Sorpresa y emoción: el detrás de escena de la salida de Daniele De Rossi de Boca

Con la plaqueta recordatoria en mano, De Rossi deja la Bombonera; así fue su adiós de Boca
Con la plaqueta recordatoria en mano, De Rossi deja la Bombonera; así fue su adiós de Boca Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Franco Tossi
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6 de enero de 2020  • 23:59

"Qué bombazo, eh...". Así recibían a todos en la sala de prensa Antonio Carrizo. Incluso, los propios periodistas. El fuerte rumor se hizo realidad. Porque Daniele De Rossi no es más jugador de Boca y decidió su retiro del fútbol profesional. Una noticia que aún en Boca no pueden creer.

La ropa azul y oro ya la dejó atrás. Correcto como es, se calzó una camisa blanca, bien formal. Las cámaras abundaron: la televisión italiana tomaría también las imágenes, con la diferencia de cuatro horas con respecto a nuestro país. Jorge Amor Ameal se sentó a su lado y, en casi la totalidad de la conferencia de prensa, mantuvo la mirada fija -con una sonrisa sin mostrar los dientes- sobre la cara del romano mientras éste declaraba. Parecía estar viendo y entendiendo a una persona que estaba desnudando todos sus sentimientos.

Porque a Daniele se lo veía triste. Su rostro se veía decaído. Principalmente, seguro, por dejar la actividad, pero también tiene un peso importante en su cabeza el hecho de irse de un club que le abrió las puertas para cumplir su sueño y que generaron, juntos, una revolución que permite anhelar para el futuro la llegada de otros futbolistas de élite desde Europa. "La decisión es definitiva", sentenció apenas tomó el protagonismo.

De hecho, hubo momentos en los que debió acudir a la utilización de expresiones que le generaran risas a él y a todos los que estaban presentes en la sala. Desde admitir que "debo ser el único jugador que se hizo la revisión médica sabiendo y ya habiendo comunicado que me iba de Boca", hasta el deseo de seguir ligado al fútbol "aunque sea de utilero". De esa manera, esa emoción que había dentro y que costaba digerir podía bajar de una forma más fácil.

En el detrás de sus imágenes, se apreciaba un golpe. Muchos querían tenerlo en el club. Nadie le sacaba la mirada: todos guardaban en sus retinas la última postal de la presencia de una figura estelar del viejo continente en el fútbol argentino. Cuando llegó el momento de que el presidente le entregara una plaqueta de reconocimiento por su paso, dirigentes y allegados al plantel aplaudieron fuerte su adiós. "Seguramente la gente me dejó más a mí que lo que le pude dejar yo a ellos", se sinceró el campeón del mundo 2006, consciente de que en la cancha no pudo mostrar demasiado, entre lesiones y el nivel de sus competidores (Marcone y Capaldo), que estuvieron por encima, según entendió Gustavo Alfaro en su momento.

Si bien él sentía que con la actual pretemporada podía ponerse a punto para dar pelea y estar dentro del campo, la familia tiró más: De Rossi confió que la decisión venía siendo meditada desde octubre, aunque la última visita a su familia para las fiestas fue letal.

Mirada al frente, con los ojos en las canchas que pisó en el Complejo Pompilio durante cinco meses (y que, una vez en Italia, extrañará) se fue caminando por el verde césped rumbo al vestuario. Daniele De Rossi ya es historia. Emocionado, se lleva a su tierra el cariño del hincha de Boca.

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