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Lionel Messi anunció su retiro de la selección argentina. La noticia sorprendió a todos este lunes, no tanto porque él no fuera dando indicios durante este último tiempo, sino porque -desde la perspectiva mundial- este día todavía estaba lejos de concretarse. Pero se consumó y ahora todo lo que haya hecho será pasado y, al mismo tiempo, futuro, porque su legado será eterno.
¿Cuál es el legado que Messi deja en la selección? Más allá de los títulos, más allá de los goles, más allá de las asistencias, más allá de los récords... Su legado, desde lo deportivo, es haber logrado ser campeón del mundo cuando él mismo llegó a pensar que era imposible, y dejar una sonrisa en niños que lo tomaron como referente dentro y fuera de la cancha. Messi, sobre todo en los últimos años, logró la unanimidad, consiguió unir a los argentinos en un solo grito y en calles inundadas de personas que salieron a festejar que eran felices.
Logró el abrazo de desconocidos, que gente retomara diálogos que estaban olvidados. Si su primera decisión tomada con el corazón fue haber elegido jugar para la Argentina cuando España ya lo tentaba, la última fue haber jugado -como lo hizo- la final del Mundial 2026, sin decir una palabra y al mismo tiempo diciéndolo todo, porque jugaba con el dolor de un padre que se estaba muriendo.

“Les juro que siempre dejé todo, no solo los últimos años que se ganó todo, antes también; y siempre peleé y me dejé todo por esta camiseta, por darles alegrías y hacer que se sientan orgullosos de ser argentinos a través del fútbol”, dice una carta que escribió de puño y letra y publicó en sus redes sociales. Y acá está uno de los puntos: Messi, que en durante años había generado enojos y frustraciones porque nada de lo que conseguía brillar en Barcelona era trasladable a la selección, consiguió la mejor vuelta olímpica de todas: que Messi le diga al propio Messi que todavía era posible, que no debía bajar los brazos. Las renuncias a la selección tuvieron volantazos a tiempo decididos por el propio 10.
La última fue con Scaloni y Aimar caminando por las playas de Valencia. Esa charla por zoom comenzó a darle la caricia que necesitaba para terminar de relanzarse y encontrar el ansiado desquite. Ahí volvió, se sintió uno más, y ganó cuatro títulos con la selección mayor: Copa América 2021 y 2024, el Mundial 2022 y la Finalíssima ante Italia en 2022. Tras tocar el cielo con las manos, casi lo logra de nuevo en el último Mundial. Se trata de el final de una era.
Logró que sea posible estar sentado en un túnel de un estadio con su amigo Neymar, luego de una final que la Argentina le había ganado a Brasil. Logró mostrar que la convivencia era posible, por más que siempre haya un vencedor y un vencido, por más que en el campo de juego sean archirrivales. Logró ser uno más en las entradas en calor de la selección del ciclo Scaloni, cuando el preparador físico también lo incluía en las flexiones de brazos como multa por perder en un ejercicio con la pelota, quizás ahí quienes después fueron campeones del mundo con él lo empezaron a bajar del póster. Messi y la pelota, siempre con la pelota, su gran aliada, a la altura de su influencia familiar.

De aquel tiro libre en la cancha de Colón de Santa Fe que se fue a la tribuna y generó silbidos en la Copa América 2011 al llanto que soltó siendo campeón del mundo y rompiendo barreras que ni él estaba convencido de que eran posibles. Eso también lo consiguió en equipo, gracias al aporte de Scaloni y su cuerpo técnico, también con amigos dentro de la selección como Rodrigo De Paul o Leandro Paredes, que supieron arroparlo en los últimos años para que ya no todos lo vean a él desde el póster, sino desde el número 10 que estaba en condiciones de ganar partidos, pero que solo no podía. O no iba a poder.
Y ese es otro legado que le deja a la humanidad: podrá ser el mejor jugador de todos los tiempos, pero no lo hubiera conseguido en soledad. A cada gran asistencia necesitaba que un compañero la transforme en gol, a cada gran caño debía darle continuidad de una situación de riesgo, a cada gol le debía también su propia impronta peros sobre todo un compañero que le devuelva la pelota: hacia atrás y hacia la zona de la medialuna, si el centro venía desde la izquierda. Si su último partido fue ante España, en la final, su última obra la protagonizó poniendo de rodillas a Inglaterra.
En algún momento se enojó y potenció su personalidad discutiendo con los rivales y el árbitro, subiendo el tono en las protestas. Cuando no le salían las cosas seguramente cometió errores en el juego, o en la toma de decisiones, que lo hacían ir a un terreno individual, quizás las situaciones adversas lo llevaban a querer ganar el partido solo cuando la atmósfera todavía no estaba alineada. Ese peso pudo ser insoportable, hasta que vino un cuerpo técnico que le devolvió la estructura para brillar sin ir mucho más allá que ser él mismo. Quizás Messi sentía la presión de demostrar ser el mejor y terminó demostrándolo (casi con naturalidad) cuando más se abrió a que los demás lo hagan mejor.
Otro legado de Messi: dejarle en claro a los chicos que los mejores también tienen cosas que aprender. También pueden superarse. Messi lo hizo desde la comprensión del juego, desde su cambio de posiciones (primero falso wing derecho, luego 9, después jugador total), desde su adaptación también a las características de los jugadores que lo rodeaban, desde la ejecución de los tiros libres, como empezó a perfeccionar desde la mirada de Diego Maradona en los entrenamientos, en los Juegos Olímpicos 2008, donde consiguió el oro en China dirigido por Sergio Batista y jugando con Juan Román Riquelme, Fernando Gago y Javier Mascherano, entre otros.
Y su último acto de amor para la selección fue dejar sentado el legado que vio y conoce con respecto a los futbolistas que vienen, con los que ya compartió la cancha y proyecta como sus herederos. Messi anunció su retiro de la selección argentina. Desde hoy vuelve al póster.



