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Ya no luce aquel famoso flequillo oxigenado ni tampoco un platinado furioso en su cabeza; unos cuantos mechones rubios se mezclan en su cabellera. No festeja los goles arrojándose contra los carteles de publicidad, bajándose los pantalones o simulando ser una bailarina. Ahora sólo aprieta los puños con furia y levanta sus largos brazos agradeciendo el endulzante estímulo de las tribunas; también tiene temor de ser amonestado por algún gesto exagerado. No posee aspecto de loco; fuera del campo de juego habla con serenidad, demora unos segundos pensando las respuestas. Le costó encontrar su lugar en un conjunto que es irregular, aunque puntero del Apertura; esta versión de Martín Palermo es distinta, pero parece encaminarse a ser tan efectiva como la del primer paso por el club. Es el arma que tiene Boca para vencer, cuando Carlos Tevez se encapricha y pierde la solidaridad.
Se nota que la fama lo irrita un poco, aunque jamás ahorrará sonrisas frente a sus admiradores. "Yo lo único que quiero es estar tranquilo con mi familia y mis hijos (Ryduan y Aline), por eso no me gusta contar mi vida privada. Me gusta disfrutar de mi privacidad, aunque no me molesta que me pidan autógrafos. Soy una persona pública y sé lo que significa", cuenta el N° 9, cuyo puesto favorito en sus épocas de niño era el de arquero, porque "seguía los pasos" de su hermano, que atajaba en la inferiores de Estudiantes.
Las cosas no fueron sencillas en la carrera del jugador nacido en La Plata, que el 7 del próximo mes cumplirá 31 años. Su voracidad goleadora creció poco a poco. Incluso, aunque llegó a Boca con cinco temporadas de experiencia en la primera de Estudiantes, su adaptación al club de la Ribera fue muy difícil; muchos dudaron de su capacidad. Pero luego de marcar el primer tanto, el 30 de septiembre de 1997 ante Independiente, comenzó a demostrar que no estaba dispuesto a pasar inadvertido en Boca. "De chico, cuando era alcanzapelotas, nunca imaginé que podía llegar adonde llegué y lograr tantos títulos", confiesa el artillero, de 1,88 metros y 83 kilos.
Las personas que lo conocen interiormente aseguran que Palermo está más maduro y reflexivo. Y el propio jugador lo reconoce: "Hubo cosas que sucedieron que me hicieron sentar un poco más cabeza y darles prioridad a otras cosas. Sufrí muchas cosas difíciles en España que me hicieron recapacitar y madurar. Estoy más medido. Uno tiene que afrontar los golpes que te pega la vida con serenidad y eso lo valoré. Te hacen afrontar la vida de otra manera". Los golpes a los que se refiere Palermo fueron muy graves. El primero, la salud de su novia, Lorena, que fue operada de un aneurisma cerebral y afortunadamente se recuperó con rapidez. Y el otro, la doble fractura de tibia y peroné que padeció cuando cedió una tribuna y se le cayó encima de la pierna derecha.
Tras participar en equipos españoles modestos, donde le pasaban muy poco la pelota, Martín recuperó la trascendencia y el aura que supo ganarse en épocas doradas... "Gracias a Dios, estoy convirtiendo goles, que me sirven para sentirme bien -dice-. Yo vivo de los goles, me dan respiro. Estamos en una etapa de transición, hay que formar el equipo y encontrar el sistema que Miguel pretende. Personalmente, me siento confiado a la hora de hacer algún pase de larga distancia y patear desde lejos. Pero creo que hay muchas cosas que debemos mejorar en este receso, porque no encontramos la regularidad que queremos."
El futbolista, que 18 veces hizo dos goles en un mismo partido jugando para Boca, sorprende al reconocer que disfrutó poco su gloria xeneize: "Creo que no pude festejar todo lo que logré en Boca en mi anterior ciclo porque me vino todo de golpe y me fui a Europa. Lo que logré en Boca no cualquiera lo puede conseguir. Por esa dinámica que tiene el club y la gente, todo pasa demasiado rápido y no lo pude disfrutar. Y mi vida privada fue a la par de los triunfos, por eso ahora quiero parar la pelota y pensar más. El destino me volvió a unir a Boca y estoy muy agradecido, estoy muy feliz".
Martín afirma no sentirse presionado ni con mayor responsabilidad que sus compañeros. "En el grupo todos tiramos para adelante porque queremos que Boca se mantenga en el primer nivel mundial. Estamos obligados a ser campeones."
En su nueva costumbre de asombrar con sus manifestaciones, Palermo reconoció que luego del retiro le gustaría reunir la valentía para ser automovilista: "Me gustaría ser técnico de fútbol, pero también tengo ganas de vivir esa adrenalina de subirme a un coche y poder correr en Turismo Carretera. Con el tiempo fui conociendo bastante gente y me metí en el mundo del automovilismo. Pienso que después del fútbol es el deporte que la gente vive con más pasión".
Es el mismo, pero diferente. Mira su mundo desde otro peldaño; está en paz y contento. Aunque muy lejos de perder el apetito goleador que entusiasma a todo Boca...
120
son los goles que Palermo convirtió en sus 199 partidos por campeonatos locales: 34 en Estudiantes y 86 en Boca. Alcanzó a Esteban González y a Arturo Naón en el 50° lugar en la tabla histórica de goleadores profesionales.
161
son los goles que posee en su carrera: 36 en Estudiantes, 97 en Boca, 21 en Villarreal, 2 en Betis, 2 en Alavés y 3 en el seleccionado.
6
son los títulos que logró: torneo de la Primera Nacional B 1995, con Estudiantes; Apertura 98, Clausura 99, Apertura 2000, Copa Libertadores 2000 y Copa Europeo-Sudamericana 2000, todos con Boca.



