El gol que no fue y que pudo haber cambiado la historia del Mundial '78

Rensenbrink, a cuatro décadas de aquella situación de gol que casi cambia la historia
Rensenbrink, a cuatro décadas de aquella situación de gol que casi cambia la historia
Pablo Vignone
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24 de junio de 2018  • 23:59

Ocurrió en la final del Mundial 1978, hace 40 años. La selección argentina se había puesto en ventaja con un gol de Mario Kempes a los 37 minutos, pero Holanda empató faltando nueve minutos para el cierre del partido. No estaban previstos los penales: en caso de empate tras el alargue, habría un desempate el martes 27 de junio. Pero la final estuvo muy cerca de no ir a alargue, si aquella pelota postrera del wing holandés Robert Rensenbrink no pega en el palo…

Uno de los mejores jugadores de aquel seleccionado europeo, Arie Haan, sacó una falta con un largo pelotazo para Rensenbrink, el goleador de Holanda en esa Copa del Mundo . Confiado, su marcador, Jorge Olguín, la dejó picar: el atacante naranja apareció por detrás suyo para rematar al arco. Se jugaban ya 14 segundos de descuento.

El desesperado achique de Ubaldo Fillol no alcanza a tapar el remate, la pelota supera su esfuerzo mientras el arquero choca con el delantero. Ese choque es el preludio de otro mucho más decisivo: la pelota da contra el palo derecho del arco argentino. Américo Gallego la rechaza en el área chica: "Estaba muy desesperado, la quise despejar con tanta fuerza que le terminé pegando con la canilla y la mandé a la tribuna. Enseguida terminó el partido".

Si la pelota hubiese entrado, Holanda habría ganado 2-1, adueñándose del título del mundo. Imposible imaginar hoy qué hubiera ocurrido como consecuencia, en el fútbol y en el país.

Sin embargo, según el responsable, ése era un gol imposible de anotar.

"No fue una chance de gol. Apenas si pude estrellarla en el palo. La pelota estaba casi en la línea de gol, no tenía espacio para nada. No tenía oportunidad de controlar la pelota y maniobrar, había un defensor delante de mí, yo tenía que patear de primera. El arquero dejó un hueco muy pequeño. A veces pienso que habría sido mejor para mí que la pelota hubiera salido directamente. Entonces la gente no me preguntaría por la jugada. Si hubiera sido una gran chance, todavía estaría sufriendo por eso, pero realmente era imposible anotar...". Rensenbrink explicó así la jugada a pedido del británico David Winner, autor del libro Naranja brillante. "Si hubiera entrado, habríamos sido campeones del mundo, en la Argentina. Pero habría sido difícil volver al hotel, un poquito peligroso. Aun después de perder, había miles de personas cantándonos afuera de nuestro hotel."

El delantero no tenía ángulo para introducir la pelota en el arco argentino. En caso de convertir, se habría coronado goleador del Mundial, con seis tantos, uno más que Mario Kempes, que hasta ahí solo había marcado cinco tantos. En aquel torneo había marcado el gol número 1000 de la historia de los mundiales, de penal contra Escocia.

Según el capitán de aquel equipo holandés, Ruud Krol, "si Robbie se hubiera tomado un tiempo más, podría haber convertido, porque como (Marco) Van Basten después o George Best, era una persona que podía marcar goles increíbles desde ángulos técnicamente imposibles. No volví a ver la jugada muchas veces, pero si se hubiera acomodado más hacia adentro... Tuvimos mala suerte: ¡dos finales consecutivas contra los dueños de casa! No pasó nunca, ni antes ni después", le confió a Wimmer.

Kempes corroboró la opinión de Rensenbrink: "Sólo con un efecto impresionante esa pelota hubiera podido entrar, porque el Pato [Fillol] salió rápido a taparle el ángulo del remate".

Fillol se enteró de esa admisión de Rensenbrink mucho más tarde, cuando este cronista se lo contó en una entrevista para un libro sobre los partidos más trascendentes de la Selección Argentina en los Mundiales.

"Está bueno que lo diga un holandés, que admita que no podía ser gol", se alegró el exarquero. "Ahí hubo un error, porque Olguín venía cubriendo a Rensenbrink y yo pensaba que me la iba a pasar: en ese momento el reglamento no impedía el pase al arquero. Jorge dudó, ahí salgo yo y Rensenbrink mete la punta de su botín. Lo tapo bien, le tapo todo el arco... Pero si perdíamos, no teníamos nada para reprocharnos, absolutamente nada, porque la entrega fue total."

La selección no perdió, terminó ganando 3-1 aquella final y sus campeones celebran hoy los 40 años de aquella conquista. Rensenbrink, a los 70, vive en Oostzaan, al norte de Holanda; en 2015 se le diagnosticó una atrofia muscular progresiva.

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