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Javier Mercado escucha lo que su hijo le cuenta por teléfono: que hay un amigo en River, un empleado que cada vez que se lo cruza le grita "vamos, Gabi Alves, eh", y se mata de la risa. Él, que es hincha de San Lorenzo, que cuando el nene jugaba en J. J. Moeno de Puerto Madryn o en las Inferiores de Racing le pedía que la moviera como el brasileño Silas, se mata de la risa, nomás. La explicación de aquel pedido era geográfica, además de pasional: Gabriel Mercado jugaba de 10. A veces de 9, a veces de 10, lo que significa que el lateral de River apela seguido a la furiosa memoria corporal. "Era como Batistuta, un animal", se acuerda Javier Mercado, el papá del lateral de la Selección, charlando con canchallena. Culpable del 2-1 a Chile que devolvió al seleccionado a los primeros cincos puestos de las Eliminatorias al Mundial, Mercado II también le había escrito por whatsapp a su papá: "Hoy ganamos; acá estoy, tranqui, tomando mate con el Leo". Con el Leo hicieron también la coreografía de su primer gol en la Selección.
Después de haber metido dos goles en la Sudamericana 2014 –uno en la final– y otros dos en la Libertadores 2015 –uno en la semifinal–, Gabriel Mercado explicó en una nota que le concedió a El Gráfico cómo es nadar en el área, el sigilo que antecede al huracán: "Muchos piensan dónde va a caer la pelota y no se fijan tanto en el rebote, yo miro ambas cosas y trato de adelantarme a eso para aprovechar el rebote o el cabezazo de un compañero". Algo así hizo en Santiago, y algo peor había hecho cuando jugaba al baby en Puerto Madryn, porque es obvio que cada jugador que llegó a Primera ha tenido su día messiánico, de fútbol total. Su equipo, J. J. Moreno, recibía a Escuela de Comercio. El resultado, cosa de chicos: ganó 15-1 el equipo de Mercado. La anécdota, cosa de un grande: 13 goles fueron de él.
"Después de eso hubo un par de partidos en los que no querían dejarlo jugar, nos pedían el documento, que no era de la categoría, nos decían", cuenta el papá del lateral, que nació en el 87, como Lionel. El pasado de los jugadores es la primera explicación para entender su superación, la inteligencia y la paciencia que tienen para aprender. Ramiro Funes Mori jugaba de 5, Roncaglia de 7 (compañero de Messi en Newell’s), Gonzalo Higuaín era 10. Mascherano, que siempre fue 5, ha contado en las primeras entrevistas que le hicieron en su carrera que "no sabía marcar". El defensor piernas de tijera, en cambio, jugaba de 9 pero usaba la 10, y en ese puesto se probó cuando llegó a Racing. Entonces pateaba tiros libres, los penales: una mezcla de Batistuta con Hulk. "Hay que mirar la pelota, darte cuenta lo más rápido posible si el que te marca te agarra o si con un simple movimiento te pierde un poco", dice hoy, a los 29 años, a cuatro días de jugar ante Bolivia su cuarto partido con la Mayor.
De mirar a Zanetti a mirar a Dani Alves, de haber debutado en la Selección con Maradona, el 10 de febrero de 2010, con Mariano Echeverría, Leonel Galeano, Walter Acevedo y Patricio Toranzo de compañeros, en un 2-1 a Jamaica, a cerrarse con Otamendi en la zaga o pasarle a Di María y Messi para que descarguen con él. "Había una sensación rara, los chilenos creían que iba a ser un trámite", le contó también, antes del 2-1, a su papá. Lo que los chilenos no creían era que al final de la noche iban a tener que preguntar quién era ése, el 4, Mercado, sí, el pibe al que apenas llegó a Buenos Aires lo apodaron La Orca y tenía un silencioso pasado de goleador.
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