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Es una idea diferente. Ni mejor ni peor, sólo distinta. Saludable por donde se la mire. En pleno ascenso. En el centro de la escena aparece UAI Urquiza, el club que acapara la atención de varios porque en cuatro temporadas consiguió dos ascensos y en la actual jugará por primera vez en la B. Es un nombre poco usual en el universo de la pelota, pero desde su concepción está signado, parece, a enseñar la otra cara de la moneda. En realidad, el verdadero éxito del proyecto que desde hace cuatro años llevan adelante, fusionados, la Universidad Abierta Interamericana y el Club Ferrocarril Urquiza, excede los logros deportivos.
Lo que los coloca en un plano diferente es lo que proponen, lo que les ofrecen a sus jugadores: calidad de vida y herramientas para su futuro. Desde la conducción del club y desde la Universidad, les abren un camino de posibilidades para que los futbolistas estudien, un valor incalculable para muchos de ellos. Es por eso que hoy tienen a seis de sus futbolistas cursando carreras universitarias y hasta ya cuentan con uno de los refuerzos preparado para terminar con sus estudios secundarios.
"En la primera charla que tenemos con los jugadores, cuando llegan al club, ya se les plantea qué quieren hacer con su futuro. Y uno se sorprende, porque hay chicos que no terminaron el secundario y cuando le ofrecés ayudarlo a terminar con sus estudios, se interesan. Una vez que firman contamos con gente que los guía y orienta para estudiar. Tenemos el caso de Emiliano Díaz, que terminó el secundario con nosotros y ahora está en la Universidad haciendo el profesorado de educación física". Las palabras brotan con naturalidad en Ricardo Pineda, que es vicepresidente de UAI y gerente administrativo de la Universidad, que integra la red de instituciones Vanguardia Educativa (Vaneduc). Él, junto con Rodolfo De Vicenzi, presidente del club y rector de la Universidad, hablan con una pasión que contagia. Así, logran que sus jugadores entiendan que la vida del futbolista no es un cuento de hadas.
"¿Cuál es la película de los chicos? Juegan bien a la pelota en la primaria y entran en un club. Por lo general, salen de hogares muy humildes. A los 14 años, tal vez ya están jugando con un sueldo; a los 16 o 17 ya cobran más que sus padres... Viven el electrocardiograma de los medios de comunicación, que los elevan o los tiran abajo. Y un adolescente no está preparado para esa vida. Tampoco para ser un sostén de familia y para todo lo que implica estar en un contexto diferente. Y el pibe dice: «Yo quiero las zapatillas, quiero el reloj, quiero el auto y hasta el departamento» ¿Y después? Si no fue Messi, se acabó. Y si no hizo otra cosa más que patear una pelota y el físico ya no le permite una alternativa se frustra cuando ve que ya no sabe qué hacer para continuar con su vida laboral. Ahí comienzan los problemas. Bueno, nosotros queremos darle una herramienta más para su futuro", dice De Vicenzi.
Pero no es casual lo que sucede; en este momento son varios los muchachos que jugarán por primera vez en la B defendiendo la camiseta de la UAI Urquiza y que aceptaron el desafío de llevar adelante su vida como futbolistas y como estudiantes. El ejemplo de ello es el subcapitán del equipo, César Rodríguez, que está en el club desde que comenzó el proyecto en 2009; logró los dos ascensos, y a los 32 años está haciendo el curso de entrenador en la Escuela de Directores Técnicos Nicolás Avellaneda. "La verdad es que para mí estudiar es muy importante. Encontré una carrera vinculada con el fútbol que me ayuda a tener la cabeza concentrada. No es fácil encontrar un club que te dé las posibilidades de estudiar. Y el entrenador es importante, porque yo tuve, durante la pretemporada, una semana completa de exámenes, y él (Cristian Aldirico, el DT) me dejó salir para ir a rendir y después volver a la concentración".
Cada uno de los elementos que componen esta historia está comprometido con una idea que pretende tener deportistas y futbolistas más y mejor preparados para el día en el que una pelota deja de ser el centro de atención. "Yo jugué toda mi vida en el ascenso. Sé muy bien lo que es encontrarse sin un Norte cuando termina la carrera de futbolista. Sin herramientas como para poder defenderse. Porque en el ascenso, los que jugamos siempre en esas categorías sabemos que si no tenés qué hacer o no sabés cómo defenderte, es complicado", explica Aldirico, el entrenador de la UAI Urquiza.
Cada una de las carreras de la Universidad se las integra al deporte. Los kinesiólogos y los preparadores físicos del plantel son egresados de la institución (Marcelo Espagnuolo y Eduardo Rossi, respectivamente). La carrera de arquitectura está trabajando en el proyecto de lo que va a ser el campo de deportes y el futuro estadio. La facultad de nutrición se desarrolla sobre la mejor alimentación de los jugadores. Y existe un proyecto para que se profundice en la investigación deportiva.
