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"Salen los chorizos dietéticos del campeón", vociferaba, cuchillo en mano, un vendedor sobre la calle Alsina. El clima optimista permite la humorada, da licencia para la abundancia de sonrisas. Se camina entre un mar de gente, entre un tráfico que no avanza. Falta una hora para el comienzo del encuentro y Avellaneda se paraliza por el paso triunfal de uno de sus dos hijos dilectos. Independiente vive su fiesta, disfruta de su presente y no se fija en la ciclotimia de un clima que mezcla sol, nubes y lluvia.
Los hinchas llegan a raudales y se acomodan donde pueden. Algunas innovan y optan por alojarse en la tribuna visitante. La gran demanda obligó a habilitar ese lugar para los locales, por lo que el puñado de santafecinos que llegó hasta el estadio de la doble visera se ubicó en un codo. Y las llenan.
Desbordan confianza. Todos. Hasta los jugadores, que una hora antes había arribado a bordo del ómnibus con una bandera que rezaba "Dale campeón" y en medio de un clima de comparsa. Sí, todas las manos de los futbolistas comparten un bombo y el defensor Matías Villavicencio pone el resto desde un redoblante.
Ya en la cancha, de los altavoces se escucha una melodía de los Rolling Stones. "Simpatía por el diablo", canta Mick Jagger, y las casi 45.000 almas diablas de Avellaneda aplauden a rabiar. Seducen las Diablitas, ya una exquisita marca registrada, que despierta un canto unánime: "Que de la mano de las Diablitas todos la vuelta vamos a dar".
Hay aliento constante, un estallido movilizador con la estocada de Pusineri y una dedicatoria para el periodismo y las suspicacias sobre los supuestos arbitrajes complacientes con el Rojo.
El segundo tiempo transcurre entre picos de emoción que hacen temblar los cimientos y pozos de silencio por algún peligroso acercamiento de Unión. Como esa pelota aérea que Leo Díaz saco al córner y que congeló los corazones. Esta vez, en la cancha no aparecen los vistosos. Por eso el respaldo, las ovaciones, son premios exclusivos para los gladiadores, los que se lucen luchando cada pelota como si fuera la última. No extraña, entonces, que los monopolizadores de aplausos sean Franco, Milito (una costumbre a esta altura) y Castagno Suárez.
Pero nada puede aguar los festejos. Y los fuegos artificiales aparecen desde lo alto de la visera, de manera anticipada, mientras en la cancha todavía se consumen las últimas acciones del encuentro.
Los hinchas se abrazan, proyectan, sueñan con el momento del festejo definitivo, sin tener que esperar cuestiones matemáticas. Planean el punto de encuentro para alzar las copas y gritar campeón. Mientras tanto, la noche sigue encendida. Parece construida a la medida exacta de Independiente.
El interrogante para el próximo partido del Rojo, ante Banfield, es el escenario. Los dirigentes de Independiente propusieron jugar en Vélez, pero los del Taladro ofertaron Huracán. El Rojo aceptaría esta posición si le dan las comodidades del local, por una cuestión de convocatoria.
Cuando terminó el partido, Fernando Ortiz y Rubén Capria salieron corriendo hasta donde se encontraba el árbitro Oscar Sequeira, a quien le recriminaron duramente su actuación. Incluso, se empujaron con el asistente Darío García.
Ya en los vestuarios, ni Ortiz ni Capria hablaron, pero sí lo hizo Silva Pro: "Entendemos que el árbitro fue bastante permisivo con Independiente y que hizo la vista gorda en algunas jugadas. Ahora estamos obligados a ganar para levantar el ánimo", señaló.
Norberto Fernández afirmó: "Anímicamente estamos muy mal. No entiendo por qué el equipo no puede levantar cabeza. Necesitamos hacerlo contra Central, porque es un rival directo en el tema del descenso. Estamos pasando una dura racha en los resultados".
Es probable que Independiente haga una gira por México una vez finalizado el torneo Apertura. En ese país, el equipo de Avellaneda jugaría dos amistosos, uno de ellos ante Monterrey, partido en el que estarán frente a frente con Daniel Passarella, DT del conjunto mexicano. Después efectuará una la serie de partidos en Costa Rica y Venezuela.
Independiente aún no lo confirmó, pero está todo dado para que efecúe la pretemporada de enero en Mar del Plata. En esa ciudad jugará tres de los partidos de verano, además de uno en Mendoza y uno en Neuquén.
Antes del partido, Fernando González, secretario de prensa de Independiente, junto con directivos de la firma Alpargatas le entregaron una plaqueta al tenista Gastón Gaudio, reconocido fanático del Rojo, por el buen desempeño que tuvo esta temporada.
Los hinchas de Independiente no dejaron pasar un detalle cuando vieron en la cancha a Rubén Capria: el volante de Unión tuvo un recordado paso por Racing. Por esa razón fue hostigado (con insultos y silbidos) cada vez que tomó contacto con la pelota.

