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De un lado, Marcelo Gallardo , del otro Rodolfo Arruabarrena . En la Bombonera, el jueves último se estrecharon en un abrazo, algo que seguramente se repetiría pasado mañana, en el Monumental, cuando, desde las 20.45, River y Boca definan quién es finalista de la Copa Sudamericana , tras el 0 a 0 de la ida. Entre ellos, hay muchas coincidencias: son técnicos jóvenes con experiencias en Europa como futbolistas, ambos debieron reemplazar en uno y otro equipo a dos próceres como Ramón Díaz y Carlos Bianchi , cosecharon buenos resultados en el primer semestre de ambos a cargo de los dos clubes más grandes del país, pese a que los dos pueden quedarse con las manos vacías en diciembre. Hay un detalle que también comparten los dos: en sus casas, sus esposas simpatizan con la contra. Alejandra, la mujer del Muñeco, es de Boca, mientras que Marisa, la del Vasco, de River.
21 de diciembre de 1997, al filo de las fiestas. La fiesta en realidad es en el estadio de Vélez. River acaba de empatar 1a 1 ante Argentinos Juniors y se consagra tricampeón del fútbol argentino de la mano de Ramón Díaz. Hay un joven, de 21 años, que lleva la camiseta Nº10. Celebra con los botines puestos, ya es más que una promesa en Núñez. Se trata de Marcelo Gallardo, quien, tras la ida del Burrito Ortega, tomó el legado, y da rienda suelta a su felicidad como protagonista principal. Pero el festejo no le dura mucho. Mientras sus compañeros dan la vuelta olímpica, él deja la cancha. Se entera que no le tocó el control antidoping y corre a las duchas del vestuario visitante del Amalfitani.
No era de River, sí, de Boca. Éramos novios, nos casamos, tuvimos hijos y me acompañó durante toda mi carrera, pero no cambió de cuadro
¿Por qué tanto apuro? Esa misma noche fue el casamiento del Muñeco. En Liniers, se subió a una ambulancia y, allí, se puso el traje para llegar impecable a la iglesia Nuestra Señora de Fátima en Martínez y, luego, ser protagonista de su propia fiesta en el salón Sance Souci, en San Isidro. Tres días antes, Gallardo se había casado por civil con Alejandra Larrosa, por entonces también de 21 años y su novia desde los 15. El cuerpo técnico de Ramón le dio esa noche libre y a la siguiente ya durmió otra vez con sus compañeros en el Monumental. "Ya estoy acostumbrada", decía en ese tiempo Alejandra. "Me hubiese gustado casarme de otra manera, con más tiempo para dedicarle a mi familia; pero esta era la única forma", retrucaba el Muñeco, a cuya fiesta pasó a saludar Carlos Menem, por entonces Presidente de la nación.

"Alejandra fue mi novia desde los 15 años y siento que el equilibrio emocional que me dio fue fundamental para construir la carrera que tuve", le contaba este año Gallardo a El Gráfico. Hay algo que el Muñeco nunca pudo cambiarle a su mujer, el fanatismo por Boca. "No era de River, sí, de Boca. Éramos novios, nos casamos, tuvimos hijos y me acompañó durante toda mi carrera, pero no cambió de cuadro. Empezó a simpatizar un poquito por mí nomás, pero nunca se hizo de River", reconoció el DT millonario en una entrevista con Sport890 de Uruguay, mientras dirigía a Nacional de Montevideo.
El Muñeco tuvo tres hijos con su mujer: Nahuel, el más grande, quien juega en las inferiores de River, es fanático de la banda, al igual que Santino, el más chico. Matías, el del medio, aún no está convencido. Hace un tiempo, circuló en las redes sociales una foto de Gallardo junto a su segundo hijo, quien está llevando una mochila con el escudo de Boca.
"Estaba trucada, porque el mejor amigo de Matías es de Boca y andan siempre juntos. Está indeciso: su padrino lo quiso hacer de Tigre, mi suegro es bostero e intentó hacer su trabajito y los hermanos lo vuelven loco con River. Matías tiene una personalidad especial y no se deja influenciar por nadie, entonces dice que no le rompan los huevos, pero tiene el corazón de River", explicó Gallardo. Otra forma de vivir el superclásico, de la puerta de casa para adentro.
Marisa Femenia era la rebelde de la familia. Mateo y Delfina, sus padres y fanáticos de San Lorenzo, nunca pudieron heredarle el amor por los colores. Desde chica, muchos años antes de elegir la carrera de profesora de educación física, ella se declaró hincha de River. Años después de esa decisión, ya recibida, se fue de la ciudad de Merlos en busca de una oportunidad laboral. No tuvo tanta suerte con ese objetivo, aunque sí descubrió otro gran amor: Rodolfo Arruabarrena.
Ella es de River, pero la plata viene a casa: así que es de Boca, jaja
"Nos conocimos cuando fui a pedir trabajo cerca de su casa y una amiga mía, que era novia de un amigo de él, me lo presentó. Salimos dos años y nos casamos", contó Marisa, en 1999, cuando el Vasco aún lucía la tres de Boca en su espalda. La mujer de Arruabarrena siguió fiel a los colores millonarios, aunque se dio varias licencias. "Ella es de River, pero la plata viene a casa: así que es de Boca, jaja. La realidad es que la familia es de River y San Lorenzo, pero hinchan por Boca", sostuvo Arruabarrena en una entrevista con el diario Olé, tras su llegada al banco xeneize.

Marisa es la madre de sus dos hijas y su mujer desde hace más de 15 años, aunque también ocupa el lugar de consejera, por decirlo suavemente. En una de sus primeras conferencias de prensa en Boca, el Vasco dio la formación del equipo con el nombre de pila de sus jugadores. La actitud del DT sorprendió a hinchas y a periodistas, que lo tomaron como una manera de acercarse al nuevo plantel. Sin embargo, ella no lo tomó nada bien y, cuando llegó a su casa, se lo hizo saber. "Mi mujer me cagó a pedos y tenía razón, pero me salió así", explicó Arruabarrena.
¿Mala suerte yo? En 2008, el Tigre de Arruabarrena peleaba el torneo contra Boca. En una distendida charla con un periodista del diario Olé, el Vasco "reveló" un arma secreta. "Voy a mandar a mi señora a ver algunos partidos de Boca... para que pierda. Ella mucha suerte no le da. Con tal de que ellos no ganen, le pago una semana en La Plata (los xeneizes jugaban en esa ciudad). Además, es hincha de River, así que lo va a hacer con gusto", sostuvo el entrenador. "Le voy a mandar un mensajito a Román (Riquelme) para felicitarle por su partido del otro día, pero espero que al final tenga que ser él el que me mande mensajes a mí. Igual les voy a mandar a mi mujer, así que...", agregó.
Arruabarrena jugó su último encuentro con Boca en las finales de la Copa Libertadores 2000. Cuando Martín Palermo le marcó los dos goles a Real Madrid, en la Copa Intercontinental, el Vasco ya era jugador de Villareal de España. Por eso, vivió ese partido como un hincha más, aunque algunos compromisos le impidieron ver los primeros minutos. Nunca olvidó aquella anécdota. "La casa está revolucionada. Yo llegue a los 15 minutos del primer tiempo y Marisa, mi mujer, y las nenas, Camila y Candela, estaban con la camiseta de Boca puesta. Fue una locura", recordó en una charla con el diario LA NACIÓN. Marisa tan rebelde no era. ¿O sí?