No es una obligación estudiar, pero ante el resultado obtenido por otros estudiantes que, becados por la universidad, concluyeron sus estudios, se aceleró el proceso de viralización. Y por eso, del plantel actual, los defensores Darío Duete y Cristian González, ambos de 27 años, ya cursan el 2° año del profesorado de educación física; el volante Emiliano Díaz, también de 27, está en el 1er año de la misma carrera. Uno de los arqueros, Ignacio Pietrobueno, de 22, emprende el 2° año de la carrera de martillero público, mientras que Ezequiel Porto, de 24, realiza la licenciatura de diseño gráfico. Y de los refuerzos para jugar en la B, Lionel Spíndola, de 22, se decidió a terminar con el secundario. "Soy de La Plata y cuando firmé el contrato me comentaron de este proyecto que tienen desde hace varios años. Les comenté que quería terminar el secundario y me ayudaron con los trámites para poder comenzar cuanto antes. Yo no sabía lo que ellos proponían, pero ahora que llegué me doy cuenta de lo importante que es esto. En Boca, donde hice las inferiores, te sugieren terminar los estudios, pero es difícil encontrar una estructura armada para hacerlo. Acá está todo pensado para que podamos tener los espacios para estudiar".
Desde la Universidad entendieron que un futbolista se desarrolla mejor en el deporte cuando puede estudiar. Aldirico asegura que el ambiente en el vestuario es diferente cuando tiene a muchos chicos concentrados en otras cosas y no sólo en el fútbol. "Cuando llegan a la cuarta división les proponemos que, al menos, hagan un curso de chef. No queremos que lleguen a los 30 o 33 años, se encuentren sin el físico para seguir jugando y además no tengan una profesión para seguir adelante. Además, cuando estudian, comprenden mejor cada situación del juego. Nosotros hacemos muchos trabajos cognitivos y advertimos que la comprensión de situaciones determinadas es más alta cuando el jugador tiene un intelecto más desarrollado", comentó Aldirico.
No se trata de dinero, porque el equipo comenzó en la primera D con un presupuesto mensual para el fútbol de 38.100 pesos. No tiene que ver con una idea imposible de practicar. La UAI Urquiza, en silencio, trabaja para crecer y sin hacer demasiado ruido está escalando posiciones. No se trata de sólo una pelota. Los integrantes de ese proyecto entienden que hay mucho más por hacer. En ascenso permanente, con y sin un balón.
Las posibilidades de estudiar no se terminan para los jugadores una vez que dejan el club. Desde la Universidad entienden que es importante la finalización del proceso educativo y, por eso, les mantienen las becas a los futbolistas que han dejado la institución, ya sea por transferencias o porque se les terminó la carrera deportiva. El arquero Federico Scurnik, capitán del plantel que logró el ascenso a la C en la temporada 2009/10, se fue en 2011 a San Martín de Burzaco y continuó con sus estudios; se recibió de Psicólogo Social y posteriormente realizó la Diplomatura en Psicología en el Deporte en la UIA y hasta la tesis, que se basó en la observación y el análisis sobre los chicos de la sexta división del club. También Jorge Pisapia, cuando emigró a San Martín de Burzaco en 2010, conservó la beca de la UAI para terminar sus estudios de kinesiología. Y hasta Ezequiel Porto, que regresó al club, cuando se fue a Tristán Suárez en 2011 continuó con su beca para concluir la licenciatura en diseño gráfico. El arquero había comenzado sus estudios en la Universidad de Buenos Aires.
El ascenso a la primera B Metropolitana es un orgullo para todos los integrantes del proyecto, pero también implica un desafío más importante. Si bien todos están felices porque desde 2009 ya se lograron dos ascensos, ahora todo será más exigente. No sólo desde lo económico, que es completamente diferente al presupuesto que tenía el club en sus comienzos (de todas maneras es uno de los más bajos de la categoría), sino desde las situaciones de juego y las extradeportivas. "Vamos a sufrir en la B. No quiero decir que nos vaya a ir mal, nada de eso. Pero lo real es que tenemos un plantel que, en su mayoría, nunca jugó en la B. Eso implica muchas cosas nuevas, estadios más grandes, mucha gente, tentaciones diferentes. Otros clubes van a querer tentarlos para llevarlos. Si bien conformamos planteles mirando bien el perfil de cada futbolista, no es lo mismo jugar en la B", dijo Cristian Aldirico.
El plantel de la UAI ya sumó 10 refuerzos, y su entrenador sabe lo que implica jugar en la B: "Nos vamos a encontrar en un plano diferente, con la misma organización que el resto".




