Julio César Falcioni no pudieran conquistar los tres puntos. Tampoco es la primera vez en el torneo. En la fecha inicial, Argentinos Juniors jugó con un elenco alternativo y se llevó un 0-0 de Avellaneda. Y cuando debió defender su puesto de líder, cayó 2-0 ante un Atlético Tucumán que sumaba cuatro partidos sin victorias.
La cuestión se ha vuelto endémica y desde hace años el hincha de Independiente vive con el temor de que su equipo acabe fallando cuando llegue el momento de dar el golpe sobre la mesa. Es cierto, no se puede olvidar la Copa Sudamericana 2017 ganada en pleno estadio Maracaná, pero en el contexto general no es más que la excepción perfecta para confirmar una regla con varios ejemplos destacables. Este breve repaso permite demostrarla.
No es sencillo encontrar los motivos para explicar una conducta que se repite en certámenes bien distintos, y con planteles y entrenadores muy diferentes entre sí. ¿Quizás influya la ansiedad que la escasez de alegrías genera en todas las instancias del club, desde la dirigencia hasta el último simpatizante? ¿Tal vez las limitaciones económicas que impiden contratar jugadores de mayor jerarquía? ¿O la sucesión de fallos arbitrales en contra que la gente del Rojo denuncia siempre que puede?
Podría ser un poco de todo esto, y hasta algunos otros motivos que Independiente haría bien en estudiar con profesionales en la materia para buscar una solución lo más inmediata posible. Porque mientras eso no ocurra, la situación tiende a empeorar, cada frustración aumenta el tamaño de la bola de nieve y las situaciones favorables siguen sin ser aprovechadas.
Como la de esta ocasión en el Monumental, que lo privó al Rojo de disfrutar de la punta y le hizo marcharse de Núñez con esa sensación amarga de haber dejado pasar una oportunidad ideal -otra más- para volver a pisar fuerte.


