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MONTEVIDEO. Ni más, ni menos; "igual que el sol". Así brilla el nombre del popular club de fútbol uruguayo, según reza su himno, que resonó en la noche de este lunes 28, con la emoción de un tenor popular al riesgo del infarto.
Las tribunas corearon esa vieja canción: "Su bandera amarilla y negra; engalanada con once estrellas, en cuanto ella se ve flamear, ya los corazones se ponen a cantar: Peñarol, Peñarol, Peñarol, tu nombre brilla igual que el sol".
La inauguración de un gran estadio, los colores de dos equipos del Río de la Plata, cargados de gloria, la fiesta en la cancha y en las tribunas. La piel erizada que sólo puede explicar el hincha de fútbol.
Así, otra vez. Porque la historia es porfiada en reencuentros. De un lado, el visitante con la porteña casa blanca con la banda roja. Del otro, el anfitrión, con la camiseta de oro y carbón, marcada a fuego por su nacimiento como club de ferroviarios ingleses.
River llegó de Buenos Aires y fue invitado a una recepción en el Puerto, un paseo por la Rosaleda del Prado , un vermouth en el Parque Rodó y una cena de honor en la Ciudad Vieja. Eso, el día antes del partido inaugural.
Luego sí llegó el partido, el primero en ese Estadio. Los hinchas locales querían la fiesta total, con el primer gol para Peñarol. Pero River no había ido de escenografía.
Eso es lo que tiene el fútbol. No hay amistoso sin el deseo intrínseco de hacer el primer gol. Pero al minuto 51, el guardameta millonario dio rebote que aprovechó Armando Artigas y metió el primer grito de gol en el Estadio de los Pocitos. Alivio y festejo para la hinchada aurinegra.
Pasaron 94 años y medio de aquella fiesta (6 de noviembre de 1921), y otra vez Peñarol recibe al River Plate para inaugurar otro estadio, ahora el moderno "Campeón del Siglo".
Aquel otro estadio (en el que se hizo el primero de los goles de la historia de los Mundiales, en 1930), fue borrado por la piqueta fatal del progreso.
Y otra vez la hinchada local cruza los dedos para que el visitante millonario no le arruine la fiesta. Antes del partido, el histórico goleador aurinegro, Fernando Morena, convierte un gol simbólico. Emotivo. Pero … la hinchada espera uno de verdad.
El River del Muñeco Gallardo, que en Montevideo se consagró como DT del Nacional, que es archirrival de Peñarol, no está para hacer favores.
Pero la oncena carbonera escuchó el himno que dice: "Tus hombres marchan siempre adelante, y son tesoneros y pujantes …". Y meten. Y empujan. Y hasta soplan la pelota para hacerse de viento a favor.
A los 19 minutos, el olfato goleador de Diego Forlán, dio otra vez alivio y festejo. ¡Qué importa que sea un amistoso! Hay que entender el código no escrito del fóbal para sentir lo que fue esa comunión mirasol.
En uno de los palcos modernos, otro Forlán celebraba emocionado. Era Pablo, el otrora campeón de América y del Mundo con Peñarol. Pablo Forlán, que minutos antes había visto entrar a su nieto Martín, el hijo de Diego que nació hace 39 días.
El mismo Pablo Forlán que el 20 de mayo de 1966 se coronó campeón de la Libertadores, jugando por Peñarol, ante River, en Santiago de Chile. Fue aquel partido que River ganaba 2 a 0 y los aurinegros se sintieron "sobrados" por Amadeo Carrizo cuando detuvo con el pecho, un inofensivo tiro. Los aurinegros se dijeron que no podían tolerar eso y se juraron dar vuelto el partido, que terminaron ganando 4 a 2.
Esta vez, el partido fue intenso. River dominó el balón en parte del juego, pero Peñarol hizo valer su empuje y la calidad de algunos futbolistas destacados. Y las ganas. La pasión. La necesidad de dejar la marca en la apertura de su estadio. Terminó con victoria local de 4 a 1.
Antes, el corte de cinta había sido por el presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, con autoridades de Peñarol y de River argentino. Un veterano carnavalero cantó el himno del club, y otra murga típica uruguaya cantó la marcha que dice: "Sos mi locura y mi pasión. Tuya es mi vida Peñarol. ¿Cómo decirte, de una vez cuanto te quiero? …".
Y desfiló una comparsa de candombe. Todo, siempre, de amarillo y negro. Banderas, tamboriles, y vedettes, todo de oro y carbón.
El miércoles seguirá la fiesta, con un show de imágenes, luces y sonidos, Jorge Drexler y Fito Paez, más murga y más candombe, hinchada gritando; veteranos lagrimeando por recuerdos, y padres alzando en los hombros a pequeños, que no olvidarán la noche carbonera.
El estadio se llama "Campeón del Siglo", en alusión a que la "Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol" (IFFHS) publicó en 2009 una estadística que muestra que Peñarol fue el mejor equipo del siglo XX en Sudamérica (y segundo en el mundo detrás del Real Madrid).
El presidente millonario, Rodolfo D'Onofrio, trajo una copa de recuerdo (réplica de la disputada en 1921). Ahora, más allá del resultado, hubo una copa para cada club. Pero el partido se disputó sin favores.
El hinca aurinegro se va feliz. Retumba el canto murguero: "Mi corazón palpita y se estremece / Cuando envuelve el mirasol de tu bandera / Y esta pasión que cada día crece y crece / Como vos siempre florece / Año a Año en primavera…".


