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CÓRDOBA.– La decisión estaba tomada desde hacía unos cuántos días. Y no había posibilidad de que un triunfo o una derrota torcieran la voluntad de Eduardo Coudet : el del domingo ante Belgrano, y en el mismo lugar de la final de anoche, será su último partido como entrenador de Rosario Central. Es cierto que hubiera querido que el cierre fuese con el título de la Copa Argentina, pero su gestión le dejó a Central mucho más que un campeonato.
Tras la derrota ante River en la final de la Copa Argentina, el Chacho anunció que deja Central: "Ya hablé con los directivos y con los jugadores y decidí dar un paso al costado después de dos años muy buenos de trabajo en los que dí y recibí todo". Coudet fue el último en dejar el vestuario del estadio Mario Kempes ya entrada la madrugada. "Le pido disculpas a los hinchas de Central por no haber alcanzado el título en estas dos finales que perdimos, la del año pasado con Boca y ésta. Estoy dolido por eso", sentenció el DT.
Fueron dos años de una relación intensa. Chacho no es un técnico distante, que deje que el día a día del plantel le pase por el costado. Por eso anoche vivió con tanta intensidad el choque con River, porque más allá de su deseo por dejarle un trofeo al club, quería que sus jugadores tuviesen su premio. Es que Coudet se involucra emocionalmente a fondo con los jugadores, y así logró que lo siguieran siempre. Que le respondan, que le crean, que defiendan su idea, que adopten su método. Pero esa manera de ser tiene, del otro lado, la cara del desgaste. Más si el entrenador es también hincha: sin los desbordes de pasión que solía experimentar como jugador del club, Coudet no pudo despegarse del todo en esta etapa de su condición. O no quiso. Y por eso anoche sufrió como loco quedarse con las manos vacías.
El público canalla lo tiene en el altar y eso nada lo modificará. La caída de anoche por 4-3 en esta ciudad no lastimará jamás esa relación. Lo demuestra en cada partido en el Gigante de Arroyito y lo volvió a explicitar anoche en este estadio, cuando la noticia del adiós era un secreto completamente desinflado. Por eso cuando lo nombraron en los alto parlantes los hinchas rosarinos hicieron explotar la tribuna para reconocerlo.
Coudet no solo se ganó ese amor con sentido de pertenencia; lo hizo sobre todo haciendo germinar un equipo competitivo, que peleó un campeonato local, llegó también a la final de la Copa Argentina anterior y estuvo a un minuto de meterse en las semifinales de la Libertadores de este año. Incluso, anoche sintió que podía darse el sueño de ser campeón, lo tuvo ahí nomás, pero se le escurrió nuevamente entre los dedos.
Recién en este semestre hubo un bajón pronunciado: el equipo navega en la posición 26 del campeonato local, con solo dos triunfos en 13 partidos. Ya sin Alejandro Donatti, Marcelo Larrondo ni Franco Cervi en el plantel, al equipo le resultó difícil reconfigurarse. Incluso, el entrenador reconoció que no tenía tanta “nafta” para asumir dos competencias. Incluso a pesar de las nueve incorporaciones que Coudet pidió y le concedieron, con la bamboleante estrella de Teo Gutiérrez a la cabeza.
Pero, paralelamente, Central fue avanzando en la Copa que el año pasado se le negó en la inolvidable final ante Boca, en este mismo lugar. Pero aquello le quedó en la memoria no justamente por el juego, sino por lo polémica en torno al arbitraje de Diego Ceballos, por el despojo que sintió haber sufrido Central, por el daño que produjo perder como le había pasado también en la misma instancia en 2014 .
Ni los dirigentes ni los futbolistas del plantel se refirieron en las horas previas al partido contra River a la decisión de Coudet. Pero, en la vida íntima del club la novedad se instaló como una certeza en los últimos días. “La verdad es que Chacho puede hacer lo que quiera”, dijo ayer a la mañana Raúl Broglia, el presidente de Rosario Central, con un tono más de lamento que de real expectativa. El protagonista había evitado referirse a su situación: “Esta final es de los jugadores, ellos son lo importante”, había pateado la pelota a la tribuna en su última conferencia de prensa. Pero en su entorno, incluso, la decisión del jefe estaba asumida.
Ahora vendrá un nuevo tiempo, de descanso, análisis y vuelta a empezar; hasta hay una oferta de Peñarol de Montevideo dando vueltas. Pero es demasiado pronto para pensar en esas cuestiones, porque el dolor de esta nueva final perdida, no será fácil de digerir.
En todo caso, la salida de Chacho de Central dejará la puerta abierta para el reencuentro. Y, también, de algún modo lo acercará un paso más a River, un objetivo que el entrenador tiene trazado y nunca escondió. Porque el fútbol y la vida son circulares.



